No sé cuánto tiempo me quede de Pensador Libre, seré más claro, no sé
cuánto tiempo me quede como hombre libre, al hecho de estar inclusive en el ostracismo,
practicando la más austera economía.
Vi en muchos trabajos a hombres y mujeres que no eran libres, los vi
abandonar sus trabajos por haber llegado a sus límites, al hecho de tener una
familia que mantener, vi mujeres de mi estatura, altas, robustas, salir llorando
de las fábricas, sabiendo que necesitaban el dinero para sus hijos, vi llorar a
gente de impotencia, sin saber qué hacer, con todas las puertas cerradas cuando
pidieron ayuda, cuando hay enfermedades, adultos mayores a quienes cuidar,
niños que tienen hambre y se preguntan, ¿por qué debe ser la vida así? Qué más
les quedaba, ¿robar? Vi a tipos rudos que integraban la mafia, perder el rostro
de la noche a la mañana, quedarse mudos, saber que no eran útiles para nadie. Supe
de los hombres presos, de los que me confesaron que no eran inocentes, que
estaban en prisión por ser culpables. Vi ancianos en sus triciclos tratando de
vender algo mientras me decían: ¡qué triste es la vida! Hay un anciano que
siempre veo pasar vendiendo escobas que nadie compra, hay un hombre que de vez
en cuando toca las puertas de las casas, vendiendo miel de abeja, sin que nadie
le compre, mientras su esposa carga a un bebé, seres humanos que seguramente no
saben nada de derechos asistidos a ellos.
Alguna vez un hombre en un hotel, hace mucho tiempo, veía siempre revistas para adultos con muchachas muy bellas, me confesó que de alguna manera debía excitarse para hacerle el amor al hombre adinerado con el que viajaba, que así se ganaba la vida y no le gustaba su trabajo.
Un hombre maduro me confesó que era un arquitecto famoso, con un hijo
militar y con futuro, me dijo: abandoné a mi padre, lo dejé morir enfermo y totalmente solo, sin
que pudiera alcanzarle un pan, tenía que hacer mi vida, lo escabroso de todo
esto es que no sentía culpa.
Recuerdo a una mujer, madre de familia, abandonada por sus parientes, a
quienes unas hermanas de una orden católica le ofrecieron cama y comida, como
protección ante su desamparo.
Vi agentes de seguridad a quienes no les gustaba su trabajo y no
conversaban con nadie, mientras los operarios les preguntaban: ¿eres otro agente
de seguridad solitario?, mientras no se inmutaban y cumplían su trabajo.
Vi en una fábrica que abandoné, no porque no me gustara el trabajo,
sino, porque la costumbre en esa fábrica era hacer abandonar a todos los
trabajadores de sus puestos de trabajo, padecer trabajos nocturnos con
resignación a un hombre de sesenta años, para volverlo a encontrar a la semana
postulando a un trabajo para vender libros mientras me miraba con honda
tristeza diciéndome: no debiste dejar el trabajo, lo que te hicieron a ti, me
lo hicieron a mí.
Había una mujer que tenía dos trabajos y vivía en las periferias de la
ciudad, casada y con dos hijos pequeños, me comentaba que se levanta a las 4 de
la mañana para tomar movilidad y llegar a tiempo a su trabajo diurno, comer
luego algo rápido, para entrar a uno de los trabajos más pesados de la ciudad,
famoso por contar con un dueño avaro y tirano, para retirarse a la 1 de la
mañana y recoger la última movilidad que recogía a personas como ella, me dijo
que también escribía, escribía poemas tan notables como los que le mostré
cuando le dije que era escritor: sí, sé qué es la literatura, ¿sabes?, los
escribo, y después los rompo, me comentó que llegaba a su casa a las 2 de la
mañana, dormía con su esposo que llevaba un destino parecido, porque el dinero
no les alcanzaba para la manutención de sus hijos, que sus padres les ayudaban
en la crianza de ellos.
Un hombre me comentó alguna vez que en su familia todos trabajaban para
sostener la economía del hogar, tiempo después muy contento me dijo que se iba
a casar con una mujer de mucho dinero, ¿la amas entonces?, no, no la amo, pero
al menos ella me rescatará de mi pobreza. 2 años después lo hallé en otra
ciudad manejando un taxi, con un rostro maleado, duró dos meses en esa ciudad y
no supe qué sería de su destino, no quiso hablarme de su compromiso o si tuvo
hijos.
Un taxista dejó esa misma ciudad y lo hallé aquí, abrazado de su
enamorada, me decía que estaba trabajando como constructor civil, que el taxi
no le daba para vivir. Dos meses después lo hallé en una agencia de empleo
pidiendo fuera aceptado otra vez, que el médico le entregó un certificado donde
decía que ya estaba bien de los riñones, le hicieron esperar, conversamos en un
pasillo, lo único que pedía era que le dieran trabajo otra vez, ¿es duro
trabajar en construcción civil?, me lastimé los riñones, me respondió, pero
tengo a mi madre enferma, debo trabajar.
Vi muchos casos ignorados por la sociedad y, también vi a los jóvenes
privilegiados, los que podían estudiar en la universidad, ellos habían
renunciado a aprender algo en la Facultad, se resignaban a pagar por los
exámenes y el título profesional, la mayoría se fue del país, de nada les
sirvió su título.
Hay mucha gente solitaria en países desarrollados, varones y mujeres que
se acompañan con perros o gatos, por no tener con quien conversar, viviendo
aparentemente cómodos, pero aislados, incomunicados y llenos de enfermedades
por la soledad.
Sé que el ser humano piensa según sus hormonas, que estamos destinados a
la procreación, cuando un varón segrega mucha testosterona, sólo quiere tener sexo,
si tuviera una condición privilegiada para tener sexo, porque las mujeres no
dan sexo gratis y, creían en el amor, querían tener hijos, ignorando lo que
escribo ahora, porque también he visto muchachas que están dominadas por los
estrógenos y la progesterona y están convencidas que la vida es un milagro y
quieren tener hijos. En esa edad de la procreación, la percepción del ser
humano está alterada por las hormonas y, están convencidos en haber hallado la
felicidad y que el amor todo lo puede…
Recuerdo en mi primer internamiento psiquiátrico a Goyo, le habían hecho
lobotomía y por eso hablaba pausadamente, percaté que estaba castrado por sus
ceñidos buzos, me hablaba de sus padres, de una tierra lejana en las alturas de
Perú, que él tenía 12 años, le dijeron que lo llevarían a conocer la ciudad, en
ese entonces debía tener unos 50 años, había pasado toda su vida en el psiquiátrico,
estaba lúcido, sus ojos habían visto mucho más que yo, la condición humana.
Dije que me queda poco tiempo de libertad, se me está acabando mi autonomía
de pensamiento que tanto defendí, el ser un Pensador Libre. Alguna vez en un
auditorio lleno, hice saltar de alegría al gritarle a los jóvenes: ¡a este
mundo hemos venido a realizar nuestros sueños! El sueño se está acabando en
contra de mi voluntad.
Alguien que no era feliz y tenía todas las comodidades me dijo en su
momento: lo intenté todo, lo intenté todo, y se marchó.
Actualmente Perú se jacta de ser un país minero, hay mucha economía
ilegal como minería protegida por sicarios, se dice que hay mucha extorsión,
corrupción y muertes impunes. El Crimen Organizado mueve 31,000 millones de
dólares, mucho más que el patrimonio de 4 Grupos de Poder en Perú. El Congreso
ha blindado a mineras importantes para que no paguen impuestos si se trata de
extorsión.
Recuerdo una mañana de domingo, en un izamiento de bandera, canté el
Himno Nacional del Perú a todo pulmón mientras miraba la Bandera, la gente me
miró extrañada, no sólo no sabían la letra del Himno, me dijeron que estaba
loco, me pregunté, ¿cantar con orgullo el Himno Nacional del Perú en Perú es
estar loco?
Un anciano que murió en la pandemia me relató su historia para
finalmente decir: abuelo rico, hijo caballero, nieto mendigo.
Luché toda mi vida por mi libertad, aún con diagnóstico psiquiátrico, aún en la extrema soledad.
La última vez que salí a la ciudad, en la avenida principal, vi a un loco andrajoso, muy sucio, caminar a plena luz del día, observé de inmediato el trasero de una hermosa mujer con resignación, con mucha renuncia, el loco me vio a los ojos, me sonrió y ví mucha lucidez en su mirada, su rostro volvió a ser sereno por un instante, seguí mi marcha, él también, en ese momento me di cuenta que no estaba loco, que era un hombre totalmente solo en el mundo.
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