lunes, 8 de enero de 2018

EL TAPER QUE NO SABES QUÉ SIGNIFICA, PITUCO CAVIAR







Porque a mí no me vienes con el cuento que luchas contra la corrupción, si te conozco bien, sé cómo te has abierto espacio desde las universidades, transando con la corrupción, tolerando o pagando exámenes para aprobar cursos, o pagando a catedráticos para pasar de semestre, porque sé muy bien que solo has asistido a fines de semestre solo para rendir exámenes y que no te ha importado sacar del camino a otros estudiantes ya que dices que en nombre de la competencia todo vale. Sé que te reunías con tus amigos para fumar marihuana y tener relaciones sexuales con personas de tus mismo género y sé, que te gusta jalar líneas de cocaína, que mientes con 5 o 6 discursos para cada persona con quienes trates y sé, sé muy bien que cuando hablas de revolución, lo único que quieres es que la ciudad arda para satisfacción de tu psicología enferma donde solo odias, odias a todo aquel que sea diferente, que sea correcto, que te recuerde que eres revolucionario o revolucionara porque no sabes qué más ser, por pose pura, por querer creerte intelectual, porque sabes que solo de esa forma podrás viajar al extranjero para relacionarte con otros estudiantes universitarios de otros países que repiten consignas donde no existe el pensamiento propio. ¡Ah, cuánto desengaño en Marx cuando dijo que los negros eran inferiores y solo servían para trabajar como esclavos!
Porque a mí no me vas a hacer creer que nunca coimeaste a un policía para que no te ponga papeleta o en base a manos que rompes, hiciste el dinero con el cual ahora tienes tu auto, tu casa y la mujer que es tu esposa y piensa igual que tú. No, no me vas a engañar diciéndome que nunca has hecho doble contabilidad o que cuando aspiras a entrar a un partido político lo haces porque quieres que te den trabajo o algún beneficio para tus capitales. No me vengas con tu cara de buena gente que no le ha hecho daño a nadie y que ahora se rasga las vestiduras señalando a los más pobres como personas sin dignidad, personas que son compradas con un taper, cuando fuiste tú el que les pisoteó todos sus sueños y les quitaste la oportunidad de desarrollo que solo tú disfrutas porque eres bien listo, pillo, ladrón y astuto y crees que “esa es la voz aquí en Perú”.
Ah, pero no te he visto nunca denunciar en Las Comisarías en contra de las Mafias o el Crimen Organizado, porque ganas con ellos, te llenas de dinero fácil mientras que los más humildes se mueren de hambre, visten mal, no tienen qué darles de comer a sus niños y no tienen todas las comodidades de las que tú haces uso mientras bebes en los mejores pubs de la ciudad, recorres el país y viajas al extranjero y hasta publicas libros y recibes honores comprados a los alcaldes para ser reconocido como una buena persona, alguien decente.
Y encima vienes a decirme que los humildes que llevan un taper son corruptos. Porque te vuelves por arte magia muy buena persona cuando vas por donde ellos viven, en esas casas que parecen trepar los cerros y donde no tienen ni agua, ni desagüe  y los ancianos se mueren en sus camas porque no pueden bajar de esos cerros para recibir atención médica, porque encima no se pueden dar el lujo de enfermarse ya que la medicina es cara, los médicos solo saben cobrar para recién atenderte y las farmacias cobran lo que les da la gana cuando te ven desesperado por la salud de alguien que se está muriendo.
Claro, porque lees bastantes libros crees que eso es estar bien informado, porque te ha dicho tu catedrático que si no vas a protestar, te quitará puntos en el examen final, y así, sabes que vives una mentira, que sabes que debes ser bien mierda con todos porque todos son así y no hay otra forma de salir adelante en Perú.
Yo te diré que he visto piedras sobre piedras frenteras de casas donde las noches son cielos desde los cuales se pueden ver las estrellas con claridad por falta de luz, que sé que allí nadie puede tener ni cólicos menstruales ni tampoco fiebres a esas horas porque no hay ni veredas en el descampado ni acceso vehicular, y la gente se muere, pero te importa nada, porque estás bien cómodo con el dinero que dices, lo has ganado honestamente y, te veo protestando contra los fujiratas a pesar de saber cómo es la realidad, y es que eres indiferente, no te importa el hambre de ellos, no te importa si sus hijas púberes se prostituyen por necesidad, no te importa si tienen derecho a un futuro mejor, no te importa en tus reuniones de café con tus amigos con quienes la pasas bien y repites: “¡soy un vencedor!”, si es que hay un niño que está parado en una esquina preguntándose porqué los pobres en este país sienten que la vida es un castigo, porque hasta para amar hay que tener dinero, y claro, eso a ti te importa un carajo, porque los pobres solo van a la cárcel, ya que para ir al hospital, la iglesia o el cementerio, hay que tener plata.
Y me vienes a hablar de fujiratas y a lavar banderas después de todas las miasmas que haces y has hecho. No puedes acusar así la esperanza de un hombre que pasa hambre y angustias, cuando tiene un taper en la mano y cree en alguien que sí cumplió sus promesas, esas promesas que eres incapaz de cumplirte a ti mismo, porque te vendiste al primer postor y necesitas limpiar tu imagen dentro de la ciudad para afirmar que tú no eres como el hombre humilde, perdón, quise escribir, eres decente, a pesar que todos sabemos que todo lo que tienes ha sido ganado en base a lo que acusas en los que nacieron sin futuro en este país.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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