Llegar al límite una y otra vez, inclusive temblando, sintiendo terror,
renunciando a las horas del estudio añorado, pensando en el final, sabiendo que
esta vez no hay escapatoria, sin saber a qué dios orar, pensando en todo lo
hecho en vida, gritando las últimas palabras como deber ante la historia.
Y llegar hasta lo más extremo una vez más, sintiendo que me estoy
enfrentando contra el dueño de este mundo yo solo, que aquí nadie es libre, que
todos obedecen, que otra vez estoy contra todo el mundo solo, acorralado hasta
por las fuerzas de la naturaleza, lo que no se puede doblegar.
Caer rendido en las noches donde la muerte domina, con la certeza que no
hay lugar seguro en este mundo y, temer por circunstancias mucho más difíciles,
pensar que tengo casi 55 años y, ya no se puede volver a empezar, que no estoy
solo, que mi padre depende de mí porque no puede caminar, pensar que esta vez
no puedo ser más fuerte que el destino, que el mundo tiene amos implacables, que
si sobrevivo, esto puede volver a pasar una y otra vez. Meditar en todo lo
ocurrido a lo largo de nuestra historia, porque otra vez la noche fue muy
oscura y en pocas horas, repasé todo lo que vivió el homo sapiens desde que
empezó a tener conciencia de que está vivo y piensa, que tiene sentimientos y,
tuvo mucho qué avanzar para buscar respuestas que he alcanzado. ¿Las dije en su
momento?, ¡claro que las dije!
Haber cumplido mi deber con el mundo y ver al mundo caerse a pedazos sin
nada poder hacer. Alzar la voz, clamar, protestar, arrancar fuerzas que sólo se
arrancan cuando se siente la muerte inminente, sin ninguna opción, sin dónde
refugiarse.
Sentir el terror, la impotencia, otra vez el límite y saber que esto lo
sintió la humanidad en diferentes momentos de la historia, cada uno, todos, sin
distinción de cultura o tiempo: civilizaciones que desaparecieron, culturas
destruidas, cataclismos que quebraron la paz duramente conquistada, recordar a
Sócrates antes de beber la cicuta y su empeño en querer seguir estudiando,
¡vaya su gloria!, tener tiempo para aún poder estudiar antes de morir, porque
cuando tienes a muchos qué cuidar antes de morir inevitablemente, sabes que ya
no puedes seguir estudiando ni escribiendo, sólo entregarse a la suerte si ésta
existiera cuando todos sienten horas graves, cuando todo ha sido perdido,
cuando una ciudad siente haber padecido una gran guerra mundial que no cesa,
cuando los brazos que se unen totalmente no son suficientes, mientras los ojos
contemplan lo que no se puede controlar y el ser humano siente sus brazos muy
débiles, así sean más de un millón de brazos unidos.
Estar en el extremo, haberlo estado, una vez más, ¿quiénes son los que
el cosmos perdona?, pienso ahora mientras se oyen llantos y lamentos desde
todas partes, porque volver a empezar, para cientos de miles de personas ahora,
no será igual, si es decir, imposible.
Y todo lo que fue recuerdo y dicha, en menos de un segundo puede cambiar
para siempre.
Esta es la historia del ser humano, del homo sapiens, inclusive cuando
la resistencia no es suficiente, ni la más fuerte voluntad, o determinación, no
de un solo hombre, sino de más de un millón.
Arequipa, Perú
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