martes, 27 de febrero de 2018

SEXO EN LA CIUDAD







La muchacha era extremadamente bella, hermosa. Estaba recostada sobre el sofá dando el rostro a las mesas donde habían cervezas y otras muchachas que de igual manera estaban esperando que alguien les invite una jarra con licor. Esto de que en Perú haya un boom minero alcanzó su sentido cuando al entrar al antro el portero nos llamara: “ingenieros”. Minutos después me pareció tan patético ser ingeniero al ver a un hombre que no sabía bailar esos temas chicha, era un hombre de poca gracia, con una camisa a cuadros que no disimulaba bien su panza, bailaba con dos muchachas, la verdad que ese local no tenía nada qué mostrar. Al salir mientras entrábamos a otro local donde olía exageradamente a sexo y no había nadie, el gordito tetudo que me acompañaba me decía que las muchachas de Literatura eran muy liberales, que les encantaba mucho el sexo, pero que me tenían miedo, temían que escribiera sobre ellas si es que tuviera una relación ocasional o un encuentro casual. El gordito tetudo horas después me contaría toda su vida, que desde muy adolescente había frecuentado discotecas de ambiente, expresandose en términos que a mis 46 años desconozco.
La muchacha de pronto se levantó, tenía un cuerpo impresionante y era alta. Su vestido ligero era negro e iba hacia unas gradas en forma de espiral donde haría el amor con un muchacho que seguramente estaba demasiado ebrio como para tener una erección. A los 5 minutos ella bajó y volvió a sentarse. El tipo no bajó, quizás estaba llorando o quizá se había quedado dormido sin siquiera haberse bajado el pantalón.
Luego de haber dejado el café, el gordito tetudo que frecuentaba discotecas de ambiente me refutaba mi vida compartida con marocas, con putas para ser preciso, me decía que debía tener una muchacha decente. Lo curioso fue que al despedirnos, con un rostro bastante deprimido por sus confesiones, me decía que se iba tras unas putas. Pensé en ese momento que todos tienen consejos para los demás menos para sí mismos.
Que en la casa de ese abogado se fuma bastante hierba, vamos un día para que conozcas. Sabía de quién me hablaba, era un prestigioso abogado que dictaba cátedra en la universidad, qué, ¿todavía sigue fumando marihuana y echando a perder a los jóvenes él? No lo dije, lo pensé, sabía que el gordito tetudo fumaba marihuana y pasta básica de cocaína. Estaba ganando juicios que le habían hecho recuperar su autoestima, me comentaba entre otras cosas que tenía muchos amigos en la cárcel de la ciudad, que así es el derecho, solo sirve para transar con la mafia, de esa forma hacen dinero los abogados.
Me largo de esta ciudad, quiero irme a la capital. El gordito tetudo que me decía que debía dejar el mundo de las putas una noche me llamó desde Lima en un estado de pánico que me causó entre risa y piedad: estaba en un burdel de mala muerte. Su poca gracia no le brindaba éxito con las muchachas decentes. No quiero tener una relación estable estimado, yo no me enamoro nunca y, he conocido a tantas mujeres que he optado por las chicas de la vida alegre, al menos ellas son más sinceras: te dicen no si no tienes dinero; una muchacha decente te pide casa, auto, y todas las comodidades que debas darles y yo soy un Escritor, no un ingeniero ni menos un estafador del sistema.
Percaté que a las 02:00 a.m. no hay gente en la ciudad, que serenazgo circula por todas la calles y que hay cámaras en cada esquina, así nos lo hizo entender un amable policía desde su auto de vigilancia. Me levanté con la botella personal de cerveza que tuve en la mano, le pedí disculpas y, la boté en un tacho de basura.
La muchacha era realmente bella, era una muchacha sin corazón. ¿Quién tiene  corazón en esta generación?
Tienes que adaptarte, tienes que sobrevivir como lo hago yo, decía el gordito tetudo. Debes viajar, recorrer otras ciudades, eso enriquecerá tu visión de Escritor. Lo que no sabía este gordito que se las daba de consejero es que conozco al ser humano, que si no nos agarramos a golpes fue porque me dio pena al momento de esquivarle un golpe en plena discoteca donde percaté, el tipo estaba para un certero derechazo en plena nariz. No, me dije, eso es tener problemas.
Al subir a las terrazas, ese par de extranjeras, muy blancas y rubias, vestidas con trajes punk, con tatuajes y un inglés que no entendía, conversaban como si fuesen las dueñas de la ciudad, las había encontrado en el único baño del local, les pedí permiso para que yo orinase en un excusado. Fueron amables y abrieron todas las puertas para ver si había alguno ocupado y finalmente me hicieron pasar a uno sin mucho problema. Minutos después sus parejas subieron a las terrazas, eran dos tipos maduros, altos y fuertes. Pero en ese momento yo no cesaba de reírme de las estupideces que decía el gordo tetudo. Rápidamente se dieron cuenta que yo no era un problema para ellos, que lo mío era simplemente convencerme que las noches de discoteca, eran una pérdida de tiempo, porque recorrimos todas las discotecas del centro de la ciudad donde habían muchachas sentadas a la barra deprimidas, bebiendo cervezas, guardando silencio, ya no esperando nada. Así, de discoteca en discoteca, al parecer lo único que había era licor y para los que quisieran, otros sucedáneos.
Las calles estaban vacías, y los bares me recordaron las épocas de universidad cuando me motivaron a renunciar a la bohemia: discursos aburridos donde se relataban historias que no decían nada nuevo, porque las verdaderas historias estaban en los juzgados, en las prisiones, en los burdeles donde llenarse los ojos con ellas entre canciones de Maluma y saludos de “Ingeniero” por parte de porteros parecían serlo todo.
Tranquilo, gordito, no quiero hacerte daño, serás experto en artes marciales y pesarás 120 kilos, pero toda agresión tuya solo me causa risa, te he escuchado toda la noche y solo confirmas lo podrido que está este sistema, si me he reído de ti a más no poder, es porque tú sabes que no eres feliz, mira que me has hecho reír con cada disparate que me has dicho mientras a la vez me decías que debía aprender a ser feliz y dejar el mundo de las putas a la par que cuando me despedía, te ibas en busca de un burdel.
Al despertar lo primero que se me vino a la mente fue la belleza de esa muchacha. Ella nunca se enamoraría de nadie y, eso me parecía bien. Hay tanto hijo de puta, por qué pues creer en algo que ya pasó de moda.
Todo era dinero, 1,000 soles y ella haría todo lo que una muchacha enamorada nunca haría en la cama. Era inútil, yo no tengo ese dinero que el gordito tetudo con sus juicios defendiendo a delincuentes gana. Todo se resumía a eso: dinero, broncas y deseos de cagar gente, así sean amigos. Al regresar a casa, entré a mi apartamento, me tomé una ducha de agua caliente y dormí como duerme un hombre que despierta pensando en los sentimientos que se pueden comprar de una muchacha muy bella que no llegaba a los 20 años y que de manera perfecta fingiría amor hasta dejarte en la quiebra, hasta hacerte entender que el amor es un arte que solo sirve para sacarte todo tu dinero, total, como éste llega fácil para algunos, carecía de importancia. Era Arequipa del 2018 un martes de madrugada cualquiera donde todos creyeron que bebiendo se podía evadir el pensar, cosa errada, porque nadie era feliz, en medio de mis carcajadas estridentes mientras pensaba: esto no es la vida.
Ironizaba, creo que es otra forma de pasarla bien. y no, no hay nada en las discotecas o bares que me atraiga, la muchacha ideal que amara pasó de moda.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco


viernes, 23 de febrero de 2018

PERÚ







Te diré dónde queda la Belleza
Te diré dónde Dios vive complacido
Te diré qué formas le inspiran para amar
Te diré cuáles son los verdaderos caminos
Te señalaré la noche perfecta donde los sueños existen
Escribiré sobre los Tratados superiores a los de Grecia
¿Quién sabe más de Estética que los que aman en esta tierra?
¡Ah, santo suelo donde todos retornamos felices!
¡Ah, beso mortal donde vuelve la vida y el sueño!
¿Merecían tanto los vivos estas creaturas?
Me preguntan por qué no busco en Moscú o New York,
Por qué no yerro mis pasos en Paris o Río de Janeiro,
Qué misterio jamás perturbó mis ojos ni la mujer gitana o árabe
Te diré dónde el Sol brilla orgulloso
Dónde se mezcló la sangre con tal precisión para nuestro goce
Qué noche de calles interminables en la ciudad sin fin acoge su seno
¿Hablas de la danza de los hechizos?
¿El verbo es suficiente para retratar al ángel?
Felinos y paquidermos son mansas creaturas que pasean por sus jardines
Todo conocimiento termina en una mirada
La canción incesante tiene nombre.
Los poemas se abren en libros que no quiere nadie que acaben
Esos versos son delicadas voces de una sola voz
Mientras los querubines lanzan millones de flechas al cielo,
Sin que nadie pueda quedar libre
¡Sin que nadie quiera evadir el hechizo!

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio pacheco Polanco


EL MAESTRO AD VITAM QUE REVELÓ EL SECRETO DEL DIABLO







De este saber debo remontarme hasta los orígenes del ser humano, Cristos y civilizaciones de cuya sabiduría nos quedan vestigios como ignorancia. ¡Ah, el hombre común y silvestre que nunca ha de entender ciertas ciencias del pensamiento relacionadas con nuestra naturaleza!
De lo que es permitido revelar y lo que pocos puedan comprender, ha sido necesario que naciera yo para derrotar los misterios de eso que ustedes llaman El Maligno o El Diablo, según sea como lo visualicen, en reuniones de pobres mequetrefes que lo invocan en rituales de tontos y demás artes de la Magia Negra de la cual no he de formar parte nunca ni me atraiga, por ser defensor del Bien y estar adelantado en lo que otras personas no conocen.
Que si debiéramos remitirnos como ejemplo a los 10 mandamientos de la religión católica, hoy que es viernes, noche dedicada al lucero del amanecer o a Venus, la estrella de los deseos o, en los aquelarres de zopencos, el día de Lucifer, nada quede ahora como secreto ante creencias que han aterrado a la humanidad y que son muy propias de El Vaticano, donde esta idea reina como manera de castigo ante un orden establecido en el que se hacen exorcismos en nombre de su credo, solo para corregir ciertas conductas indebidas y contrarias a la fe que profesan.
No quiero ser extenso ni ceder a la tentación de los Escritores, para hacer de esto una literatura, sino más bien ser conciso, puntual e ir directamente a lo que he de revelarles y quede así en nombre de la libertad de consciencia del ser humano como precedentes, en todos los tiempos que continúen después de este escrito, para la paz de las almas atormentadas y las que tiemblan antes de partir hacia lo desconocido, si así le llamamos a la muerte, el más allá, dentro de todas las explicaciones que puedan caber, desde la ciencia, hasta los falsos postulados de los dogmas, donde se ha desvirtuado lo que es El Bien y El Mal.
Y éste es el secreto de lo que bien estimado y estimada lectora debe usted comprender, en calidad de Maestro Ad Vitam, como hombre sabio que soy y, en mi discernimiento, el cambio dentro de la humanidad prosiga, siempre en nombre de El Bien que, a lo más abyecto, a lo más vil, a lo más aberrante, a los crímenes más abominables y a todo aquello que revele nuestras flaquezas dentro de nuestra condición humana, antes, en la noche de los tiempos, cuando el Hombre empezó a entenderse y se hizo sabio y, conoció a su semejante, advirtió de nuestra naturaleza los miedos mencionados y la culpa como necesidad para corregir ciertas conductas indebidas que atentasen contra los órdenes establecidos. Así,  en consenso de eruditos y sabios, para todos los Cristos y religiones necesarias, había que crear un ser espantoso con toda la literatura correspondiente, para castigar lo más despreciable de nuestras flaquezas con íncubos y súcubos y cuanta charlatanería existiera, propias de mitologías donde debía existir un ser Maligno que se disputase las almas en un gran juicio final, que si bien, ya avisado con los párrafos anteriores el lector o lectora, entiende que esta creación tuvo que tener nombre, sea Satán, o Lucifer o Diablo o Maligno o como quieras en disparate llamarle que, desde lo más recóndito de los pensamientos del hombre que se civilizaba, en estos milenios que me anteceden, no fue otra cosa más que la evocación ante lo que se llama pecado consumado, para así decir que esta entidad se había manifestado y todo era por obra de ella.
Así, los primeros hombres en su sabiduría, para castigar, llamaron a lo más abyecto, lo más vil, lo más aberrante, lo abominable, y cuanto crimen sea sodomita o lujurioso y tanto mal pueda tener vínculo con La Culpa a crearse, se le llamó con los nombres mencionados, sean reitero: Diablo, Satán, Lucifer o El Maligno en cuanta lengua fuera necesaria, para condenar El Mal y atribuirle un origen.
Que para los que han llegado justos y libres a este escrito, no solo esclarezco la naturaleza de esta invención en esta breve pero precisa explicación, sino que además advierto que, si no existe mas que bajezas de la condición humana a la cual se le ha llamado con esos nombres, debo ser exacto y más sincero con quienes me leen, ya que ningún Cristo peleó ante una idea y así ningún Cristo es real, que ni Jesús y El Diablo representan la verdad, ni expliquen con veracidad nuestra condición humana, que sean solo dos rasgos o características las del ser humano según lo que estipule el orden establecido al que pertenezca, llamados a criterio de sus gobernantes: El Bien y El Mal, si acaso en nombre de la Libertad vuelvo a escribir o, en nombre de La Vida, en testimonio un viernes cualquiera desde la soledad de mi habitación, para la abolición de la ignorancia, cuando se trate de explicar nuestras conductas y sea necesario castigar o premiar, según los comportamientos, dentro de una cultura.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

EL HOMO SAPIENS

  ©Julio Mauricio Pacheco Polanco Todos los Derechos Reservados 2602034443907 SafeCreative Escritor y Pensador Libre Arequipa, Perú 02 de fe...