En el neolítico, es decir, en los orígenes de la civilización, los
turcos descubrieron las propiedades del centeno: una droga vigorosa que servía
para arreglar compromisos o retener a un varón. El vigor que da el centeno no
fue un hallazgo hecho en los años 50 del siglo pasado por laboratorios suizos,
que luego sería utilizado en la generación hippie y la revolución sexual,
siendo su derivado el LSD (la ciencia demostró que incrementa el orgasmo en las
mujeres 100 veces más su intensidad) que es usado hasta ahora para tener mucho
vigor sexual, así se tenga 150 años, ésa es la razón del por qué, los
ultrarricos del mundo quieren ser más que supercentenarios. Ya en la edad
media, era conocido como la droga de San Antonio que, en términos modernos y
científicos, producen un cóctel de serotonina, dopamina, endorfinas y la
oxitocina, reconocida como la hormona del supuesto amor. Este conocimiento es
milenario, desde que el homo sapiens dejó de ser cazador, recolector y errante
y, se hizo sedentario. Actualmente esta droga del amor se le llama Molly o “éxtasis”
y, sus efectos son eficaces con el solo contacto de la mano en un saludo. Las emociones
son propias del amor: conexión inmediata, atracción fatal, sentimientos
fuertes, empatía y un fuerte magnetismo hacia quien lo usa deliberadamente. Muchos
matrimonios o uniones de pareja son producto de estos conocimientos milenarios.
Magnates octagenarios que se sentían impotentes, pierden la cabeza ante la
mujer que los usa con ellos, naturalmente, tener el vigor sexual de un semental
como Giacomo Casanova o Rasputín, les recupera el deseo de vivir.
Está demás decir que esta química o amor a primera vista corresponde a lo
que somos: un organismo que reacciona a estímulos propios de una bioquímica que
revela qué es lo que somos.
Es cierto que el sexo en nosotros los varones nos da vigor, fuerza,
energía y, rejuvenecimiento, es cierto que despierta potencialmente el deseo
que vivir perpetuamente.
En un momento de la historia, donde se han hecho denuncias con el caso
Epstein, donde los hombres más poderosos del mundo, están involucrados en
escándalos sexuales, inclusive de pedofilia, pederastia y canibalismo, no me
resulta en nada extraño: el exceso de sexo conlleva a las parafilias o
aberraciones sexuales y, están muy vinculadas con el poder, cuando las élites
han desaparecido, si recordamos que las élites desde tiempos de Platón,
Aristóteles, hasta el presente, se basó en elegir a los hombres más sabios,
capaces y eruditos, para integrar un número reducido de personas que gobernaran
el mundo desde siempre, en el ejercicio de la política, las leyes, los poderes
militares y los poderes económicos, a esto se le llamó Democracia desde que la
implantó con éxito Pericles en Grecia, sin que se corrompiera, siendo desde ese
entonces, un modelo referente para los tiempos modernos como modelos de
gobierno, pero esos fueron otros tiempos, ahora quienes están sobre esas
élites, son los ultrarricos: oligarcas chinos dan órdenes a Xi Jinpíng,
oligarcas rusos desde el Kremlin, dan órdenes a Vladimir Putin y, oligarcas de
USA, dan órdenes a Donald Trump.
Recuerden que Mahoma se casó con una niña de 9 años y, eso es una
costumbre persa hasta ahora.
Esta aberraciones o parafilias, existieron desde los orígenes de la
civilización. Los sacrificios humanos ante supuestas deidades, bajo el efecto
de alucinógenos como el centeno, llamado también en la edad media como, la
droga de la locura de San Antonio, hacían alucinar a los gobernados por quienes
ejercían el poder, sea en Egipto, Mesopotamia, la cuna de la civilización del
mundo, con los sumerios y los acadios, luego los griegos, hasta el salvajismo
de los Anfiteatros de los romanos, donde desde sus coliseos, éstos entraban en
euforia al ver a hombres enfrentarse con bestias feroces, sintiendo placer al
ver cómo los leones devoraban a los gladiadores.
Hay que aclarar que los sacrificios humanos consistían en entregar a
muchachas vírgenes e igual púberes varones, para en el altar, ser canibalizados
por los que se habían proclamado como dioses. Cuando Yave le pide a Abraham,
sacrificar a su hijo en prueba de fe, Abraham, sabía que quien se hizo llamar
Yave, se comería a su hijo. Todo esto lo registra la historia. Los altares
donde se hacían sacrificios humanos, eran con el fin de a quienes se ofrendaban,
ser devorados por los que se proclamaron como dioses vivientes.
Esto es el homo sapiens. No te escandalices entonces. La lujuria
conlleva a los excesos, tanto en el varón y la mujer, siendo en consecuencia, la
depravación y la manifestación de los más abyectos placeres que la historia
discretamente quiere omitir.
Los ultrarricos que ahora gobiernan sobre las élites, han descubierto el
placer sin límites e invierten miles de millones de dólares en estudios genéticos,
para aplazar la vida, para seguir disfrutando del sexo. En un mundo donde los
métodos anticonceptivos van de la mano con los abortos y la seria disminución
de natalidad en el mundo, donde hoy los jóvenes son un porcentaje cada vez
menor en el planeta, porque no quieren tener hijos y sí sexo indiscriminado,
replantea la condición humana en estos tiempos.
Nunca sabes quién pueda darte la mano con esas potentes drogas que no
huelen, no tienen sabor ni color y, hasta creas que estás bajo el efecto de una
brujería.
Dentro de mis reflexiones, medito una vez más en la leyenda que está
inscrita al pie de la Esfinge de las Faraones: ¿quiénes somos, de dónde venimos,
a dónde vamos? Si siempre, contadas personas con acceso a información
privilegiada, han tenido el poder sea cual fuera el modelo de gobierno que se
haya ejercido a lo largo de nuestra historia, si les recuerde: hace unos 10,000
años, el ser humano, no veía todos los colores que ahora observamos, si esto
sea un indicador que nuestra inteligencia sigue desarrollándose, aunque mi
pregunta ante el mundo es, ¿para qué? Más de un millón de hombres muertos en la
guerra entre Rusia y Ucrania en este siglo XXI.
La vida es el sexo, es la mejor evasión o lo más cercano al paraíso. Los
referentes como sementales en la historia como Giacomo Casanova, antes de la
Revolución Francesa, o Rasputín, antes de la Revolución de Octubre en Rusia,
han dejado de ser excepciones. Durar horas de horas sin eyacular, teniendo sexo
y, dormir erectos dentro del ano o la vagina de la mujer, ha dejado de ser un
secreto propio de las mujeres de Jamaica.
A los ultrarricos no les interesa si el mundo entra a una Tercera Guerra
Mundial, ellos se hacen más ricos hasta con las más severas crisis económicas o
hiperinflaciones, quiebras de todo un continente o mundo. Han hallado la manera
de ser felices en ese paraíso que todos conocemos que sólo da el sexo sin tener
hijos y, no quieren morir, si es que se está hablando de aquí a unos 20 años de
la inmortalidad, con una depuración masiva de la población mundial, donde
probablemente, sólo queden ellos, para ser felices en un mundo donde no hayan
protestas ni más guerras y, se dediquen a hacer el amor por toda eternidad.
Y esto no es literatura ni ciencia ficción, la ciencia lo está
anunciando, sin importarles si tú o yo, estemos dentro de sus placenteros
planes.
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