Espera, ése es el poeta que
perdió la fe muchas veces. La muchacha probaba de su zumo de frutas, era un
surtido de papaya arequipeña con melón y manzanas chilenas. Suele venir de vez
en cuando a este café a pedirse una Coca Cola de litro mientras distrae la
mirada con las bellas muchachas que visitan nuestro café. Entonces él es el
poeta que prefiere no salir de su apartamento porque se cansó de la ciudad y
del mundo. El mundo para él fueron todas las muchachas extranjeras que conoció
en noches de discotecas y plazas, entre recitales de poesía de hace más de una
década. Hace años que no lee sus poemas para nadie. Su amiga llevaba el cabello
recogido y sus ojos brillaban de manera intensa. Olvídalo le dijo la muchacha
que probaba del zumo: él es solo placer, deseo, nunca se enamora. Ya, eso la
sabemos todas, pero eso es justamente lo que necesito: un animal en la cama que
no me vuelva a buscar. Estás en territorio desconocido, ha hecho el amor con
más de 150 meretrices, de esas que no tienen corazón, te hará el amor como lo
que es: un maestro, pero igual, al día siguiente no sabrás cómo ubicarlo, él no
quiere amar, él solo quiere tener sexo, dice que el amor es 100% sexo, pero en
realidad tiene otra forma de entender lo que nosotras llamamos amor, nadie sabe
cómo piensa, solo leemos lo que escribe y perdemos sus señales, un día se
siente muy bien y termina escribiendo cosas muy hermosas y otro de pronto, se
vuelve insufrible, insoportable de ser leído y es allí cuando comienza a decir
verdades que nos duelen a todas, ¡no, no te atrevas a mirarlo, él no va a dudar
en venir a esta mesa y querer hacer el amor con
las dos! Es todo un espectáculo ver cómo se sirve la Coca Cola en el
vaso, cómo lo bebe, con calma, paladeando algo que se nota, disfruta a la vez
que cala con intensidad sus tabacos, de verdad que dan ganas de hacerle el
amor. Anda vé al baño sucia, que ya se siente el olor a vagina mojada y se ha
dado cuenta, está tratando de identificar a qué mujer ha excitado esta vez,
recuerda que es un hombre prohibido.
Hombre prohibido, apenas escuché
ello, me percaté que hablaban de mí. Eran tan bellas, precisas para amarlas
toda la noche. Traté de imaginar de dónde eran, su acento no era extranjero,
deben ser de alguna ciudad que no conozca de Perú. Sería tan sencillo
levantarme y decirles un hola, si podemos compartir la mesa y saber algo de los
tres, pero no, eso sería acoso y apenas me han mirado. Una mirada no significa
nada, una sonrisa menos. En estos casos son ellas las que deben tomar la
iniciativa, no yo. He tenido muchos problemas por malentendidos donde no he
interpretado bien entre lo que es agradarle a alguien o ser deseado. Es curioso,
estamos en el mismo café, podríamos en este mismo momento conversar
plácidamente unos minutos para quedar, para hacer el amor, pero podrían estar
acompañadas de otros varones, podrían estar tomándose un momento para estar a
solas entre ellas mientras sus hombres hacen otras cosas. Nada tan vergonzoso
como conversar ahora con ellas para que luego aparezcan sus parejas y termine
en aprietos de los cuales nada quiero saber. Pero son bellas, sexys, entiendo
que están prohibidas para mí, han pasado 5 minutos desde que entré al café y
solo me han mirado y sonreído, demasiado tiempo para no haber tomado una
iniciativa. Recordé en ese momento a las muchachas de mi terruño, recordé a la
muchacha de cabello castaño y de ojos verdes, a veces azules, que una noche me
tocara la puerta de mi casa para pedirme que fuera su enamorado. No, sé cómo
son estas cosas. Veo en el celular, los minutos transcurren. Solo ha sido una
buena impresión, la impresión que sienten las muchachas que me leen y al
parecer les gusta lo que escribo. Nada tan grosero como aprovecharme de ello y
seducirlas. Es cierto, soy un hombre prohibido, porque ahora mismo puedo
citarme con una maroca y la calentura se me pasará. No soy yo el que debe dar
el primero paso, son ellas. Tomé el vaso, vacié tres dedos de Coca Cola, calé
el tabaco y desconcentré mis pensamientos para pensar en lo que quería escribir
apenas llegara a mi apartamento. Cuando no tienes necesidad de hacerle el amor
a todas las mujeres que cruzan sus miradas con uno, no tienes por qué exponerte
a situaciones incómodas.
Te dije que es un hombre
prohibido. Nunca se sabe solo a pesar de estar siempre solo. No seremos nada
para él, a lo mucho placer y más placer. Que seamos rubias y de ojos claros le
es indiferente, pues ha tenido muchas como nosotras. Solo seríamos la anécdota
del café. Que dejes de mirarlo de esa manera. ¿Entonces qué, lo dejamos ir sin
saber cómo hace el amor? Si ya sabemos cómo hace el amor, lo describe
detalladamente en sus escritos, ¿sabes cuántos minutos permanezco mojada mientras le leo? Entonces lo dejamos ir. Sí,
lo dejamos ir, porque ya no es de nadie, es de todas y, si él quisiera, ahora
seríamos de él. Pero ¿no nos arrepentiremos de esta errada decisión de dejarlo
ir? Ya no nos presta atención, está calando su tabaco, lo hace como si fuera
una ceremonia, es todo un placer verlo sorber con elegancia de su vaso con Coca
Cola. Vámonos mejor, nuestras parejas deben estar esperándonos. Sí, vámonos,
cogeremos en tu nombre señor Escritor.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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