jueves, 8 de marzo de 2018

HISTORIA DE UN INFIEL







¿Y por qué te dejó tu mujer? Me quedé pensando a qué mujer se refería, en realidad se me vinieron más de cien muchachas a la mente en fracciones de segundo y tuve deseos en ese momento de eyacular. Nadie dejó a nadie, he sido y soy feliz con todas ustedes. ¿Entonces no eres del tipo de hombres que espera por una mujer digamos, si se citan en un café, media hora? A mis 46 años, estimada, 15 minutos sin una llamada de disculpas significan: terminar tranquilamente la Coca Cola servida sobre la mesa, pedir unos cubos más de hielo, calar intensamente los tabacos mentolados y, llamar a otra muchacha. No hay drama en ello. ¿Me quieres decir entonces que si te dijese que quiero estar contigo me contestarías que sí, pero si te fallase una vez, no dudarías en llamar a otra mujer? Creo que eso hacemos todos, indistintamente seamos hombres o mujeres, ¿no? Ya no tenemos 14 años como para hacernos ilusiones o sentir que nos han roto el corazón, lo cual no quiera decir que uno no tenga sentimientos, porque si me llamas a las 04:00 a.m. para decirme que te sientes muy mal, muy bien podré esperarte en mi apartamento para ayudarte en lo posible, pero algo  más, un compromiso, ¿te refieres a eso?, si de pronto yo estoy buscando un compromiso o tener una pareja estable, pues no, eso no tengo en mente, por más linda que seas. Tienes muchos lunares en el cuerpo acotó sin volver a tocar el tema.
Hicimos el amor. Le pedí para que eyaculara que me masturbara con violencia porque ya nos acercábamos a la hora y quería sentirme relajado. El sexo es también una forma que tenemos las personas para relajarnos. Ella era experta en masturbar a los hombres que solo botamos bastante líquido preseminal.  ¿Te puedo buscar? Yo lo haré cuando llame a este hotel, descuida. No quise decirle que yo no repito mujeres al momento de hacer el amor. Era mejor así, no recordar un nombre que ella cambia cada vez que está en otra ciudad. Me preguntaba sobre los besos que ya no doy a las mujeres, por los besos que recibí en demasía de las muchachas vírgenes que no se dejaban tocar el trasero, las que conocía en las Bibliotecas, cafés, discotecas, calles, bulevares o la misma universidad. ¿Quieres un halls? Ella lo aceptó y caminamos un trecho. Eran los noventas y fui uno de los primeros en la ciudad de Arequipa en raparme la cabeza. Ella era también una de las primeras en usar el cabello rojo, mejor dicho, era la tercera pelirroja que conocía en ese año si es que en 1997 había solo 3 pelirrojas en esta ciudad. Años después estaríamos en la casa de un amigo tratando de saber si es que podíamos tratarnos. Llevaba para mi asombro casi toda la espalda tatuada. No sabía qué era hacer el amor con una mujer voluptuosa. Porque cuando le alcancé el halls, lo primero que me atrajo no fue su mirada que de por sí atraía a cualquiera, era el cuerpo de una muchacha que tenía el cabello rojo: una rareza dentro de la ciudad. Fui un tonto, debo aceptarlo, tal vez ella habría sido el amor para mí, pero algo me dijo que las drogas y el alcohol no estaban dentro de mis búsquedas para saber qué es la vida o el amor. Ella era muy bohemia, lo más probable es que me pidiera con el tiempo que yo también llevara tatuajes, porque ni tatuajes tengo, ni aretes ni collares ni esclavas o alguna cruz, mucho menos un anillo. A lo mucho también fui uno de los primeros en usar el cabello bien largo, con la salvedad que se me ondulaba tanto que era difícil no diferenciarme entre los otros muchachos de mi generación que usaban también el cabello largo, pero lacio. Y dije que debí hacerle el amor, porque muchos años después supe qué era hacer el amor con una muchacha de 19 años, con un cuerpo muy voluptuoso, llena de carnes, de cabello castaño, la piel rosada y los ojos de una princesa. De todos modos no me puedo quejar: he tenido todas las mujeres que he querido y no he preñado a ninguna y, sé que tendré todas las que yo quiera, sin que necesariamente busque el amor, a mis 46 años.
¿Siempre ocupas el baño cada vez que vas a hacer el amor con cada una de nosotras? Ah, sí, es porque me excito antes de hacer el amor. Digamos que es mi manera de sentir mariposas antes de ser feliz con cada una de ustedes. ¿Pero el sentir mariposas no es solo para los que aman? A nuestra edad estimada, tú y yo, amamos de manera diferente a la de las demás personas. Qué raro, me dijo, no pareces necesitar el afecto de ninguna mujer, porque, ¿eres un solitario, no? ¿Y cómo te diste cuenta que soy un solitario? Porque los hombres  de tu buena presencia y manera de hacer el amor, rápidamente son atrapados por alguna amiga suya que ya quiere casarse. Bueno, digamos que paso mis horas de soledad escribiendo. ¿Precisamente sobre lo que ahora dialogamos? Me gusta que congenies conmigo, parece que me conocieras, pues sí, llegado el momento todos mis recuerdos se mezclan y cuando pienso en una muchacha termino pensando en otra y luego otra y eso hace difícil que me pueda concentrar para eyacular o tener un orgasmo, a ver, penetrarte para mí es el placer; alcanzar un  orgasmo es más bien como expulsar de mí todo lo malo de días difíciles para luego sentirme como nuevo. Pues se nota que no eyaculas hace días porque has botado mucha leche. Cogí el preservativo, me levanté, fui al baño, lo eché allí y jalé de la bomba. Ella seguía en la cama sin que yo supiera qué pensaba. ¿Me das un espacio?, quiero prender un tabaco mentolado. Tú debiste estar casado hace muchos años y hasta tener nietos de uno o dos años, no entiendo, no te entiendo. Ah, sé a qué te refieres, pasa que hay hombres que no nacemos para el matrimonio. ¿Tan infiel has sido siempre? No contesté, me quedé calando mi tabaco en silencio. Me sentía muy bien mientras ella contaba los lunares de mi pecho.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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