Vivía en la calle Melgar del
Pueblo Tradicional de Cayma, aquí en la ciudad de Arequipa, donde radico
actualmente. Aquella mañana ocurrió algo que recién ahora entiendo. Un hombre
que no era del lugar, zapateaba constantemente en las calles y, lo hacía una y
otra vez para luego irse corriendo ante las puertas abiertas de los vecinos que
no sabían quién era ese hombre que zapateaba en las frenteras de sus casas. Esto
era común todos los días. Los bebedores desafiaban a todos los del pueblo
tradicional, mentaban la madre, se juntaban en conspiración para hacer
escarnio, burla de los vecinos que no sabían ya qué hacer ante los escándalos
constantes.
Las 12 de la noche en la calle
Melgar, en la cuadra cuatro, eran cacerolazos en contra del régimen del Dictador Fujimori. Meses atrás había recibido
una silbatina fuerte en el estadio de la Universidad Nacional de San Agustín
donde cerca de 40,000 alumnos rechazaron su discurso. Juan Manuel Guillén
Benavidez era el Rector de dicha universidad, apristón y antes de ser elegido
como Rector, en el discurso que le valiera el cargo, declaró entre los presentes
que iba a ser La Revolución.
La Juventud Popular y La Juventud
Socialista eran grupos de mencionada universidad que protestaban contra
Fujimori. Una integrante de estos grupos había sido presa por actos de
terrorismo, al menos eso era lo que comentaron los “camaradas” intelectuales
que me hicieron descreer de sus discursos, entre consumo de drogas, alcohol y
desviaciones sexuales. Todos sabemos que el marxismo, maoísmo y leninismo es la
bandera de mencionada universidad, al menos ese pensamiento predomina en la
Escuela de Filosofía de donde se jactan una y otra vez en decir que Abimael
Guzmán es un Filósofo.
Pero quiénes eran los que estaban
en contra de Fujimori, pues entiendo como ahora, eran los de izquierda, los que
quieren hacer esa revolución entre banderas rojas donde está la hoz y el
martillo, esos mismos jóvenes revolucionarios que ahora han quedado en silencio
por haber transado con la corrupción, como normalmente pasa con todos los
marxistas. Los que han quedado como intelectuales, solo son una vergüenza para
las letras por las razones que he expuesto.
No estaba enterado que cuadras
más arriba donde vivía, había un grupo de terroristas que infiltrados en la
población, seguían en su afán de tomar el poder por la fuerza.
Yo venía de un fracaso
universitario donde no pude cambiar la corrupción que hallé en la Facultad de
Arquitectura. Condenado a la pena contra el enemigo y el ostracismo, mi familia
experimentó la violencia familiar por mis reclamos constantes en defensa de mis
Derechos Humanos. Eran dentro de la ciudad, los acosadores quienes me hacían la
vida imposible. Afrentas verbales, desafíos a darse de golpes, humillaciones y
zapateos a mis espaldas sin ya saber qué hacer por parte de personas que no
eran de la ciudad, campesinos para ser
más preciso.
Me alcé en la ciudad en nombre de
La Libertad de Expresión, sin embargo ésta existía, los muchachos
universitarios protestaban en la Plaza de Armas y nada les ocurría. Otra cosa
es que no querían a las Fuerzas del Orden dentro de la Universidad, otra cosa
es que quisieran seguir drogándose, teniendo relaciones homosexuales y seguir
bebiendo con el discurso revolucionario que hasta ahora se maneja y no por
convicción, sino por consigna de catedráticos que también reciben consignas. No hay libertad de cátedra, al
menos eso fue lo que me dijera alguna vez quien fuera Decano de la Facultad de
Filosofía y Humanidades y en su juventud fuera fotografiado quemando y pisando
la bandera de USA.
Todo estaba podrido, como lo
sigue estando hasta ahora. Todos los siguientes Presidentes de Perú tienen
serias acusaciones de corrupción. Se habían lavado la cara con Fujimori. Ese odio
para con los humildes que quieren casa propia, trabajo y prosperidad y que
defienden tanto el régimen de Fujimori no saben aún que quienes están en su
contra y les dicen: “corruptos”, carecen de autoridad moral, que serán los
primeros en venderse ante la mejor propuesta, que consumen descaradamente
drogas y hacen apología de éstas, que mantienen un discurso de ideología de
género donde se pretende homosexualizar y lesbianizar a los inocentes niños,
por ser ellos practicantes de esas costumbres.
No temieron el discurso de Keiko
cuando ella prometió sacar al Ejército a las calles para combatir el Crimen
Organizado y luchar contra la inseguridad ciudadana, no temieron que se
construyeran cárceles de alta seguridad en las partes más altas de Perú. Temieron
por los delitos que han cometido y cometen, por no poder seguir llevando el
estilo de vida propio de los que alzan la
bandera de La Revolución.
Solo hablo desde lo que conozco
en esta ciudad, donde el odio a los fujimoristas es abusivo, ya que estos
caviares que lavan banderas la pasan bien y se acomodan al medio corrupto donde
vayan con facilidad.
Me pregunto entonces de parte de
quiénes viene la acusación de corruptos
cuando los conozco bien y estoy bien desengañado de sus falsos
discursos.
5 internamientos en los
psiquiátricos por defender mis Derechos Humanos, para entender que no fui
víctima del régimen dictatorial de Fujimori, sino un señalado para ser un perro
rabioso que alzó el grito de Libertad y que rápidamente los rojos lo acomodaron
para sus causas.
Sigo esperando a las Fuerzas del
Orden y a los militares en las calles para que combatan contra el Crimen
Organizado y las malas costumbres de estos jóvenes que no tienen bandera y que
cuando hubo el diferendo marítimo con Chile y un probable conflicto bélico,
mientras yo declaraba en los medios de comunicación que estaba dispuesto a inmolarme por La Patria, como un
Kamikaze, desde las redes sociales, Arequipa era la capital de un nuevo país
donde se había estructurado un plan que espera años de años para ser un Estado
aparte. Porque mientras yo exhortaba desde las redes sociales para que doblen
las campanas de La Catedral, para que el pueblo arequipeño se alzara ante una guerra con Chile,
veía circular una bandera con escudo propio, de franjas azules con blancas
horizontales, donde otro era el escudo y donde nadie amaba al Perú, donde
Arequipa le hacía honor a su Leyenda Negra, es decir, ser por fin La República
Independiente.
La política de por sí es
corrupta. Creo ser el último ciudadano que no ha transado con la corrupción. No
tengo cuenta de ahorros ni deudas con el Estado ni con algún banco o figure en
la lista de morosos del Perú.
MI resistencia es así, sincera,
sin ningún ánimo de defender a aquellos que acusan a los más humildes de
corruptos, cuando sé bien quiénes son ellos, si acaso sigan hablando de La
Revolución, mientras se drogan se embriagan y tienen prácticas sexuales que no
queremos como ejemplo para con las nuevas generaciones.
Pareciera que es un escrito de
desprecio, no, no lo es, es un discurso que viene desde el lado del que tomó
por asalto una Comisaría a finales de los noventas y sintió el padecimiento de
la Violencia Familiar dentro de una ciudad, donde por ser un rebelde diferente
y provenir de una familia que me inculcó valores, sigue hasta ahora rechazando
todo aquello que destruya a nuestras juventudes, porque el término de ser corrupto,
entiendo ahora, no nació en los noventas con Fujimori, ése término existió siempre
en Perú. Otra cosa es que los rojos lo hayan etiquetado en los más pobres y
humildes a los cuales no les abren mercado ni progreso y se les acusa de ser
comprados con un taper, si es que son ellos los que linchan a los ladrones y
delincuentes desde sus Juntas Vecinales, esos malvivientes que te matarán por
una botella de licor, en un país donde no existe un orden que nos garantice
vivir en un Estado de Derecho, porque la Ley está ausente para todos, al menos
para los que saben que no tienen autoridad moral para declarar esto ante las
autoridades y pedir que se ejerza ésta.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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