Los tipos tendrían unos 75 años,
adinerados y conocedores de las golosas, esas que mandaron todo al diablo y
cuyas fantasías eran hacer el amor con hombres muy ancianos pero vigorosos, con
mucha experiencia en la cama, sueltos de sí mismos, capaces de hacerlas sentir
sucias, perversas en el grado superlativo, lo que no podían hacer sus parejas con
ellas. Esto hay que celebrarlo, de pronto dijo uno de ellos, conozco una casa
donde venden picantes sabrosos y solo pocas personas saben que allí hay muchas
veinteañeras que en vez de pasar la tarde en las Bibliotecas, están allí,
disfrutando de la vida al máximo, sin que nadie se entere. Habían cerrado el
contrato compra venta de unos predios y el resultado había sido favorable para
ellos, los compradores, hombres de 75 años que alguna vez estuvieron casados y
de ello, no les quedaba un grato recuerdo. Se habían recorrido toda la costa
del país siendo felices. Ellos como nadie sabían de la lujuria.
Recuerdo a la muchacha de cabello
largo negro, perfecta para los bobos que desean casarse. No pensé que muchachas
tan bellas estuvieran en esos locales. Me escapé de casa porque me dio la gana.
Se levantó de donde estaba recostada, absorta en su mundo de libertad y
tomándome de la mano me llevó a subir unas gradas en escalinata que conducían a
una habitación que quedaba en una especie de mezanine. No hubo tiempo para
preguntar quién era, mucho menos para saber su nombre. Ella tendría unos 18
años cumplidos y me decía que buscaba hombres de verdad, esos tipos rudos que
siendo solitarios de la noche, carecían
de amigos y mujer, que eso del amor era una experiencia que sirvió más
para perder el tiempo que para ser feliz. ¿Tú amaste alguna vez? En ese momento
pensé que podría amarla a ella por lo hermosa que era pero luego lo medité y
recordé a todas las muchachas que fueron mías, indomables, difíciles de
controlar en su pasión, capaces de mandar a cualquiera al carajo, sin ánimo de
tener un solo hombre para ellas, sin ningún deseo que alguno la retuviera. Eran
las muchachas que no nacieron para tener un solo hombre. Me pregunté por esos
tontos que bebían con ellas y que al subir las escalinatas, apenas podían estar
en pie. ¿Así no se puede disfrutar de un buen sexo? Así que lujuria, ¿eh? No te
he traído aquí para que me converses, solo deseo ser amada.
Mauricio, parece que no te
enteras de nada, las más caras son las modelos que salen para autos o
futbolistas, esas muchachas muy bellas, rubias, de ojos claros y de apellidos de prosapia, ellas solo quieren sentir placer, es la condición humana, lo
vieron en sus tías, en sus madres, en todas las mujeres de sus familias, muy
bien de clase, finas en el trato y cultas pero, con hombres que se habían
cansado de hacer el amor con ellas, había, recuerdo, un salón de belleza donde
solo iban varones para hacerse la barba, en realidad en un ambiente aparte e
interno, ellas estaban allí, con furores uterinos, bien casadas, con hijos y
todos los lujos de hombres que no les importaba lo que ellas hicieran, tú
sabes, con tal que las dejaran satisfechas y les dejaran trabajar, pues ellos
hacían sus viajes de negocio con muy sensuales y bellas muchachas a las islas
del Caribe, mientras ellas hacían lo mismo. Pero, ¿y el amor? No sé de qué me
hablas, Mauricio, eso es enfermizo, tanto para ellas como para ellos, aquí la
vida se pasa en un segundo y lo menos que quieren las mujeres es ser
controladas por hombres machistas y celosos, ellas solo quieren hacer lo que
les da la gana, ¿te cuesta entender eso? Agradece que no te casaras, pocos
hombres llegaron a tu edad para saber de esto sin tener que lidiar con mujeres
que los encadenen.
Y ¿el cobro? Ah, la vieja
costumbre que nunca debe perderse, eso es simbólico para ellas, es un simple
billete que les provoca orgasmos, ser las mujerzuelas más baratas, las que son
capaces de hacer cualquier cosa por un billete, lo que les excite y les haga
sentir putas, cosa que veo aún no entiendes, ellas quieren sentirse putas,
total, los hombres que las visitan nunca revelarán sus identidades para no
perder sus favores, porque tú no lo harías, ¿no? Claro que no, pero qué es esto
entonces. Es el club de la lujuria, mi estimado Escritor.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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