lunes, 12 de enero de 2026

LLEGAR A VIEJO


 


He cerrado bien fuerte todo contacto con quienes nada bueno tienen qué aportar a la vida. Con el pasar de los años, las personas se deterioran y pierden la razón, ante ello no puedo hacer nada, sólo estar presente e ignorar, guardar silencio y hacer como si nada hubiera pasado.

Los años nunca representaron sabiduría en la vejez, es triste decirlo, pero en la decrepitud, no hay sabiduría, sólo deseos de practicar el mal y, un mal uso de todos los conocimientos de vida, para aplicar la experiencia con el fin de ocasionar daño, inclusive a quienes podrían cuidarles. Esa debe ser una fuerte razón para que los adultos mayores estén en asilos, abandonados por sus hijos, no porque sean una carga, sino porque la maldad que llevan por dentro es insoportable. No desean que nadie sea feliz, si es que ellos no lo son, por verse viejos, acabados y, sin la juventud que inevitablemente ya han perdido. Algunos hijos optaron por mandar a sus padres a psiquiátricos cuando éstos fueron muy infames o malvados, no precisamente porque sus padres fueran locos, sino porque sus conductas sobrepasaban los límites de la maldad.

En mi caso, soy indiferente, paso de largo, cumplo con mis deberes y cierro mis oídos y ojos, me he entregado de lleno durante 6 años y sólo he hallado falta de humanidad, palabras exhortadas al aire, sin haber sido escuchado, sin haber sido considerado, sólo usado para ser compañía de quien muy egoístamente disfruta en torturarme sin percatar que afuera, el mundo es una mierda y, si se le hubiera abandonado, habría muerto dentro de la peor de las maldiciones posibles que pueda arrastrar cualquier adulto mayor. Este es un escrito que hace un llamado a quienes aún siguen siendo cuidados por sus hijos, ya que la mayoría los envió a asilos o psiquiátricos a llorar su mala suerte. Si cuentan con un ser querido que les cuida y protege, no sean como la persona a quien cuido las 24 horas y sólo me ofrece lo peor que pueda tener ella, dentro de su ser, si es que me he quedado sin vida y libertad, si esa persona sabe que soy bueno e incapaz de hacer lo que otras personas han hecho con adultos mayores que sólo saben practicar el mal. Lo dejo en sus reflexiones, por mi parte, no seré igual que esa persona, haré como que no escucho nada, tomaré más calmantes cuando empiece a torturarme, escribiré para no pensar que me quedé sin vida y, cumpliré mi labor por ser humano, por saber que el mundo es una mierda, incluyendo a la persona a quien cuido.



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