Un día tendré la vejez de mis padres, un día no podré levantarme de mi
cama y no habrá nadie para que me alcance un plato de comida. Recordaré en ese
momento que disfruté de miles de muchachas veinteañeras y fui muy feliz, que no
me rendí, que luché por lo que creí fue justo, desde el escribir gratuitamente
desde mi Blogger, compartiendo para todo el mundo desde Facebook de lo que fui
testigo en mi generación. No diré que tuve la razón, diré que actué por
sentimientos, por tener corazón.
Un día reflexionaré con el verdadero peso filosófico sobre qué es la razón, qué es el ser humano y cuál
es nuestro destino dentro del Cosmos, no sé si para ese día, las
investigaciones de Jeff Bezos hayan logrado prolongar la vida hasta la
inmortalidad o si Elon Musk por fin desarrolló al óptimo Neuralink y pueda por
fin ser políglota y, desde mi postración, persista en seguir estudiando sin que
me importe mi muerte.
Ese día que puede ser en unas décadas o cientos de años, dependiendo de
lo que alcance el transhumanismo, no releeré mis escritos, sé que fueron muy
buenos, al menos para mí, buscaré más bien los textos más valiosos y porfiaré
en la decrepitud en seguir escribiendo, si es que viva de una pensión muy
precaria que me permita comer una vez al día y seguir estudiando, escribiendo.
Se llama tener fe en la vejez, estar en el dilema de la eutanasia o la
esperanza en los logros de la ciencia. No sé si hasta ese entonces haya
superado la gran tercera guerra mundial o todo esté por fin solucionado.
No habrán más banderas por defender, mi patria es el conocimiento, no un
territorio donde los soldados nunca supieron a quién defendieron.
Dios será una interrogante dejada en el vacío, otros serán mis
pensamientos, mis ojos alertas, querrán saber qué se siente después de la
decrepitud, si vamos hacia algún otro plano de vida o si aquí se acaba todo.
Un día, no habrá necesidad de más nada, sólo una mirada hacia lo que viví,
lo que fuimos, sin nunca estar seguro de lo que seremos. Sé que llegué a buena
parte del mundo, en mi estilo disruptivo de alcanzar mi literatura gratis, como
un derecho universal hacia quienes aman las artes.
No he pensado en vivir de la literatura y de ello estoy agradecido en
mis privilegios.
No sé si habré recorrido el mundo o mis estudios sigan enfocados en
internet. Añoraría las bibliotecas donde los textos están en latín, griego
clásico, arameo, hebreo clásico o las primeras lenguas, lo que testimoniaron
los primeros hombres.
Abriré la ventana para en la noche de los invencibles, vea el firmamento
y espere que estemos colonizando Marte, que nuestros satélites estén por fin en
otra galaxia, que los exoplanetas puedan ser poblados por un intento nuevo de
rehacerlo todo, con nuevos patriarcas: un nuevo Adán, una nueva Eva, otras
narrativas para entender la vida, tal vez sin religiones para querer explicar
lo inexplicable, tal vez la utopía por fin alcanzada si se aplique el verdadero
saber, si se corrijan los genes defectuosos con los que contamos, si la ciencia
logre desarrollar el gen de la virtud.
A mis casi 55 años veo que todo sucede como debe suceder. Que no hubo
estadista lo suficientemente poderoso para resolverlo todo. Que hay momentos en
que deseamos que todo acabe en fracciones de segundo, que sin haberlo deseado,
volvemos a entender a Emil Michel Cioran y su apocalíptico pesimismo.
Un día en la vejez, será definitivo o el para siempre, el
rejuvenecimiento de todas mis células hasta alcanzar mis 25 años o, el pensar
que todo fue un sueño dentro del cual giró el mundo.
Para ese entonces, el mundo aún tendrá la esperanza de ser diferente, si
todo siempre cambia sin que sepamos los comunes hombres, qué decisiones se
toman desde las cúpulas, desde mucho más antes que naciéramos, quiénes fueron
los hombres libres, quiénes los que fueron destinos, qué fueron los libros, la
sabiduría, el instinto de querer saber más, ¿por qué esta inclinación hacia la
erudición?, por qué unos luchan hasta el final, qué es el homo sapiens, cuál
fue siempre nuestro lugar dentro del Cosmos, ¿qué fin tiene la evolución?, si
dentro de todos los desaciertos, seguimos aquí, así el mundo se llene de
ciudades radioactivas, si sea necesario poblar exoplanetas o construir colonias
en Marte, si todo siga avanzando, con uno o sin uno, en esa larga travesía que
aún no logramos comprender y dentro de la cual, estamos atrapados como un
destino que quizá, algún día en el futuro, los mejores hombres entiendan y
respondan, a lo que es una interrogante que está presente, desde que empezamos
a tener conciencia que existimos, que siempre nos hemos preguntado, ¿para qué?, ¿cuál es el fin
y propósito de todo esto?
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