jueves, 8 de marzo de 2018

DE AROMAS, AMORES Y POEMAS







Había compuesto una canción muy buena, demasiado buena para este mundo
-silbaba así para mi soledad de 21 años en pleno Mirador  lleno de eucaliptos-
No sé a qué edad empecé a tener una fijación por el olor de las plantas
Tener una ciruela en la ventana pinchada con un clavo de olor era sinónimo de cambios,
Así, para que temporada, de una manera diferente debe oler mi apartamento.
-le melodía era muy buena, inspiración propia de los felices; ¿tan feliz era a mis 21 años?-
¡Qué es de esa linda vida!, era una expresión a la que estaba acostumbrado siempre
Ser ingenuo y tener 21 años era ser agradable para todos
-inspira confianza la pureza cuando lo inconfesable es ignorado-
El aroma de los eucaliptos para un muchacho de 21 años
-que ya debía ser un hombre; hasta ahora me dicen joven a pesar de tener 46-
Era todo lo que podía pedir un Poeta que caminaba a las 10 de la noche.
Poco iluminado el Mirador, las bancas vacías y la Luna
Me invitaron a sentarme a una banca desde donde contemplé el perfil arquitectónico
La ciudad en esos años carecía de turistas
Y las únicas muchachas rubias y de ojos claros que conocí fueron del puerto o de aquí.
En casa me esperaba una taza con café batido y los libros de siempre
-qué podía escribir un virgo anheloso de vida sin saber qué eso es la vida-
La costumbre de pasear de retorno a casa por las calles principales
Hasta internarme en las calles de los ambulantes
-siempre habría alguien que vendía libros; la ciudad parecía no dormir por esa zona-
No sabía que esas mujeres de trajes muy escotados eran putas
No sabía que el que estaba caminando de aquí a allá vendía drogas
No sabía qué mafias estaban en mi entorno
Y era camino a casa, para tomar el café batido por las manos de mi madre
Reírse un momento de las cosas que ocurrieron durante el día
Para luego entrar a mi habitación y tomar los libros como si fuera una ceremonia.
-la melodía compuesta era demasiado buena para este mundo, era necesario olvidarla-
Me sentaba frente a la máquina de escribir mientras prendía un tabaco
Y escribía lo que ocurriría pocos años después:
Un amor para el poeta desde una banca bajo la luz de la Luna en ese mismo Mirador
Bajo el aroma de los eucaliptos,
Lo necesario para en ese momento recordar
Esa melodía tan perfecta.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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