Puedo matar a Satanás, sentir que estamos solos en el Cosmos, puedo
negar las enfermedades o despreciar mi vida, pero me duele la vejez de los que
más quiero. ¿No fueron fuertes e invencibles?
¿Para eso estamos aquí?, ¿para ver la vejez de nuestros padres y no
poder hacer nada? ¡Qué más carajos puedo hacer! ¡Qué más! ¿Qué palabras sabias
que ya no tengo, debo usar para hacer entender a mis padres que la vida es más
larga de lo que pensamos? ¿Por qué se empeñan en sentirse enfermos cuando lo
que veo en ellos, es el miedo a la vejez? ¿Acaso me he ido? ¿No peleo contra
todo por hacer notar mi presencia, bregando contra lo imposible?
No hay a quien orar. No hay milagros que me demuestren lo contrario.
¿Tanto cuesta dar un paso cuando se es adulto mayor?
Apenas me enfrento contra todo lo que ustedes se han enfrentado. No hay
Statu Quo que haya temido, no hay miedo que no haya vencido. No hay aislamiento
que no haya vencido. No hay nada que haya podido derrotarme. ¡Cómo duele ver
envejecer a los que uno quiere! Así se quiebra el alma. ¡Qué importa el amor y
las muchachas, qué carajos importa! ¿Alguien me puede decir qué sentido tiene
todo esto? No, no hay hombre sabio que responda a lo que siento en mi pecho,
no, no habrá alivio jamás, ¡nunca llegarán los remedios de Alemania para hacer
que mi padre vuelva a caminar!
Sólo he visto violencia y ausencia de derechos humanos todo este tiempo.
Censura y silencio. Noches de resistencia literaria contra nada, ¡contra nada!
¿Para qué tanto gritar contra la nada, para qué?
Mañana será otro día de mierda en que deba hacerle entender a mi padre
que la vida es mucho más larga de lo que pensamos.
Mañana buscaré dentro de mís palabras muy severas y fuertes para hacerle
entender a mi padre que está bien de salud, que eso se lo han dicho todos los
especialistas que lo tratan. Mañana rogaré a mi Alma, tener las palabras de
donde no hayan, para recordarte papá que eres fuerte, que quisiste declararle
la Guerra a Chile en 1975, cuando Perú se armó con ese fin, recuperar Tarapacá,
dando un discurso frente a todas las autoridades en El Puerto Bravo de
Mollendo, mañana te recordaré otra vez quién fue Modesto Pacheco, el muchacho
de 18 años que fue Contramaestre del Buque Crucero Insignia, Miguel Grau, el
mejor buque de guerra de Perú, cuando terminó matando alemanes en la gran
primera guerra mundial en New Yok, te recordaré tu metro ochenta y ocho, tu
coraje, tu voz fuerte y determinación, tu amor al Perú.
Mañana será otro día largo donde pelearé entre la paz y la guerra contra
el destino de todos. ¡Me importa un carajo mi muerte en soledad, me importa un
carajo! De nada me arrepiento, estoy aquí 7 años las 24 horas, negándome a
vivir con las muchachas de la vida alegre, sólo para recordarte que no me
rindo, que sigo firme y fiel aquí, que no me fui ni me iré. Que no me rindo,
¡que no me rendiré!, porque esto es personal, es entre el mundo y yo, entre la
existencia y todas las preguntas sin respuestas que nos acompañan desde el
origen de los tiempos y, todas las injusticias que nos acompañan desde
entonces.
Vence el cansancio de un día extremadamente largo, un día de furia
enfrentándome contra la muerte. Ya a mis 17 años desafié a la Luna una noche de
lluvia y le grité que no me iba a vencer. Otra vez estoy en el mismo dilema.
¡No me vencerás! Así lo registrará la historia. Sólo pido iluminación,
sabiduría, palabras que ya no sé de dónde sacar. Al menos tengo la certeza
constante que siempre te recuperas, que siempre vuelves a pelear como un toro
bravío e invencible. No estás solo papá, no lo estás, estoy aquí. No hay nada
qué temer.
Nada.
Mañana volverá a salir el sol y sonreiremos, te cambiaré de ropa y me
volveré a hacer cargo de ti. El desayuno estará servido y, te llevaré a tomar
sol en la frentera del apartamento hasta que sea la hora de almorzar, hasta que
entiendas otra vez, como siempre te lo he hecho notar, hay mucho por avanzar,
mucho, más de lo que imaginas, porque eso me lo has demostrado siempre, dentro
de tu fuerza descomunal que inspira a otros adultos mayores con tus mismos
temores, temores que despreciaré cuando tenga tu edad, cuando ordene mi
eutanasia y me vengue de un mundo donde el ser humano siempre estuvo solo, en
medio del Cosmos, desde que empezamos a preguntarnos, ¿qué hacemos aquí?
Hasta mañana papá, hasta mañana, puedes dormir tranquilo, cuido de ti,
por lo tanto, no hay nada qué temer, nada, nada.

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