Había compuesto una canción muy buena, demasiado buena para
este mundo
-silbaba así para mi soledad de 21 años en pleno Mirador
lleno de eucaliptos-
No sé a qué edad empecé a tener una fijación por el olor de
las plantas
Tener una ciruela en la ventana pinchada con un clavo de
olor era sinónimo de cambios,
Así, para que temporada, de una manera diferente debe oler
mi apartamento.
-le melodía era muy buena, inspiración propia de los
felices; ¿tan feliz era a mis 21 años?-
¡Qué es de esa linda vida!, era una expresión a la que
estaba acostumbrado siempre
Ser ingenuo y tener 21 años era ser agradable para todos
-inspira confianza la pureza cuando lo inconfesable es
ignorado-
El aroma de los eucaliptos para un muchacho de 21 años
-que ya debía ser un hombre; hasta ahora me dicen joven a
pesar de tener 46-
Era todo lo que podía pedir un Poeta que caminaba a las 10
de la noche.
Poco iluminado el Mirador, las bancas vacías y la Luna
Me invitaron a sentarme a una banca desde donde contemplé el
perfil arquitectónico
La ciudad en esos años carecía de turistas
Y las únicas muchachas rubias y de ojos claros que conocí
fueron del puerto o de aquí.
En casa me esperaba una taza con café batido y los libros de
siempre
-qué podía escribir un virgo anheloso de vida sin saber qué
eso es la vida-
La costumbre de pasear de retorno a casa por las calles
principales
Hasta internarme en las calles de los ambulantes
-siempre habría alguien que vendía libros; la ciudad parecía
no dormir por esa zona-
No sabía que esas mujeres de trajes muy escotados eran putas
No sabía que el que estaba caminando de aquí a allá vendía
drogas
No sabía qué mafias estaban en mi entorno
Y era camino a casa, para tomar el café batido por las manos
de mi madre
Reírse un momento de las cosas que ocurrieron durante el día
Para luego entrar a mi habitación y tomar los libros como si
fuera una ceremonia.
-la melodía compuesta era demasiado buena para este mundo,
era necesario olvidarla-
Me sentaba frente a la máquina de escribir mientras prendía
un tabaco
Y escribía lo que ocurriría pocos años después:
Un amor para el poeta desde una banca bajo la luz de la Luna
en ese mismo Mirador
Bajo el aroma de los eucaliptos,
Lo necesario para en ese momento recordar
Esa melodía tan perfecta.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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