sábado, 6 de enero de 2018

LO QUE DEBE SABER LA MUCHACHA QUE ME LEE







¡Oh muchacha lectora!,
Los desengaños nos son comunes a todos,
Y tú y yo sabemos bien que el amor es una leyenda
Donde nada ocurre tal cual como fueron escritas las promesas.
Sobre el sexo te puedo decir que
Es igual con todas, sin distinción alguna
Que los años de la lujuria les llegan a todas
Entre rosarios y mantras, entre lo que fuera,
Es por tanto inútil luchar contra estos sanos apetitos,
¿Qué dicen los hipócritas de están en contra del aborto
Y no protestan por las muertes diarias que hay en el mundo
Luego de valerse de todos los medios para inducir la menstruación?
¡A nadie hagas caso cuando sientas en tu corazón algo distinto!
No pienses nunca que el corazón miente,
Nuestros instintos no se equivocan, por eso seguimos vivos.
¡Ah, si la sabiduría buscases, entiende, no hay sabio sincero!
Todo aquello que quieras conseguir en este mundo
Comprenderás que te costará más de lo que imaginas,
¡El alma perderás una noche donde la soledad sea total y no puedas más!
Sin embargo, yo que he escrito con vehemencia
Yo que he tocado todas las puertas creyendo en el: “Pedid y se os dará”,
Te puedo entre otras cosas decir de las mentiras no solo de los textos sagrados
O la perseverancia de los ilusos, de los que como yo despertamos
Y pensamos si aún quede alguien creyendo en lo que se propuso para cuando fuera adulto.
Cegados por el apetito de poder y riquezas
Debes entender muchacha lectora,
Nos es común la soledad y el no poder confiar en nadie,
¡Ah, los sentimientos!
Amarás hasta ver en tu piel delicada el nombre del hombre que te dejará
Y en la noche de las venganzas, deberás ser fuerte antes de todos los errores
Que hacen maldecir la vida.
¿Cruzaste ya los océanos para saber de los hombres diferentes?
¿Escuchaste las derrotas de los invencibles?
¿Rompiste tus poemas cuando en el rededor otras verdades hallaste?
O entendiste que las horas graves nos hicieron más fuertes
Cuando evocamos al amor, el destino perdido y el mundo que no nos pertenece,
Te daré mi mayor sentencia desde todas las traiciones y soledades:
“Los elegidos por la historia que llegaron  a ser grandes
Nunca supieron para qué fue tanta gloria,
Sin embargo algo permaneció dentro de ellos que no varió ni variará en la memoria del hombre:
La impronta de enseñanzas necesitadas
Para los que somos parecidos,
Para los que buscaron testimonios como éste,
Justo cuando todo se dio por perdido”.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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