¿Debería perdonarte?, calaba mi
tabaco mientras me apoyaba en el marco de la puerta. Desde la ventana la ciudad
era hermosa, es raro, hacía tiempo que no percataba algo que fuera hermoso,
mucho menos cuando se trata de una ciudad donde hay decenas de miles de
personas en que nadie conoce la felicidad, es decir, hombres trabajando para
otros hombres, mujeres siendo maltratadas por los hombres maltratados en sus
trabajos y, niños que solo escuchan gritos y más gritos, anhelando ser mayores
para ser libres.
El mundo puede ser tuyo, ¿para
qué?, ¿para ser como los que tanto rechazo?, ella estaba recostada sobre una
cama muy amplia y precisa para el amor. Soy la mujer que tanto has buscado, a
mi lado, podrás escribir todos los libros que desees y todos te leerán, te daré
fama y buen nombre, las puertas en donde estés te serán abiertas. Calé mi
tabaco mientras observaba sobre la mesa de noche varias líneas de cocaína y dos
vasos con whisky. ¿Es esto lo que me ofreces? Nunca hubo más nada, ya no
tendrás que fumar ni consumir Kola Real, ya no tendrás por qué quejarte de no
tener dinero para pagarle a una puta, conmigo, podrás hacer el amor todo el
tiempo que desees, yo sé que ya conoces la eternidad en el sexo y sé, que no
tienes una sola moneda en tu bolsillo y eso te molesta mucho. Me molesta que en
este mundo todos crean que todos tienen precio. Me acerqué a la ventana para
sentir el barullo de la ciudad, desde donde estábamos se podía sentir la paz,
la tranquilidad de los barrios burgueses. ¿No querrías recorrer el mundo y
salir en las portadas de las mejores revistas?, no soy una promesa que dure
unos meses o años, soy la reina en este lugar, soy la que hace cambiar las
reglas cuando lo desee y ante mí, no hay hombre lo suficientemente poderoso
para que pueda desdecir mis órdenes.
La mujer era extremadamente
bella, de unos aparente 27 años, tenía un collar de perlas que brillaban sobre
su pecho descubierto, para ser exacto, estaba desnuda sobre la cama y su aroma
nunca antes lo había conocido, era un aroma de brujas, un aroma que te relajaba
y hacía sentir que todo iba a estar siempre bien. Entonces calé con más
intensidad mi tabaco. Estaba erecto y con mucho deseos de hacerle el amor. Sus pechos
eran enormes y perfectos, unos senos capaces de hacer perder el control a
cualquiera. Estaba libre de tatuajes y su larga cabellera albina parecía
brillar en medio de la media luz de la habitación. Extremadamente blanca y de
ojos grises, no tenía marca de carmín en sus labios casi blancos. Probó del
vaso de whisky mientras esnifó una línea de cocaína que estaba a su mano.
¿Quieres decirme que todos estamos equivocados?
Al levantarse vi unas caderas
impresionantes y unos muslos como piernas perfectas entre una cintura que
rápidamente visualicé haciéndole el amor. Yo te formé y di vida, tu manera de
pensar fue condicionada durante todo este tiempo por mis padres para que fueras
el hombre que debiera desposarme.
Apagué el tabaco y me acerqué
donde ella mientras abría sus piernas. Ella estaba excitada, cogí sus labios
vaginales y los abrí. No eres virgen, acoté de inmediato, no tienes la membrana
del himen, otros hombres te han vivido. Ella intentó quitarme la camisa
inútilmente. La eché contra la cama. Una reina es invencible hasta con sus
bajas pasiones. ¡Eres un imbécil!, te ofrezco todo el mundo y lo rechazas,
gritó mientras yo de espaldas a ella, observaba el derredor, diamantes, cuadros
enmarcados en oro blanco, alfombras persas que en toda mi vida trabajando de
peón jamás habría podido pagar. Voltee hacia ella.
¿Entonces quieres decirme que la
miserable vida que he llevado hasta ahora tus padres la planificaron para mí? Ella
empezó a acercarse hacia mí como una gata para sujetarme las piernas. ¡Eres
mío!, ¿entiendes eso?, ninguna mujer se atreverá a acercarse a ti, aquí soy la
más temida y la que manda. Vayas donde vayas, mi nombre será tu maldición y
nadie querrá hablarte ni estar a tu lado. Toda mujer que quiera saber de tu
amor será maldita para que ninguna otra
intente acercarte a ti.
Prendí otro tabaco, me acerqué
hacia la ventana, ella bebió otro trago más de su vaso con whisky, esnifó otra línea
de cocaína y me dijo: no tienes dónde escapar, llegará el día que tu pene haya
crecido tanto por aguantar el deseo de hacer el amor, que te arrepentirás de
haberme rechazado y ninguna mujer querrá ser tuya. No puedes rechazar a la
mejor.
No te rechazo a ti, que te veo
como me hiciste ver a las demás, en el aprendizaje que me has dado, te veo como
a una ramera más. Lo que rechazo es la sabiduría que tengo. Tengo 46 años y sé
qué quiero más allá de todo lo que me hayas enseñado, porque una cosa es el
aprendizaje y otra muy distinta, la esencia, y eso no es tuyo sino mío.
Cerré la puerta, la ciudad era
aparentemente tranquila, el mundo inmenso, mi soledad marcada para siempre. Había
conocido a la dueña del mundo y, el mundo que me ofreció no es el que yo busco.
Escupí sobre el piso, fue un tributo a la sabiduría de noches de llorar a
rabiar que me entregó. No, me repetí, jamás sería tan mierda como ellos.
Y caminé sin rumbo, ya no había
adónde más llegar.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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