sábado, 10 de febrero de 2018

EL HOMBRE QUE LLEGÓ A LA CIMA







¿Debería perdonarte?, calaba mi tabaco mientras me apoyaba en el marco de la puerta. Desde la ventana la ciudad era hermosa, es raro, hacía tiempo que no percataba algo que fuera hermoso, mucho menos cuando se trata de una ciudad donde hay decenas de miles de personas en que nadie conoce la felicidad, es decir, hombres trabajando para otros hombres, mujeres siendo maltratadas por los hombres maltratados en sus trabajos y, niños que solo escuchan gritos y más gritos, anhelando ser mayores para ser libres.
El mundo puede ser tuyo, ¿para qué?, ¿para ser como los que tanto rechazo?, ella estaba recostada sobre una cama muy amplia y precisa para el amor. Soy la mujer que tanto has buscado, a mi lado, podrás escribir todos los libros que desees y todos te leerán, te daré fama y buen nombre, las puertas en donde estés te serán abiertas. Calé mi tabaco mientras observaba sobre la mesa de noche varias líneas de cocaína y dos vasos con whisky. ¿Es esto lo que me ofreces? Nunca hubo más nada, ya no tendrás que fumar ni consumir Kola Real, ya no tendrás por qué quejarte de no tener dinero para pagarle a una puta, conmigo, podrás hacer el amor todo el tiempo que desees, yo sé que ya conoces la eternidad en el sexo y sé, que no tienes una sola moneda en tu bolsillo y eso te molesta mucho. Me molesta que en este mundo todos crean que todos tienen precio. Me acerqué a la ventana para sentir el barullo de la ciudad, desde donde estábamos se podía sentir la paz, la tranquilidad de los barrios burgueses. ¿No querrías recorrer el mundo y salir en las portadas de las mejores revistas?, no soy una promesa que dure unos meses o años, soy la reina en este lugar, soy la que hace cambiar las reglas cuando lo desee y ante mí, no hay hombre lo suficientemente poderoso para que pueda desdecir mis órdenes.
La mujer era extremadamente bella, de unos aparente 27 años, tenía un collar de perlas que brillaban sobre su pecho descubierto, para ser exacto, estaba desnuda sobre la cama y su aroma nunca antes lo había conocido, era un aroma de brujas, un aroma que te relajaba y hacía sentir que todo iba a estar siempre bien. Entonces calé con más intensidad mi tabaco. Estaba erecto y con mucho deseos de hacerle el amor. Sus pechos eran enormes y perfectos, unos senos capaces de hacer perder el control a cualquiera. Estaba libre de tatuajes y su larga cabellera albina parecía brillar en medio de la media luz de la habitación. Extremadamente blanca y de ojos grises, no tenía marca de carmín en sus labios casi blancos. Probó del vaso de whisky mientras esnifó una línea de cocaína que estaba a su mano. ¿Quieres decirme que todos estamos equivocados?
Al levantarse vi unas caderas impresionantes y unos muslos como piernas perfectas entre una cintura que rápidamente visualicé haciéndole el amor. Yo te formé y di vida, tu manera de pensar fue condicionada durante todo este tiempo por mis padres para que fueras el hombre que debiera desposarme.
Apagué el tabaco y me acerqué donde ella mientras abría sus piernas. Ella estaba excitada, cogí sus labios vaginales y los abrí. No eres virgen, acoté de inmediato, no tienes la membrana del himen, otros hombres te han vivido. Ella intentó quitarme la camisa inútilmente. La eché contra la cama. Una reina es invencible hasta con sus bajas pasiones. ¡Eres un imbécil!, te ofrezco todo el mundo y lo rechazas, gritó mientras yo de espaldas a ella, observaba el derredor, diamantes, cuadros enmarcados en oro blanco, alfombras persas que en toda mi vida trabajando de peón jamás habría podido pagar. Voltee hacia ella.
¿Entonces quieres decirme que la miserable vida que he llevado hasta ahora tus padres la planificaron para mí? Ella empezó a acercarse hacia mí como una gata para sujetarme las piernas. ¡Eres mío!, ¿entiendes eso?, ninguna mujer se atreverá a acercarse a ti, aquí soy la más temida y la que manda. Vayas donde vayas, mi nombre será tu maldición y nadie querrá hablarte ni estar a tu lado. Toda mujer que quiera saber de tu amor será maldita para que ninguna  otra intente acercarte a ti.
Prendí otro tabaco, me acerqué hacia la ventana, ella bebió otro trago más de su vaso con whisky, esnifó otra línea de cocaína y me dijo: no tienes dónde escapar, llegará el día que tu pene haya crecido tanto por aguantar el deseo de hacer el amor, que te arrepentirás de haberme rechazado y ninguna mujer querrá ser tuya. No puedes rechazar a la mejor.
No te rechazo a ti, que te veo como me hiciste ver a las demás, en el aprendizaje que me has dado, te veo como a una ramera más. Lo que rechazo es la sabiduría que tengo. Tengo 46 años y sé qué quiero más allá de todo lo que me hayas enseñado, porque una cosa es el aprendizaje y otra muy distinta, la esencia, y eso no es tuyo sino mío.
Cerré la puerta, la ciudad era aparentemente tranquila, el mundo inmenso, mi soledad marcada para siempre. Había conocido a la dueña del mundo y, el mundo que me ofreció no es el que yo busco. Escupí sobre el piso, fue un tributo a la sabiduría de noches de llorar a rabiar que me entregó. No, me repetí, jamás sería tan mierda como ellos.
Y caminé sin rumbo, ya no había adónde más llegar.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

No hay comentarios:

MANIFIESTO EN CONTRA DE LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD DEL PARTIDO COMUNISTA CHINO Y XI JINPING, PERPETRADOS CONTRA PERÚ Y EL MUNDO

Cuando hubo el huayco aquí en Arequipa, un fenómeno inusual, empecé a gritar, porque lo vi frente a mis ojos, acusé a China y al HAARP. Er...