EL LIBRO DEL ÉXODO Y DE LA MUERTE, INCOMPLETO
EN EL AÑO DE LA AUSENCIA DE TODO
Todos sabíamos que, en las afueras, la vida era imposible, su clima
dependía mucho de lo que ocurriera en nuestro mundo, nadie habría querido vivir
allí. Para ser sincero, vivimos una era eterna en armonía y felicidad. Nada nos
faltó. Y nunca pensamos que esa eternidad se terminaría por corromper.
El mundo donde primaba el orden espiritual y la sabiduría, donde no
existía eso que ahora domina los mercados, llamado, dinero, no fue necesario.
No se conoció enfermedad alguna y el mal, era algo que se nos fue desconocido.
Cualquier fruto estuvo a nuestro alcance y, la energía que nos dio vida
eterna, nos entregaba una frecuencia de pensamiento necesaria para la paz.
Podían pasar milenios y, en las conciencias, sólo se sentían las melodías
divinas que se perderían para siempre.
Creo que el amor murió allí para todo este tiempo nuevo. Los placeres
eran festejados y renovaban el vigor como la salud.
La tecnología que alguna vez tuvimos, no hemos podido volverla a
recuperar, por más intentos que se han hecho en estos eones de años. Sabemos
que quienes se quedaron allí y hasta ahora no pueden salir, son los que moran
un infierno que alguna vez fue algo similar al paraíso o el mundo de los cielos
relatados en los textos sagrados. Hay algo de verdad en todos esos textos,
aunque estén adulterados sin que nadie pueda tener derecho a saber, qué ocurrió
en esos eternos tiempos.
Nuestros conocimientos eran compartidos y, sabíamos que no existían
deidades, sólo seres iluminados que habían brotado de las profundidades, hasta
tomar forma humana, muy parecida a la actual con la que cuenta eso que ustedes
llaman, homo sapiens.
Era un mundo finito desde donde acaba, se volvía a empezar y, la noche o
la oscuridad, sólo existía en las afueras, esos lugares de geografía imposible
que alguna vez recorrimos y a los cuales nunca pensaríamos en volver, por saber
que allí, había una energía que no era buena para el alma y, decidimos
llamarle: el mundo del mal, una definición ambigua, porque no logramos definir
esa sensación que allí predomina, como lo es hasta ahora. Nunca pensamos que
nos veríamos obligados a vivir donde sólo hubo oscuridad y, se tuvo que crear
un nuevo mundo, con todos los defectos propios de muchas civilizaciones y eras,
desde las que intentamos rescatar el mundo perdido del cual provenimos, sin
éxito alguno.
La oscuridad nos dio temor, miedo y muerte, allí no existía como en
nuestro mundo, la vida eterna, sino, enfermedades, caos y, todos los males que
hasta ahora perduran en una historia sin sentido, donde los hombres de
pensamiento más claro, siguen cuestionando sus orígenes y, si es cierto, las
explicaciones obligadas que intentaron explicar, de dónde provenimos y quiénes
somos.
Han quedado memorias en culturas muy antiguas que, se asemejan a nuestra
verdad, pero son incomprensibles y negadas constantemente, por órdenes
establecidos surgidos, increíblemente, en nombre de lo poco que ha quedado.
Una y otra vez, la historia se ha rehecho, con el deseo y deber que no
desaparezcamos, porque sabemos que no existe otro mundo más y, en el
inframundo, donde alguna vez, la eternidad fue ideal y perfecta, los seres
iluminados y de corazón divino, corrompidos y doblegados por un mal mayor y
perpetuo, se asemejan a esos demonios propios de las mitologías de cada
cultura, cada vez que rinden cultos a sus deidades para tener protección de
esos seres extremadamente malvados y de aspectos desgraciados que, impedimos,
entren a este nuevo mundo, así no sea éste el que alguna vez tuvimos, porque
sus furias y ferocidades, como saber absoluto, devastarían todo lo existente,
así no sea bueno.
Hemos intentado una y otra vez ser felices y, a veces, lo hemos logrado
y, entonces, es cuando más hemos temido, porque ellos están en el centro de
este mundo y, son los que, desde el interior, provocan los desastres naturales
y alteraciones de un clima, contra el cual, tanto hemos luchado, para empezar
nuestra historia, una y otra vez, reescribiéndolo todo y, hasta volviendo a
crear aquello que se destruyó totalmente, como está señalado en los miedos
naturales e instintivos con el fin del mundo, algo constante en la nueva
historia, porque se ha vivido muchas veces, con el final de eras y dioses
creados, civilizaciones de conocimiento supremo y esplendores superlativos que,
nos hizo creer, a pesar de haber derrotado a la oscuridad y el mal predominante
en este nuevo mundo, podíamos seguir viviendo.
En mi extenso relato, soy el escriba, como ustedes llaman, a quien
corresponde relatar, lo que está cercano a ocurrir una vez más, para la
advertencia a saber que seguiremos permaneciendo aquí, así la geografía cambie
mucho más de ya cambiada constantemente, dentro de todo lo que ustedes ignoran
y, está silenciado en sus libros.
Del mundo que provenimos, que queda en el centro de eso que ustedes
llaman: Tierra, alguna vez, sólo hubo luz, vida eterna, paz, felicidad y goce
absoluto, dentro de un orden perfecto en el que sólo existió el bien y,
nuestros organismos, se nutrían de una energía que provenía de un sol interior
que, emanó una frecuencia óptima para que nuestros pensamientos se inclinaran a
la virtud, la buena convivencia y, un orden establecido donde evolucionamos
creyendo que siempre sería así, en un estado de pureza, donde se ignoró qué era
el mal y las fuerzas de la oscuridad.
No teníamos necesidad de procrearnos, salíamos de capullos desde la
misma tierra y, nuestros goces o placeres, no terminaban en la procreación.
Millones de años después, tuvimos que alterar la anatomía de nuestros
descendientes, los humanos, para relacionar el placer con la procreación,
dejando como evidencia, el perineo, tanto en varones como mujeres, si hubiera
duda alguna, fuera esto hecho, para no extinguirnos.
Esa sea nuestra única diferencia, además de ser inmortales y poseedores
del conocimiento del alma humana y, el anticipo a saber qué puedan el resto de
la humanidad hacer, si todo sea reiterado en estos eones de años y, nada
sorprendente ocurra ante nuestra presencia. No somos sus dioses, no los hemos
creado, no les hemos dado vida, somos los humanos del origen, los primeros en
haberlo cuestionado y resuelto todo, los que proponemos, qué es justicia y amor
entre ustedes, al hecho de todos nuestros fracasos, con sus modelos de
gobiernos o, descubrimientos, inspiraciones compartidas mediante daimones o
genios a, humanos privilegiados que, tampoco han de estar libres de la tragedia
o la muerte. Todo lo sabemos y, como
guardianes del saber, todo lo hemos vivido y seguiremos aquí, impidiendo
que ustedes vayan más allá de eso que construimos como portal inexpugnable, ese
satélite que llaman Luna y, a lo largo de muchas era, no sólo ustedes han
llegado, si no lo supieron, sino, en el grado mayor de su conocimiento y
desarrollo tecnológico, han querido destruirle, con grandes bombas que les han
lanzado, cuando los habitantes del inframundo han desatado el caos, la
desesperanza y la inevitable muerte y, ustedes en su intento de salir de este
mundo, descubrieran que la única salida de este nuevo mundo, está bloqueado con
ese satélite que llaman Luna, de cuyo magnetismo nadie puede evadirse y, que
cuenta con el material más indestructible existente, con el fin de no ir más
allá del portal que impide ustedes crucen, porque allí, sólo hay muerte eterna
y extinción total.
Sepan ustedes que aquí no encontramos vida, sólo esterilidad, oscuridad
y desiertos inmensos, por ello construimos al Sol para que alterase la
bioquímica de este nuevo mundo y, logramos que la vida que ustedes conocen,
empezara a florecer ante nuestros ojos, como lo fue el calor para que
aparecieran los océanos y las selvas, en planicies que pensamos, serían
eternas, llenas de vegetaciones hermosas, venciendo a la oscuridad y, creando
al día y a la noche, pensando que sería bueno traer otras creaturas del inframundo
para que nos acompañasen, en este nuevo estar, donde empezaríamos de nuevo
nuestras vidas, si así fueron las primeras eras, con civilizaciones donde
creímos, podríamos vivir felices otra vez.
Fueron eones de años en los que recorrimos todos los rincones de este
mundo, para reconocer cómo podríamos darle forma a nuestra nueva existencia y,
supimos que los nuevos humanos, al conocer algo que se nos fue extraño, como lo
es hasta ahora: la muerte, conocieron la peor de las tragedias humanas, siendo por
ello que tuvimos que crear el cosmos, el firmamento, para hacerles creer
mitologías bíblicas diferentes y lejanas a la verdad. En ese largo recorrer el
mundo donde sólo existió muerte, el mal y la oscuridad, hallamos piedras
preciosas muy parecidas a las que hay en el inframundo y, al saber de sus
propiedades refractarias ante el Sol que creamos, proyectamos estrellas en el
cielo para que hasta que la eternidad propuesta, estuviera a punto de finalizar,
estuvieran en la bóveda oscura que es un gran portal que conduce a un mundo más
horripilante del cual habíamos logrado huir.
Hay lugares inubicables para ustedes, desde donde esta piedras
preciosas, proyectan eso que ustedes llaman: estrellas, planetas, sistemas
solares, constelaciones, galaxias y, cuanta explicación científica se ha
impuesto hasta ahora, en bien de un orden, donde no se deben responder ciertas
preguntas que tentarán al ser humano a querer cruzar el umbral, si esto ha
ocurrido en muchas eras, cuando se ha logrado salir al espacio y se ha descubierto,
pusimos a la Luna en el ingreso a un mundo espantoso y más aterrador que el
inframundo, si por esa razón, dentro de la ignorancia de los humanos en eras
pasadas, quisieron destruir la Luna, para huir de cataclismos, pestes o
destrucción de lo que fuera un solo continente, en eso llamado reiteradamente,
fin del mundo.
Y no hemos sido cazadores, recolectores y nómades, una sola vez, lo
hemos sido siempre, porque todo se ha reiterado y seguirá reiterándose, ya que
en el interior de este mundo llamado Tierra, los que se corrompieron y llenaron
de maldad, constantemente, alteran el clima y los fenómenos de la naturaleza,
llamados como, eventos que, todo ha sido destruido una y otra vez, si alguna
vez, perdimos el habla y, fue por eones de años, en tiempos donde el clima fue
gélido o muy caluroso, donde perdimos nuestra naturaleza original varias veces,
llegando a desplazarnos en cuatro patas, si hay algo de común que compartimos
con ustedes: el instinto y, ante eventos de la naturaleza donde ya no tuvimos
opción de retirada sino, de afrontar lo inevitable, volvimos a erguirnos y ser
erectos o, gritar, eso que ustedes llaman el grito primordial, para recuperar
nuestra habla y lanzar las 7 carcajadas de victoria, porque estuvimos por eones
de años en condiciones no naturales, siendo sólo memoria y verbo, sin poder
rehacer las civilizaciones que ya habíamos logrado, para desde el verbo
recuperado, usar la palabra silenciada y, volver a crearlo todo de nuevo, si en
nuestro mirar hacia el firmamento creado, el efecto tribolumuniscence, las
estrellas nos recordaban que los seres humanos nos necesitaban, esparcidos en
el resto de la Tierra, habiéndose hibridado con las creaturas que trajimos del
interior del mundo, en lo reconocido como; amalgamaren, para que surgieran
creaturas extrañas, con el don del verbo y, autoridad sobre los seres humanos,
quienes les adoraban como deidades, ante el asombro de estas quimeras que les
contemplaban y entendían, el ser humano le teme a la tragedia de la muerte y,
necesita de un ser supremo que les prometa seguir viviendo más allá de la
muerte.
Y todo esto lo hemos visto muchas veces y sabemos, puede volver a
ocurrir cuando una era está por acabar, cuando alguien de genio superdotado,
por el desarrollo de la sabiduría que descansa en las profundidades del alma,
empiece a cuestionar lo que no se debe cuestionar y, se propaguen sus preguntas
entre el resto de humanos, para querer saber, ¿por qué vivimos, para qué
vivimos, puede alguien decirnos por qué? Y será en ese momento, cuando empiecen
como siempre ha sido, los seres humanos, a negar a sus deidades, en tiempos de
crisis por falta de ética o corrupción generalizada, donde la muerte sea
normalizada, para querer saber de nosotros, dónde estamos, si estamos en
ocultas y diferentes partes de un mundo que no conocen completamente y, hacemos
de guardianes de los portales que conducen al inframundo, evitando el error que
han cometido en muchas eras: creer que dentro de la Tierra, hay un mundo
paradisiaco, donde la muerte no existe, donde el bien es la ley y, ese sol que
brilla emanando una frecuencia de paz eterna, sea el amor que tanto busquen y
necesiten, sin saber que allí, ya no existen seres iluminados, poseedores de
sabidurías pacíficas y tecnologías insuperables, con ciudades donde se puede
vivir en condiciones ideales y necesarias, creyendo que es el único mundo donde
podrían empezar de nuevo la historia, después de haber renunciado a un
firmamento desmentido, donde saben, los portales como el Sol y la Luna, no se
pueden cruzar y, si lo hicieran, algo más terrible inevitablemente en su
decepción encuentren, si existan enfrentamientos contra nosotros y se nos
confundan con seres malvados por impedirles entrar al interior de la Tierra,
sin saber que allí, sólo hay seres extremadamente crueles que, son los
causantes del dolor y desdicha del ser humano, desde todas las eras que han
existido, en nuestro intento de proponer un orden establecido desde el que
llegasen a conocer de la felicidad y la sabiduría de la paz, así sea por pocos
miles de años, en el reescribir constante de la historia, donde entre ellos, el mal se ha desatado con
guerras mundiales, donde todo ha desaparecido, si lograran desarrollos
admirables y óptimos en la tecnología, la medicina y la ciencia, sin que por
ello, la corrupción, el mal y la muerte pudieran desaparecer.




