Le decía eso a ella: el sexo te
da sentido del humor, se segregan hormonas propias de la felicidad y nos hace
sentir bien ante las adversidades, es por ello fácil reconocer quién tiene sexo
y quién no y, no es que precisamente hablemos de su autoestima o sea esa la
razón del porqué ustedes eligen siempre a los hombres que sonreímos, que vamos
por el mundo muy seguros, despreciando a unas y eligiendo a otras, sin ninguna
prisa para el amor, pero erectos en el momento cuando se nos solicita, fáciles
en la palabra y las decisiones donde otros dudan o ustedes esperan nuestro
aplomo o determinación, porque suena siempre de manera diferente el: “¿vamos a
mi apartamento?”, cuando se siente el deseo a flor de piel sin que se deje de
ser espontaneo. Los lujuriosos siempre hemos sido fascinación para esas
muchachas que no quieren en la cama, hombres impotentes que les hagan sentir
menos deseadas o les depriman por no hacerlas sentir sexys. Por ello, cuando un
hombre y una mujer hablan de manera desembarazada, es natural que se hable de
estas cosas y así se legue a tener una empatía que no es forzada, porque
siempre hablar de sexo relaja o invita al amor, a la intimidad, porque eso nos
calienta y nos hace desear ser felices con quien estamos compartiendo nuestras
intimidades, claro está, cuando la constancia en el sexo hace que se nos
reconozca. Así, un hombre que va por el mundo gastando bromas y que es muy difícil
de enojarse, es alguien que sin duda, ha hecho el amor hace unos minutos y que
siente el mundo puede ser suyo, sin que tenga reparo alguno en volver a hacer
el amor con la muchacha que lo percate y desee saber de su misterio. Porque eso de besarse por horas para que
recién el varón tenga una erección le quita la pasión a todo encuentro. Las mujeres
quieren un hombre que no solo se ría de todo cuando se trata de hablar de sexo,
sino que además, de manera rápida se dé cuenta que las tiene vulnerables,
indefensas ante él y las puede tomar de la mano, la cintura, abrazarlas y
besarlas provocando reacciones donde se sientan amadas, deseadas y solicitadas
por un hombre que solo quiere hacer el amor de manera insaciable.
Ella que me tenía abrazado, me
preguntaba entonces: ¿y cómo se reconoce a un hombre feliz en diferencia de un
hombre que no disfruta de nosotras? Tenía mis manos acariciando su cintura que
voluptuosa me excitaba, la tenía muy pegada a mí en plena avenida. El ser atrevido es algo que les quita la vergüenza
a ellas, el hacerlas sentir en medio de muchas personas es una fantasía que
pocas veces logran realizar si es que aún no han hallado al hombre que sea
capaz de hacerles sentir como si fueran protagonistas de una historia de amor,
como el estar en escena y ser el centro de toda atención, donde las personas
asombradas voltean para sentir la envidia natural de los que contemplan al
amor, otra vez al amor, ese amor que no es para todos, el que se necesita para
seguir vivos y se ve, se contempla y se quiere.
Pues es sencillo, caminemos por
esta avenida y veamos los rostros de los hombres, ¿ves ése que va con la camisa
extremadamente abierta, con el pecho descubierto, ¿ves cómo camina?, está bien
erguido y si mirada parece ser la de un felino en casa, lo más probable que su
sonrisa sea correspondida en breve por una mujer necesitada de amor, ése hombre
tiene una vida sexual muy intensa y, eso cariño, implica una erección
inmediata, experiencia para hacer el amor, desapego porque la mujer sabe que él
tendrá muchas oportunidades en la ciudad con
las que son sus mujeres y las que
han de serlo y por tanto, es un canalla con todas las de la ley y, eso es
precisamente lo que ella desea, alguien que no la esté llamando a cada momento,
alguien desesperado, sino más bien sea alguien que esté todo el tiempo ocupado haciendo el amor,
alguien que nunca le dirá no, a pesar de tener muchas mujeres, para cuando ella
quiera otra vez sentirlo suyo. Ya, eso está claro Mauricio, pero y, cómo
reconoces a los que no hacen el amor seguidamente o a los impotentes. Es muy
simple, contempla el rostro de los demás, son rostros agotados, cansados,
tristes, desganados o enojados, rostros que emanan una vibración no deseable,
así miremos a unos y otros, ése tiene
sexo, ese no, ese es impotente, ese es virgen y los que están ausentes y saben
qué es lo mejor de la vida, están ahora haciendo el amor, porque los felices no
se pasean por las calles, los felices solo hacemos el amor y no salimos para
nada de nuestras habitaciones.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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