martes, 6 de marzo de 2018

EL ÁRBOL MALDITO







Yo vi el final
De la muchacha que quiso ser Dios,
Vi su piel garabateada y las noches donde el exceso la destruyó,
Vi sus poemas y los errores de la rebeldía
¿Cuando no tienes razones para ser rebelde, es obligatorio ser rebelde?
Yo vis sus noches de soledad en otras ciudades
Y vi sus escritos antes de salir llorando de Sodoma
Vi las tiernas fotos donde luchaba contra sí misma
-recordé ese test donde decía: “¿te pesa ser mujer?”-.
La vi desnuda en un prado donde solo estaba su sombra en medio de árboles
Y vi morir a un muchacho para siempre escribiendo poemas.
Qué libros nos perturban la mente cuando nos dicen que son de obligada lectura.
Esos poetas que se empeñan en tener un propio idioma
¿No se aíslan cada vez más hasta que nadie les entienda?
Un dios aquí, una diosa allá, y muchas guerreras que se quedaron sin luz.
Yo vi una generación muy confundida
A pesar de haber sido el único que llevó tratamiento psiquiátrico.
Es difícil entenderse, es difícil no aceptar el vacío
Es difícil ser auténtico cuando el corazón está hecho pedazos
Porque yo vi el final de la muchacha que quiso ser Dios
Llena de piercings en todo el cuerpo
Donde están escritos cientos de nombres
Y donde ya no hay amor para dar.
¡Asco, asco, asco respira ella desde sus poros!
Mientras mira la hora en su reloj
Desde una habitación a 1,000 kilómetros de casa
Esperando la cita con el psiquiatra
Temiendo lo que tanto rehuía: un internamiento
Las pastillas que adormecen,
Las terapias de electrochoques
Las curas de sueño
Algo que borre todo de golpe
Cuando al despertar se vea de nuevo en el espejo
Y recuerde que quiso ser Dios
Sin darse cuenta que un solo hombre jamás tendría todas las respuestas.
Quizá solo quiso ser diferente,
El error de los que no tuvieron razones para ser rebeldes
Los sin causa.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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