Primero dejaste morir a tu padre, ¿recuerdas eso, predicador de Cristo?,
¿no dejaste a tu padre abandonado, enfermo, hambriento, agonizante y solo en el
lecho, por predicar el amor de Cristo?
¿No debías romper con la maldición que carga el homo sapiens desde que
es homo sapiens, dejar tu iglesia y, quedarte de por vida con tu padre que
agonizante, se preguntaba, de qué dios hablabas y qué clase de amor predicaba,
si él moría como un perro sin que tú estuvieras a su lado, mientras predicabas
la caridad, la misericordia, el amor y la salvación de las almas, si tu alma
perdías al dejar morir solo a tu padre?
Después fue con tu madre, ella lloraba y te decía: “hijo, no me dejes
sola, tengo miedo, no quiero morir, sabes que la vida es muy larga, redímete
conmigo, ¡detén la maldición que hay en la humanidad!, ¡no me dejes morir como
a tu padre, sola, enferma, sin un pan para llevarme a la boca, ¿Ése es el amor
que predica tu dios cuando habla del amor al prójimo?"
El exorcista sabe que esto cargará por siempre dentro de su alma. El
exorcista sabe que cuando dejó morir a sus padres abandonados y enfermos, para
predicar el amor de dios, el diablo lo había derrotado definitivamente,
haciendo que pierda su alma.
Y lo halló en la habitación donde reinaba dentro del cuerpo de una
muchacha que decían, estaba poseída. ¿A qué has venido?, ¿no recuerdas que por
tu dios, abandonaste a tus padres?, ¿y ahora quieres salvar a una extraña? ¡Me
causas risa, hipócrita del mal! ¡Eres el culpable que siga yo aquí, arrastras
la maldición del homo sapiens, porque si te hubieras quedado con tus padres,
ellos seguirían vivos y, yo habría muerto para siempre y, no habría más
maldiciones sobre la humanidad!
Homo sapiens, eres tú el que decide romper esta cadena donde el ser
humano sigue maldito, porque en realidad el diablo no existe, lo único
existente es el mal a quien acusas de tus irresponsabilidades, porque hasta
dios es débil ante lo que escribo.
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