He cerrado bien fuerte todo contacto
con quienes nada bueno tienen qué aportar a la vida. Con el pasar de los años,
las personas se deterioran y pierden la razón, ante ello no puedo hacer nada,
sólo estar presente e ignorar, guardar silencio y hacer como si nada hubiera
pasado.
Los años nunca representaron
sabiduría en la vejez, es triste decirlo, pero en la decrepitud, no hay
sabiduría, sólo deseos de practicar el mal y, un mal uso de todos los
conocimientos de vida, para aplicar la experiencia con el fin de ocasionar
daño, inclusive a quienes podrían cuidarles. Esa debe ser una fuerte razón para
que los adultos mayores estén en asilos, abandonados por sus hijos, no porque
sean una carga, sino porque la maldad que llevan por dentro es insoportable. No
desean que nadie sea feliz, si es que ellos no lo son, por verse viejos,
acabados y, sin la juventud que inevitablemente ya han perdido. Algunos hijos
optaron por mandar a sus padres a psiquiátricos cuando éstos fueron muy infames
o malvados, no precisamente porque sus padres fueran locos, sino porque sus
conductas sobrepasaban los límites de la maldad.
En mi caso, soy indiferente, paso de
largo, cumplo con mis deberes y cierro mis oídos y ojos, me he entregado de
lleno durante 6 años y sólo he hallado falta de humanidad, palabras exhortadas
al aire, sin haber sido escuchado, sin haber sido considerado, sólo usado para
ser compañía de quien muy egoístamente disfruta en torturarme sin percatar que
afuera, el mundo es una mierda y, si se le hubiera abandonado, habría muerto
dentro de la peor de las maldiciones posibles que pueda arrastrar cualquier
adulto mayor. Este es un escrito que hace un llamado a quienes aún siguen
siendo cuidados por sus hijos, ya que la mayoría los envió a asilos o psiquiátricos
a llorar su mala suerte. Si cuentan con un ser querido que les cuida y protege,
no sean como la persona a quien cuido las 24 horas y sólo me ofrece lo peor que
pueda tener ella, dentro de su ser, si es que me he quedado sin vida y
libertad, si esa persona sabe que soy bueno e incapaz de hacer lo que otras
personas han hecho con adultos mayores que sólo saben practicar el mal. Lo dejo
en sus reflexiones, por mi parte, no seré igual que esa persona, haré como que
no escucho nada, tomaré más calmantes cuando empiece a torturarme, escribiré
para no pensar que me quedé sin vida y, cumpliré mi labor por ser humano, por
saber que el mundo es una mierda, incluyendo a la persona a quien cuido.
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