A veces no necesitas decir mucho
Pocas veces alguien te escucha y notas que te entienden
-ella es una muchacha que no sabe lo que vale-
-sus ojos inquietos encierran largas búsquedas que se asoman
a los poemas-
¿Qué es el amor?
-no soy yo quien debe responder esa pregunta-
Ya tengo mi historia de amor
-entiendo bien que tener 23 años es tener al mundo en sus
manos-
-sus dedos son preciosos para la escritura-
Bebo mi KR Limón mientras ella se interna en medio de las
calles
Es amistad y lucha, es sueños y realidades duras
-un amante difícil de entender al que ella perdona todo-
-un muchacho cuyos ojos me recuerdan a mí cuando era niño-
Calo mi tabaco mientras me recuerdo en mis 23 años
Mis preciados libros y las muchachas de las Bibliotecas
Los amigos de la universidad y mi deseo de salvar a este
mundo
-¿no es un sueño el que habita en cada uno de nosotros?-
He llegado a tiempo para decir lo siento a los que amo
-por qué escribe tanto para sí, quiero entender esos poemas
pero no puedo-
-una taza de café y mis manos apartadas, señalando otros
caminos-
La muchacha se siente relajada
¿Es fácil hablar de sexo con alguien a quien ves por primera
vez?
Mejor dicho, ¿es fácil entenderse tan así tan
repentinamente?
Ella no sabe que mis ojos la contemplan como se contempla lo
sagrado
-al verla supe que debía ser muy sincero-
Sus brazos delicados quieren tocar las estrellas
Dice que en otra noche fue muy feliz y que extraña esa
experiencia
Yo solo soy un amigo de paso, alguien que apenas puede
advertirle de muchas cosas
-es extraña, me habla como si tuviera mi edad mental-
-tengo la edad mental de un hombre de 100 años, eso es lo
que más me asombra-
Lo que la hace intocable es que tiene un ideal que creí ya
no existía
Tal vez la próxima vez me aprenda su rostro de memoria
Para cuando pasen los años y sepa dónde está el nombre del
ángel.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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