miércoles, 29 de agosto de 2018

EL SECRETO DEL SENTIDO DEL HUMOR







Le decía eso a ella: el sexo te da sentido del humor, se segregan hormonas propias de la felicidad y nos hace sentir bien ante las adversidades, es por ello fácil reconocer quién tiene sexo y quién no y, no es que precisamente hablemos de su autoestima o sea esa la razón del porqué ustedes eligen siempre a los hombres que sonreímos, que vamos por el mundo muy seguros, despreciando a unas y eligiendo a otras, sin ninguna prisa para el amor, pero erectos en el momento cuando se nos solicita, fáciles en la palabra y las decisiones donde otros dudan o ustedes esperan nuestro aplomo o determinación, porque suena siempre de manera diferente el: “¿vamos a mi apartamento?”, cuando se siente el deseo a flor de piel sin que se deje de ser espontaneo. Los lujuriosos siempre hemos sido fascinación para esas muchachas que no quieren en la cama, hombres impotentes que les hagan sentir menos deseadas o les depriman por no hacerlas sentir sexys. Por ello, cuando un hombre y una mujer hablan de manera desembarazada, es natural que se hable de estas cosas y así se legue a tener una empatía que no es forzada, porque siempre hablar de sexo relaja o invita al amor, a la intimidad, porque eso nos calienta y nos hace desear ser felices con quien estamos compartiendo nuestras intimidades, claro está, cuando la constancia en el sexo hace que se nos reconozca. Así, un hombre que va por el mundo gastando bromas y que es muy difícil de enojarse, es alguien que sin duda, ha hecho el amor hace unos minutos y que siente el mundo puede ser suyo, sin que tenga reparo alguno en volver a hacer el amor con la muchacha que lo percate y desee saber de su misterio.  Porque eso de besarse por horas para que recién el varón tenga una erección le quita la pasión a todo encuentro. Las mujeres quieren un hombre que no solo se ría de todo cuando se trata de hablar de sexo, sino que además, de manera rápida se dé cuenta que las tiene vulnerables, indefensas ante él y las puede tomar de la mano, la cintura, abrazarlas y besarlas provocando reacciones donde se sientan amadas, deseadas y solicitadas por un hombre que solo quiere hacer el amor de manera insaciable.
Ella que me tenía abrazado, me preguntaba entonces: ¿y cómo se reconoce a un hombre feliz en diferencia de un hombre que no disfruta de nosotras? Tenía mis manos acariciando su cintura que voluptuosa me excitaba, la tenía muy pegada a mí en plena avenida. El  ser atrevido es algo que les quita la vergüenza a ellas, el hacerlas sentir en medio de muchas personas es una fantasía que pocas veces logran realizar si es que aún no han hallado al hombre que sea capaz de hacerles sentir como si fueran protagonistas de una historia de amor, como el estar en escena y ser el centro de toda atención, donde las personas asombradas voltean para sentir la envidia natural de los que contemplan al amor, otra vez al amor, ese amor que no es para todos, el que se necesita para seguir vivos y se ve, se contempla y se quiere.
Pues es sencillo, caminemos por esta avenida y veamos los rostros de los hombres, ¿ves ése que va con la camisa extremadamente abierta, con el pecho descubierto, ¿ves cómo camina?, está bien erguido y si mirada parece ser la de un felino en casa, lo más probable que su sonrisa sea correspondida en breve por una mujer necesitada de amor, ése hombre tiene una vida sexual muy intensa y, eso cariño, implica una erección inmediata, experiencia para hacer el amor, desapego porque la mujer sabe que él tendrá muchas oportunidades en la ciudad con  las que son sus  mujeres y las que han de serlo y por tanto, es un canalla con todas las de la ley y, eso es precisamente lo que ella desea, alguien que no la esté llamando a cada momento, alguien desesperado, sino más bien sea alguien que esté todo el tiempo ocupado haciendo el amor, alguien que nunca le dirá no, a pesar de tener muchas mujeres, para cuando ella quiera otra vez sentirlo suyo. Ya, eso está claro Mauricio, pero y, cómo reconoces a los que no hacen el amor seguidamente o a los impotentes. Es muy simple, contempla el rostro de los demás, son rostros agotados, cansados, tristes, desganados o enojados, rostros que emanan una vibración no deseable, así miremos a unos y otros,  ése tiene sexo, ese no, ese es impotente, ese es virgen y los que están ausentes y saben qué es lo mejor de la vida, están ahora haciendo el amor, porque los felices no se pasean por las calles, los felices solo hacemos el amor y no salimos para nada de nuestras habitaciones.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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