En otros tiempos, de lo que sólo está escrito en los libros incunables de
las casas de los nobles europeos, se registran tiempos fabulosos y fantásticos,
donde el homo sapiens recién despertaba a sus sentidos primitivos, sometido a
la esclavitud por gigantescas creaturas que resumían el conocimiento que fue
llevado a las tumbas piramidales, como severa sentencia de lo que los amos del
mundo de ese entonces, no debían volver a hacer.
Es difícil precisar por qué algunas personas nacen con la inteligencia
más desarrollada o, con fuerzas descomunales que desafiaron al tiempo, al
destino y la muerte.
Eran tiempos de sacrificios humanos y oscurantismo, donde el homo
sapiens estuvo a merced de seres tiranos que dieron vida a híbridos colosales,
quienes con rostro humano y cuerpo de bestias, eran más inteligentes y fuertes
que los primeros hombres.
Estos, por costumbre, exigían se resolvieran enigmas que desafiaban a un
homo sapiens que dejaba el paleolítico para ser sedentario, habiendo perdido su
libertad de inmediato, luego de haber elegido a sus mejores hombres para que
les gobernaran, volviéndose éstos déspotas y proclamándose como dioses
vivientes, con costumbres caníbales, reclamando a los mejores de sus pueblos,
para que se les rinda culto, en un mundo donde aún no se conocía dónde terminaba
el Atlántico ni tampoco, se sabía que existía el polo norte y sur, el Océano Pacífico
ni las Américas.
Así son las leyendas e historias que han quedado guardadas en la memoria
oral de los primeros pueblos que, con el pasar de las centurias y milenios,
serían engrandecidas con proezas y hazañas de héroes increíbles que, venciendo
a estas quimeras, prometieron liberar a sus pueblos, si esta es la constante en
el homo sapiens: ser corrompidos por el poder los más sabios, gobernantes que
veían como seres inferiores a sus súbditos, si se sepa, hay seres
hiperinteligentes en todos los tiempos que, han percatado, el poder está en eso
llamado: mente o pensamientos, a lo cual luego llamarían alma y espíritu,
siendo el alma, los pensamientos muy vinculados con los sentimientos y,
espíritu: la representación de divinidades que desde tiempos ignorados, crearon
todo y, en sus voluntades incomprensibles, propusieron desde siempre leyes que
en nada se asemejaban con la naturaleza de esos primeros hombres.
Ha quedado como legado de esos tiempos que no se desean volver a vivir,
no sólo espantosos recuerdos atávicos que se asoman muy de vez en cuando en
nuestros pensamientos más extraños y, cómo las revoluciones han sido siempre
una constante en nuestro estar aquí.
Si dentro de todo lo incomprensible, los que se vengaron para reclamar
su libertad, enterraron en enormes pirámides a los que se proclamaron dioses
vivientes y, siendo crueles, la multitud salvaje se levantó ante la opresión para
construir un nuevo mundo, ese mundo que hasta ahora seguimos esperando, si es
que desde entonces, se prohibió el uso del amalgamaren o cópula entre creaturas
distintas, si en cada amanecer se recuerde desde donde se esté, la utopía de un
mundo justo, donde haya respuesta a lo que somos si, al derrotar a la última
creatura fabulosa y despiadada, conocida como La Esfinge, se hiciera un
gigantesco monumento en recuerdo de lo que no debe volver a pasar en la
humanidad, sin dejar de hacer meditar a todo aquel que se pregunte por el
tiempo y lo ocurrido en nuestra historia la gran interrogante que quedó cuando
millares de homo sapiens rebelados, cortaran su cabeza para devorarle y, al
mirar al firmamento, quedándose sin dios opresor alguno, las preguntas
formuladas luego de esa gran revolución en el neolítico retornaran a lo que
escribieran al pie del monumento hecho como escarmiento, para que nadie más se
atreva a crear creaturas híbridas: ¿Quiénes somos?, ¿De dónde venimos?, ¿A
dónde vamos? Si así fue en los orígenes del neolítico, un pasado extremadamente
sangriento y cruel, que nos arranca interrogantes muy serias, en relación a
nuestra soledad en el Cosmos, si la determinada voluntad de esos primeros
hombres fue, enterrar en grandes pirámides a los tiranos que se proclamaron
dioses vivientes para poder ser libres, sin que hasta ahora lo seamos.
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