lunes, 8 de enero de 2018

LO QUE PASÓ EN LOS NOVENTAS EN AREQUPA CON FUJIMORI







Vivía en la calle Melgar del Pueblo Tradicional de Cayma, aquí en la ciudad de Arequipa, donde radico actualmente. Aquella mañana ocurrió algo que recién ahora entiendo. Un hombre que no era del lugar, zapateaba constantemente en las calles y, lo hacía una y otra vez para luego irse corriendo ante las puertas abiertas de los vecinos que no sabían quién era ese hombre que zapateaba en las frenteras de sus casas. Esto era común todos los días. Los bebedores desafiaban a todos los del pueblo tradicional, mentaban la madre, se juntaban en conspiración para hacer escarnio, burla de los vecinos que no sabían ya qué hacer ante los escándalos constantes.
Las 12 de la noche en la calle Melgar, en la cuadra cuatro, eran cacerolazos en contra del régimen del  Dictador Fujimori. Meses atrás había recibido una silbatina fuerte en el estadio de la Universidad Nacional de San Agustín donde cerca de 40,000 alumnos rechazaron su discurso. Juan Manuel Guillén Benavidez era el Rector de dicha universidad, apristón y antes de ser elegido como Rector, en el discurso que le valiera el cargo, declaró entre los presentes que iba a ser La Revolución.
La Juventud Popular y La Juventud Socialista eran grupos de mencionada universidad que protestaban contra Fujimori. Una integrante de estos grupos había sido presa por actos de terrorismo, al menos eso era lo que comentaron los “camaradas” intelectuales que me hicieron descreer de sus discursos, entre consumo de drogas, alcohol y desviaciones sexuales. Todos sabemos que el marxismo, maoísmo y leninismo es la bandera de mencionada universidad, al menos ese pensamiento predomina en la Escuela de Filosofía de donde se jactan una y otra vez en decir que Abimael Guzmán es un Filósofo.
Pero quiénes eran los que estaban en contra de Fujimori, pues entiendo como ahora, eran los de izquierda, los que quieren hacer esa revolución entre banderas rojas donde está la hoz y el martillo, esos mismos jóvenes revolucionarios que ahora han quedado en silencio por haber transado con la corrupción, como normalmente pasa con todos los marxistas. Los que han quedado como intelectuales, solo son una vergüenza para las letras por las razones que he expuesto.
No estaba enterado que cuadras más arriba donde vivía, había un grupo de terroristas que infiltrados en la población, seguían en su afán de tomar el poder por la fuerza.
Yo venía de un fracaso universitario donde no pude cambiar la corrupción que hallé en la Facultad de Arquitectura. Condenado a la pena contra el enemigo y el ostracismo, mi familia experimentó la violencia familiar por mis reclamos constantes en defensa de mis Derechos Humanos. Eran dentro de la ciudad, los acosadores quienes me hacían la vida imposible. Afrentas verbales, desafíos a darse de golpes, humillaciones y zapateos a mis espaldas sin ya saber qué hacer por parte de personas que no eran  de la ciudad, campesinos para ser más preciso.
Me alcé en la ciudad en nombre de La Libertad de Expresión, sin embargo ésta existía, los muchachos universitarios protestaban en la Plaza de Armas y nada les ocurría. Otra cosa es que no querían a las Fuerzas del Orden dentro de la Universidad, otra cosa es que quisieran seguir drogándose, teniendo relaciones homosexuales y seguir bebiendo con el discurso revolucionario que hasta ahora se maneja y no por convicción, sino por consigna de catedráticos que también reciben  consignas. No hay libertad de cátedra, al menos eso fue lo que me dijera alguna vez quien fuera Decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades y en su juventud fuera fotografiado quemando y pisando la bandera de USA.
Todo estaba podrido, como lo sigue estando hasta ahora. Todos los siguientes Presidentes de Perú tienen serias acusaciones de corrupción. Se habían lavado la cara con Fujimori. Ese odio para con los humildes que quieren casa propia, trabajo y prosperidad y que defienden tanto el régimen de Fujimori no saben aún que quienes están en su contra y les dicen: “corruptos”, carecen de autoridad moral, que serán los primeros en venderse ante la mejor propuesta, que consumen descaradamente drogas y hacen apología de éstas, que mantienen un discurso de ideología de género donde se pretende homosexualizar y lesbianizar a los inocentes niños, por ser ellos practicantes de esas costumbres.
No temieron el discurso de Keiko cuando ella prometió sacar al Ejército a las calles para combatir el Crimen Organizado y luchar contra la inseguridad ciudadana, no temieron que se construyeran cárceles de alta seguridad en las partes más altas de Perú. Temieron por los delitos que han cometido y cometen, por no poder seguir llevando el estilo de vida propio de los que alzan la  bandera de La Revolución.
Solo hablo desde lo que conozco en esta ciudad, donde el odio a los fujimoristas es abusivo, ya que estos caviares que lavan banderas la pasan bien y se acomodan al medio corrupto donde vayan con facilidad.
Me pregunto entonces de parte de quiénes viene la acusación de corruptos  cuando los conozco bien y estoy bien desengañado de sus falsos discursos.
5 internamientos en los psiquiátricos por defender mis Derechos Humanos, para entender que no fui víctima del régimen dictatorial de Fujimori, sino un señalado para ser un perro rabioso que alzó el grito de Libertad y que rápidamente los rojos lo acomodaron para sus causas.
Sigo esperando a las Fuerzas del Orden y a los militares en las calles para que combatan contra el Crimen Organizado y las malas costumbres de estos jóvenes que no tienen bandera y que cuando hubo el diferendo marítimo con Chile y un probable conflicto bélico, mientras yo declaraba en los medios de comunicación que estaba dispuesto a inmolarme por La Patria, como un Kamikaze, desde las redes sociales, Arequipa era la capital de un nuevo país donde se había estructurado un plan que espera años de años para ser un Estado aparte. Porque mientras yo exhortaba desde las redes sociales para que doblen las campanas de La Catedral, para que el pueblo arequipeño se alzara ante una guerra con Chile, veía circular una bandera con escudo propio, de franjas azules con blancas horizontales, donde otro era el escudo y donde nadie amaba al Perú, donde Arequipa le hacía honor a su Leyenda Negra, es decir, ser por fin La República Independiente.
La política de por sí es corrupta. Creo ser el último ciudadano que no ha transado con la corrupción. No tengo cuenta de ahorros ni deudas con el Estado ni con algún banco o figure en la lista de morosos del Perú.
MI resistencia es así, sincera, sin ningún ánimo de defender a aquellos que acusan a los más humildes de corruptos, cuando sé bien quiénes son ellos, si acaso sigan hablando de La Revolución, mientras se drogan se embriagan y tienen prácticas sexuales que no queremos como ejemplo para con las nuevas generaciones.
Pareciera que es un escrito de desprecio, no, no lo es, es un discurso que viene desde el lado del que tomó por asalto una Comisaría a finales de los noventas y sintió el padecimiento de la Violencia Familiar dentro de una ciudad, donde por ser un rebelde diferente y provenir de una familia que me inculcó valores, sigue hasta ahora rechazando todo aquello que destruya a nuestras juventudes, porque el término de ser corrupto, entiendo ahora, no nació en los noventas con Fujimori, ése término existió siempre en Perú. Otra cosa es que los rojos lo hayan etiquetado en los más pobres y humildes a los cuales no les abren mercado ni progreso y se les acusa de ser comprados con un taper, si es que son ellos los que linchan a los ladrones y delincuentes desde sus Juntas Vecinales, esos malvivientes que te matarán por una botella de licor, en un país donde no existe un orden que nos garantice vivir en un Estado de Derecho, porque la Ley está ausente para todos, al menos para los que saben que no tienen autoridad moral para declarar esto ante las autoridades y pedir que se ejerza ésta.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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