No soporto a una mujer en mi
compañía por más de 5 horas a no ser que sea para tener 5 horas de sexo
continuo donde la felicidad prevalece, luego, el diálogo sé, es imposible para
mí, porque entiendo que las personas desean ser oídas y yo soy un hombre de
100,000 palabras que teme hablar con las personas, porque fuera de ese discurso
de 100,000 palabras aparece otra vez en mí el discurso dictatorial de mis
convicciones: el debe ser, porque cada persona, sea varón o mujer tiene esas
mismas características dentro de todas las formas de pensar que hayan así se
nieguen a aceptar dentro de sus discursos un “debe ser”, porque con o sin ese “debe
ser”, siempre habrá una manera para decir con omisión incluida: en mi sabiduría
el mundo es de la forma que me ha tocado aprenderla y, por supuesto, yo tengo
la razón, no tú,
Los diálogos con mis amigos
varones es negado porque si no soporto a mis amante fuera de que sea solo para
hacer el amor, dialogar seguido con un amigo varón me genera sensaciones
desagradables, lo propio que sienten la mayoría de varones que entienden la
paranoia de sentirse feminizados por hacer empatía con otro varón en el diálogo
y por ello, para desinhibirse y no sentirse feminizados, tengan que beber para
evadir las pesadillas de no sentirse viriles en un diálogo entre varones. Me siento
seguro por ejemplo dialogando con varones con mucha experiencia sexual y con
muchas mujeres porque lo veo como a un igual y estoy convencido de sus
preferencias sexuales, no con varones que aún no están definidos y no saben qué
es lo que quieren, pero aun así, prefiero mis silencios y mi soledad para poder
así escribir y solo sentir en mi consciencia mi propia voz.
De mi rechazo al alcohol parto de
mis experiencias del ridículo que me hace el estar ebrio, desde el haberme
desnudado solo para mostrarles el trasero a las muchachas en pleno estado de
ebriedad en parques públicos o el ponerme muy violento a tal manera de desafiarlo todo sin medir
los peligros, convirtiendome en un peligro común y, sé, ello no quiero dentro de
mis opciones para ser feliz o evadirme de la realidad, si acaso mi manera más
efectiva para reír y ser feliz es escribiendo y haciendo el amor con la
muchacha que yo elija.
No está dentro de mi plan de vida
casarme o quedarme con una mujer como compañera. Está el hacer el amor de la
manera en que lo sigo haciendo y dedicarme a escribir, consumiendo litros de
agua, calando mis tabacos mentolados, desde mi espacio propio y sintiendo el
orgasmo de escribir desde un rechazo a cualquier tipo de compañía.
Hago daño con mi manera de pensar
cuando empiezo a dialogar porque soy demasiado mal pensado o suspicaz y entonces
entiendo lo que me dijera un amigo que en su momento fue de mucha confianza: Mauricio,
debes tener mucho cuidado al momento de hablar, porque tienes el raro don de
poder generar situaciones muy peligrosas apenas hablas. Más allá de la manera
convencida de expresarme o el hecho de ser verás, a mis 47 años, el placer es
saber que puedo estar bien de esta manera: estar todo el día sentado frente al
ordenador y escribir, porque si bien, soy el hombre de las 100,000 palabras diarias,
pues en mi silencio, este discurso se desarrolla desde lo que escribo siendo mi
recompensa hacerle el amor a esas muchachas que saben, he acudido donde ellas
porque ya no puedo más con la vida y necesito revigorizar mi estar en este
mundo para volver a tener bien claras mis ideas y sentarme al ordenador para
escribir lo que a voluntad he elegido escribir sobre la vida, cuando me expreso
con autoridad sobre La Libertad o la Ética, el Amor y las experiencias extremas
o el Cada vez es peor.
Dentro de todas las maneras
ideales para vivir y, dentro de todos los destinos imposibles donde sé, la vida
no es fácil para nadie dentro de este mundo, hay, para certeza de todas las
personas del planeta, alguien que es feliz y, ese soy yo, porque me dedico a
escribir, si es que ése es mi sueño y cada persona tiene su propio sueño,
acompañado del miedo de si es posible que se haga realidad mientras me leen u
observan y ven que hay alguien dentro de este mundo que es feliz, haciendo
realidad el suyo, cuando todo parece no tener sentido en un mundo donde todos
están contra todos y Mauricio es feliz, escribiendo, como debería ser con las
demás personas, cuando meditan en todos sus esfuerzos, para hacer realidad sus
propios sueños si acaso soy yo el que dijo en un vigoroso espasmo dentro de un auditorio lleno de cientos de muchachos universitarios: ¡a este mundo hemos venido a realizar nuestro sueños!
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
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Julio Mauricio Pacheco Polanco
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