Apenas descubriste la razón, anhelaste lo enfermo
-¿cuesta tanto conectarse con el universo?-
-(cuando el futuro te dice que tienes que hacer dinero, pues
sí)-
Porque un mundo ideal solo puede estar lleno de libros de
poetas
O tal vez las horas tranquilas para leer una novela.
¡Ay, la cima de los soberbios no teme la ira de la vida!
Esa calle tiene tu nombre en la pared
Y no necesariamente algo bueno debes haber hecho,
-una venganza que pende sobre ti, un dolor en el pecho que
sigue latiendo-
El jarro con café me dice que otros buscan una hora tan plácida
como la mía,
Nunca las selvas fueron cómodas cuando hay que volver a
empezar
Que desde la soledad se piensa todo de nuevo
Y pocos supieron escribir para saber acompañarse
-el absurdo es así, es no saber qué escribir, tal vez nada qué
escribir,
esa incapacidad para hacer una Biblia mejor-
Porque las plazas se llenan de personas preguntándose:
¿Dónde estoy yo, dónde estoy yo?
-lo sé de memoria, quizás el amor nos rescate, piensan
muchos, erradamente-
Los grandes desiertos donde unos se aventuran para no volver,
¡Esos caminos ansiados para los que quieren algo más allá de
las cuatro paredes!
¿Es verdad lo que promete la estrella que brilla en el
cielo?
Unos pies cuyas uñas son como pezuñas, unas manos que tienen
garras
Espesa barba, largo cabello sucio, dientes podridos
Unos hombres matándose a otros, mujeres pariendo más hombres
que hagan lo mismo
-y sin embargo seguimos aquí, dicen, volviéndonos más
civilizados-
Un mundo ideal es sentarse a escribir un poema sin temores o
deudas
Unas cuantas líneas que nos remitan a lo que piensa el
escritor cuando es libre
-¿Quiénes son los bienaventurados que encima se quejan de su
suerte?-
¡Ah, identidades que no han sido resueltas!
¿Alcanzarán la palabra cuando se sepan totalmente?
En el silencio es necesario volver a inventar otra
civilización
Para cuando la melodía que señale las glorias
Que en sus cantares proponga otras leyendas.
-lo que no saben estos falsos pioneros que todo es ego-
Que tendrá que pasar miles de años
Antes que alguien grite a voz torva:
¡Nosotros también nos equivocamos!
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco
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