miércoles, 8 de mayo de 2019

EL CLUB DE LA LUJURIA






Los tipos tendrían unos 75 años, adinerados y conocedores de las golosas, esas que mandaron todo al diablo y cuyas fantasías eran hacer el amor con hombres muy ancianos pero vigorosos, con mucha experiencia en la cama, sueltos de sí mismos, capaces de hacerlas sentir sucias, perversas en el grado superlativo, lo que no podían hacer sus parejas con ellas. Esto hay que celebrarlo, de pronto dijo uno de ellos, conozco una casa donde venden picantes sabrosos y solo pocas personas saben que allí hay muchas veinteañeras que en vez de pasar la tarde en las Bibliotecas, están allí, disfrutando de la vida al máximo, sin que nadie se entere. Habían cerrado el contrato compra venta de unos predios y el resultado había sido favorable para ellos, los compradores, hombres de 75 años que alguna vez estuvieron casados y de ello, no les quedaba un grato recuerdo. Se habían recorrido toda la costa del país siendo felices. Ellos como nadie sabían de la lujuria.
Recuerdo a la muchacha de cabello largo negro, perfecta para los bobos que desean casarse. No pensé que muchachas tan bellas estuvieran en esos locales. Me escapé de casa porque me dio la gana. Se levantó de donde estaba recostada, absorta en su mundo de libertad y tomándome de la mano me llevó a subir unas gradas en escalinata que conducían a una habitación que quedaba en una especie de mezanine. No hubo tiempo para preguntar quién era, mucho menos para saber su nombre. Ella tendría unos 18 años cumplidos y me decía que buscaba hombres de verdad, esos tipos rudos que siendo solitarios de la noche, carecían  de amigos y mujer, que eso del amor era una experiencia que sirvió más para perder el tiempo que para ser feliz. ¿Tú amaste alguna vez? En ese momento pensé que podría amarla a ella por lo hermosa que era pero luego lo medité y recordé a todas las muchachas que fueron mías, indomables, difíciles de controlar en su pasión, capaces de mandar a cualquiera al carajo, sin ánimo de tener un solo hombre para ellas, sin ningún deseo que alguno la retuviera. Eran las muchachas que no nacieron para tener un solo hombre. Me pregunté por esos tontos que bebían con ellas y que al subir las escalinatas, apenas podían estar en pie. ¿Así no se puede disfrutar de un buen sexo? Así que lujuria, ¿eh? No te he traído aquí para que me converses, solo deseo ser amada.
Mauricio, parece que no te enteras de nada, las más caras son las modelos que salen para autos o futbolistas, esas muchachas muy bellas, rubias, de ojos claros y de apellidos de prosapia, ellas solo quieren sentir placer, es la condición humana, lo vieron en sus tías, en sus madres, en todas las mujeres de sus familias, muy bien de clase, finas en el trato y cultas pero, con hombres que se habían cansado de hacer el amor con ellas, había, recuerdo, un salón de belleza donde solo iban varones para hacerse la barba, en realidad en un ambiente aparte e interno, ellas estaban allí, con furores uterinos, bien casadas, con hijos y todos los lujos de hombres que no les importaba lo que ellas hicieran, tú sabes, con tal que las dejaran satisfechas y les dejaran trabajar, pues ellos hacían sus viajes de negocio con muy sensuales y bellas muchachas a las islas del Caribe, mientras ellas hacían lo mismo. Pero, ¿y el amor? No sé de qué me hablas, Mauricio, eso es enfermizo, tanto para ellas como para ellos, aquí la vida se pasa en un segundo y lo menos que quieren las mujeres es ser controladas por hombres machistas y celosos, ellas solo quieren hacer lo que les da la gana, ¿te cuesta entender eso? Agradece que no te casaras, pocos hombres llegaron a tu edad para saber de esto sin tener que lidiar con mujeres que los encadenen.
Y ¿el cobro? Ah, la vieja costumbre que nunca debe perderse, eso es simbólico para ellas, es un simple billete que les provoca orgasmos, ser las mujerzuelas más baratas, las que son capaces de hacer cualquier cosa por un billete, lo que les excite y les haga sentir putas, cosa que veo aún no entiendes, ellas quieren sentirse putas, total, los hombres que las visitan nunca revelarán sus identidades para no perder sus favores, porque tú no lo harías, ¿no? Claro que no, pero qué es esto entonces. Es el club de la lujuria, mi estimado Escritor.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco





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