Nuestro silencio es cuando alguien se quita la vida
Porque la lucha en cada uno de nosotros es extrema
Los y las que no aguantaron se quedarán para siempre en
nuestras penas
Pero las alegrías las recibimos de los que se aferraron a la
vida
Y al llegar al final del camino
Nos enseñaron que todo lo que nos pudo haber pasado
No solo fue sabiduría, además y, esto es curioso en el ser
humano
El dolor sentido no solo nos hace más fuertes
¿Recuerdas tus gritos bajo la noche?
¿Las noches en que llorabas sin que nadie pudiera responder?
Ah, hasta las personas más malvadas nos ayudaron sin
quererlo
Pero lo que más ama
el ser humano
Es la bondad en los que triunfaron
El que no hayan cambiado y desde lo más alto
Sonrientes nos repitan hasta el cansancio
Que la vida vale la pena
Que desde la soledad insoportable
Hasta la rebeldía más genuina
Sin darnos cuenta, eso nos hizo desiguales
Y por tanto, prestos a la atención de un mundo sin héroes
Donde pocas veces nos atrevemos ver a las estrellas
Porque las tristezas son inmensas
Pero se esfuman cuando lo imposible ha sido vuelto a vencer
Cuando el escenario de la vida nos entrega más
satisfacciones
En medio de desesperanzas e incertidumbres
Y así, los felices, son personas que insistieron contra todo
Y eso nos contagia y llena de entusiasmo
Porque si el que fue dado por vencido sin posibilidad alguna
Cuando su sola presencia nos motiva con sinceridad
Es cuando comprendemos a qué imagen y semejanza estamos
hechos
Si acaso así es el ser humano
Cuando alguien vuelve a gritar: ¡Sí se puede!
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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