martes, 3 de marzo de 2026

HISTORIA DE LA CORRUPCIÓN EN PERÚ


 


No sé cuánto tiempo me quede de Pensador Libre, seré más claro, no sé cuánto tiempo me quede como hombre libre, al hecho de estar inclusive en el ostracismo, practicando la más austera economía.

Vi en muchos trabajos a hombres y mujeres que no eran libres, los vi abandonar sus trabajos por haber llegado a sus límites, al hecho de tener una familia que mantener, vi mujeres de mi estatura, altas, robustas, salir llorando de las fábricas, sabiendo que necesitaban el dinero para sus hijos, vi llorar a gente de impotencia, sin saber qué hacer, con todas las puertas cerradas cuando pidieron ayuda, cuando hay enfermedades, adultos mayores a quienes cuidar, niños que tienen hambre y se preguntan, ¿por qué debe ser la vida así? Qué más les quedaba, ¿robar? Vi a tipos rudos que integraban la mafia, perder el rostro de la noche a la mañana, quedarse mudos, saber que no eran útiles para nadie. Supe de los hombres presos, de los que me confesaron que no eran inocentes, que estaban en prisión por ser culpables. Vi ancianos en sus triciclos tratando de vender algo mientras me decían: ¡qué triste es la vida! Hay un anciano que siempre veo pasar vendiendo escobas que nadie compra, hay un hombre que de vez en cuando toca las puertas de las casas, vendiendo miel de abeja, sin que nadie le compre, mientras su esposa carga a un bebé, seres humanos que seguramente no saben nada de derechos asistidos a ellos.

Alguna vez un hombre en un hotel, hace mucho tiempo, veía siempre revistas para adultos con muchachas muy bellas, me confesó que de alguna manera debía excitarse para hacerle el amor al hombre adinerado con el que viajaba, que así se ganaba la vida y no le gustaba su trabajo.

Un hombre maduro me confesó que era un arquitecto famoso, con un hijo militar y con futuro, me dijo: abandoné a mi padre, lo dejé morir enfermo y totalmente solo, sin que pudiera alcanzarle un pan, tenía que hacer mi vida, lo escabroso de todo esto es que no sentía culpa.

Recuerdo a una mujer, madre de familia, abandonada por sus parientes, a quienes unas hermanas de una orden católica le ofrecieron cama y comida, como protección ante su desamparo.

Vi agentes de seguridad a quienes no les gustaba su trabajo y no conversaban con nadie, mientras los operarios les preguntaban: ¿eres otro agente de seguridad solitario?, mientras no se inmutaban y cumplían su trabajo.

Vi en una fábrica que abandoné, no porque no me gustara el trabajo, sino, porque la costumbre en esa fábrica era hacer abandonar a todos los trabajadores de sus puestos de trabajo, padecer trabajos nocturnos con resignación a un hombre de sesenta años, para volverlo a encontrar a la semana postulando a un trabajo para vender libros mientras me miraba con honda tristeza diciéndome: no debiste dejar el trabajo, lo que te hicieron a ti, me lo hicieron a mí.

Había una mujer que tenía dos trabajos y vivía en las periferias de la ciudad, casada y con dos hijos pequeños, me comentaba que se levanta a las 4 de la mañana para tomar movilidad y llegar a tiempo a su trabajo diurno, comer luego algo rápido, para entrar a uno de los trabajos más pesados de la ciudad, famoso por contar con un dueño avaro y tirano, para retirarse a la 1 de la mañana y recoger la última movilidad que recogía a personas como ella, me dijo que también escribía, escribía poemas tan notables como los que le mostré cuando le dije que era escritor: sí, sé qué es la literatura, ¿sabes?, los escribo, y después los rompo, me comentó que llegaba a su casa a las 2 de la mañana, dormía con su esposo que llevaba un destino parecido, porque el dinero no les alcanzaba para la manutención de sus hijos, que sus padres les ayudaban en la crianza de ellos.

Un hombre me comentó alguna vez que en su familia todos trabajaban para sostener la economía del hogar, tiempo después muy contento me dijo que se iba a casar con una mujer de mucho dinero, ¿la amas entonces?, no, no la amo, pero al menos ella me rescatará de mi pobreza. 2 años después lo hallé en otra ciudad manejando un taxi, con un rostro maleado, duró dos meses en esa ciudad y no supe qué sería de su destino, no quiso hablarme de su compromiso o si tuvo hijos.

Un taxista dejó esa misma ciudad y lo hallé aquí, abrazado de su enamorada, me decía que estaba trabajando como constructor civil, que el taxi no le daba para vivir. Dos meses después lo hallé en una agencia de empleo pidiendo fuera aceptado otra vez, que el médico le entregó un certificado donde decía que ya estaba bien de los riñones, le hicieron esperar, conversamos en un pasillo, lo único que pedía era que le dieran trabajo otra vez, ¿es duro trabajar en construcción civil?, me lastimé los riñones, me respondió, pero tengo a mi madre enferma, debo trabajar.

Vi muchos casos ignorados por la sociedad y, también vi a los jóvenes privilegiados, los que podían estudiar en la universidad, ellos habían renunciado a aprender algo en la Facultad, se resignaban a pagar por los exámenes y el título profesional, la mayoría se fue del país, de nada les sirvió su título.

Hay mucha gente solitaria en países desarrollados, varones y mujeres que se acompañan con perros o gatos, por no tener con quien conversar, viviendo aparentemente cómodos, pero aislados, incomunicados y llenos de enfermedades por la soledad.

Sé que el ser humano piensa según sus hormonas, que estamos destinados a la procreación, cuando un varón segrega mucha testosterona, sólo quiere tener sexo, si tuviera una condición privilegiada para tener sexo, porque las mujeres no dan sexo gratis y, creían en el amor, querían tener hijos, ignorando lo que escribo ahora, porque también he visto muchachas que están dominadas por los estrógenos y la progesterona y están convencidas que la vida es un milagro y quieren tener hijos. En esa edad de la procreación, la percepción del ser humano está alterada por las hormonas y, están convencidos en haber hallado la felicidad y que el amor todo lo puede…

Recuerdo en mi primer internamiento psiquiátrico a Goyo, le habían hecho lobotomía y por eso hablaba pausadamente, percaté que estaba castrado por sus ceñidos buzos, me hablaba de sus padres, de una tierra lejana en las alturas de Perú, que él tenía 12 años, le dijeron que lo llevarían a conocer la ciudad, en ese entonces debía tener unos 50 años, había pasado toda su vida en el psiquiátrico, estaba lúcido, sus ojos habían visto mucho más que yo, la condición humana.

Dije que me queda poco tiempo de libertad, se me está acabando mi autonomía de pensamiento que tanto defendí, el ser un Pensador Libre. Alguna vez en un auditorio lleno, hice saltar de alegría al gritarle a los jóvenes: ¡a este mundo hemos venido a realizar nuestros sueños! El sueño se está acabando en contra de mi voluntad.

Alguien que no era feliz y tenía todas las comodidades me dijo en su momento: lo intenté todo, lo intenté todo, y se marchó.

Actualmente Perú se jacta de ser un país minero, hay mucha economía ilegal como minería protegida por sicarios, se dice que hay mucha extorsión, corrupción y muertes impunes. El Crimen Organizado mueve 31,000 millones de dólares, mucho más que el patrimonio de 4 Grupos de Poder en Perú. El Congreso ha blindado a mineras importantes para que no paguen impuestos si se trata de extorsión.

Recuerdo una mañana de domingo, en un izamiento de bandera, canté el Himno Nacional del Perú a todo pulmón mientras miraba la Bandera, la gente me miró extrañada, no sólo no sabían la letra del Himno, me dijeron que estaba loco, me pregunté, ¿cantar con orgullo el Himno Nacional del Perú en Perú es estar loco?

Un anciano que murió en la pandemia me relató su historia para finalmente decir: abuelo rico, hijo caballero, nieto mendigo.

Luché toda mi vida por mi libertad, aún con diagnóstico psiquiátrico, aún en la extrema soledad.

La última vez que salí a la ciudad, en la avenida principal, vi a un loco andrajoso, muy sucio, caminar a plena luz del día, observé de inmediato el trasero de una hermosa mujer con resignación, con mucha renuncia, el loco me vio a los ojos, me sonrió y ví mucha lucidez en su mirada, su rostro volvió a ser sereno por un instante, seguí mi marcha, él también, en ese momento me di cuenta que no estaba loco, que era un hombre totalmente solo en el mundo.

 

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