Nunca miento a nadie, cuando
conozco a una muchacha que me atrae, siempre le digo que nunca le seré fiel,
que siempre habrán otras y que es mejor que no pierda su tiempo creyendo que la
amaré. Amar, es algo que desconozco a mis 47 años, por lo que me resulta muy
difícil pensar que pueda amar, otra cosa es que quiera a las que yo desee y, en
ello soy sincero siempre, diría que me relaciono con muchachas que tienen el
corazón de piedra, tampoco soy de los hombres que enamoran a las muchachas
decentes para tener sexo, enamorar, enamorar me suena tan cursi, tan desleal a
mi manera de sentir placer. Por qué tendría que quedarme con una sola cuando sé
que puedo tener a todas las muchachas que desee. No, no me gusta por tanto
jugar al cazador, que para ello, sé elegir con qué muchachas hacer el amor para
luego no tener que arrepentirme por dolores causados ante quienes no lograrán
jamás entenderme.
Calo un tabaco mentolado mientras
espero la quincena para elegir a una nueva veinteañera, porque pagaré por un
servicio donde podremos entregarnos y recordar lo que alguna vez sentimos, pero
ello no quiere decir que nos enamoraremos o nos uniremos para siempre.
Las noches por ejemplo, para mí
las noches son una cita constante con el suicidio, con mi negación a quitarme
la vida. Sé que pueda parecer un escrito enfermo, pero cuando me asechan este
tipo de emociones, cierro mis ojos y acudo a mis memorias y, es entonces cuando
empiezo a visualizar a las centenas de muchachas que fueron mías mientras
empiezo a sentir erecciones constantes y me repito, qué tonto se quitaría la
vida cuando el placer es real, cuando sé que soy un hombre libre que se une con
mujeres libres, mujeres más fuertes que yo, incapaces de pensar en el suicidio,
incapaces de sentir penas, ni por ellas, ni por nadie.
Creo que pensar en ello me
fortalece, el saber que mis iguales en el amor jamás pensarían en ello, porque
lo sé.
Calo el tabaco mientras pienso en
cómo ha de ser la muchacha que me entregue su alma al momento de hacer el amor,
cuando desconcertada, sepa de mi leyenda, de la fuerte vibración que emana mi
cuerpo cuando estoy dentro de ellas.
Por ello, no necesito enamorar a
muchachas que me harían perder mi tiempo y dinero, sabiendo que hay tantas para
elegir, si es que entre esas, están las más bellas, más inclusive que las
mismas muchachas decentes y, con el plus que saben hacer el amor, que están
sanas, que no reclamarán nunca nada y que el trato siempre será ese: el nunca
llamarse para pedir ayuda.
No necesitamos de nadie en este
mundo, creo eso es solo para pocos, porque el placer lo cura todo y, para ser
puta, hay que ser algo así como la comparación con el superhombre, pero claro,
eso las muchachas no lo entenderían nunca, ni tampoco es mi deseo que lo
entiendan.
Pruebo de mi KR Limón y pienso en
las parejas que se complican la vida tontamente, mientras hago este escrito y
me detengo para pensar cómo soy yo, un hombre de 47 años que prende un tabaco a
mitad de la calle sin que ninguna mujer se lo prohíba, que no tiene hijos con
ninguna y que tiene todo el tiempo del mundo para escribir sin extrañar a
ninguna, con el único ánimo de seguir escribiendo sin tener que estar
supeditado a la influencia de ninguna mujer, mucho menos a sus caprichos o
terquedades.
Y sé que me voy a quedar solo,
pero eso es algo a lo cual estoy acostumbrado, que al fin y al cabo, la única
amante que me entiende al momento de querer hablar siempre fue la Literatura.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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