martes, 6 de marzo de 2018

QUÉ DICE EL ESCRITOR CUANDO ESCRIBE UN LIBRO








Después de todo, entendiendo la vano que es publicar libros que la gente no va a comprar, por más que sean superiores a las obras de Shakespeare o Vargas Llosa, medité en qué nos estábamos equivocando los escritores o, tal vez yo. Porque les juro que hallé escritores increíbles que no fueron reconocidos y que decían con sabiduría cosas que jamás pensé. ¿Cuál era entonces nuestro error? ¿Pensar que con un libro el mundo mejoraría?-primero hay que aclarar esto: ¿se escribe para salvar al mundo, o para deleitar al lector?; esto es tema para un debate, pero me aburre vencer a otras personas cuando el argumento es refutado al momento de dirigirme a la persona y no a lo que dice; ¿alguien debía decirles a estos escritores que algo de autoridad se debe tener al momento de defender una causa, no es eso sinceridad?, ¡veracidad en medio de retóricas que cualquiera con 100 libros leídos puede tener, que por cierto es ya poca cosa!-porque para ser preciso, creo que si un político miente, es algo que todos podemos comprender, mejor dicho, es algo a lo cual estamos habituados; que se vendan, es cosa de verlo todos los días en los diarios, se llama: corrupción, pero, hablar de corrupción en el arte; es soportable con pensar que no son sinceros algunos escritores y que por vender sus libros acepten a algún autor como su referente así les parezca un vómito lo que hayan escrito. Pero si desde el arranque antes de presentarte en sociedad, te dicen que debes apoyar a tal o cual artista o escritor que no coincide con tu manera de pensar, tu rechazo podría estar sujeto a críticas que raye en una soberbia donde no te dejan otra alternativa, porque si vas a ignorar al que está de moda desde los nuevos clásicos o si el crítico literario te va a confundir con alguien a quien no has estudiado bien o lo sabes de leídas pero no completamente desde sus causas, entonces estamos bien perdidos al momento de estar frente a un auditorio que lo menos que quiere es un profeta más.
Quizá sea la curiosidad por querer enterarse de tu vida lo que motive a las personas estar presentes en un auditorio  o, una excusa para beber y drogarse o tal vez ligar con la muchacha que quiere hacer el amor pero aún no se decide y primero quiere ver dientes rotos antes de abrir las piernas para el macho ganador creyendo que así lo dicta el instinto de supervivencia, es decir, que el macho alfa sea el que se lleve sus orgasmos.
Pero si después de haber dado un discurso inédito y revolucionario, no se ha tomado la Plaza de la ciudad y los medios de comunicación no están a la puerta del auditorio esperando tus declaraciones, entonces todo ha sido una pérdida de tiempo. Pero me dirá amigo lector que un libro no fue hecho nunca con afanes políticos, lo sé, lo sé, pero todo discurso se enfrenta siempre contra el poder, si es que claro, el poeta entiende que algo está mal dentro del sistema.
Normalmente, mejor dicho, siempre y, en esto nunca nada ha variado desde hace siglos, cuando se acaba la presentación de un libro, el autor no se pregunta si se vendieron todos los libros o si en la puerta del auditorio hay algún periodista que le esté esperando para saber de sus novedades. Normalmente está esperando las botellas de licor y las alabanzas de quienes saben, él hará lo mismo cuando sea el turno de sus compañeros bebedores de presentar libros. Pero, ¿en realidad leemos esos libros? Creo que los dejamos en esas cajas de objetos inservibles que solo sirven para guardar lo que no tiene utilidad alguna.
Creo que todo discurso parte de lo que se dice y, no es necesario que sea dicho en un auditorio, a veces se puede decir en plena calle, a veces en un bar o en un bus. La voz que dice lo acertado no requiere de un libro ni mucho menos de toda la parafernalia propia de esos escritores con chalina y saco que se sientan a la mesa con muchos honores y al tomar la palabra, ya no sienten la presentación de su libro como lo que en realidad debe ser: un ritual. Un par de chistes, un par de anécdotas de cualquier tipo, risas entre los espectadores y, algo qué contar graciosamente, sin importar si es buena o no la anécdota, solo saber decirla de manera encandiladora, con un estilo que atrape la atención de los presentes. Lo demás no importa, total, ya sabemos que los escritores son personas que se expolian la piel luego de cada verano disfrutado en el Mediterráneo y que no necesitan vivir de la venta de sus libros porque además vienen de familias pudientes y hasta tal vez lo comente con ironía entre líneas, dando a entender a los presentes que se caga en si le compran o no sus libros, porque se pudre en dinero y alguien de su linaje debía escribir, eso sí, haciendo prevalecer el apellido, porque lo escrito es bueno, pero para los que pueden leerlo con calma, sin apremios, sin apuros, si es que de pronto el público presente se sienta intruso entre el auditorio, porque un burgués se ha dado el lujo de hablarles lo que se le ha dado la gana y, encima le has aplaudido y pedido un autógrafo y si fuera poco, le has dado dos horas de tu vida a alguien a quien le importas poco o no te recordará nunca, así te tomes una foto a su lado mientras sonría para las circunstancias.
Entonces, qué del discurso. Fue hecho para los grandes cambios, quizá, tal vez en otros tiempos, cuando la Literatura era la Literatura, no ahora cuando es una razón más para tener algo qué hacer en esa agenda de días aburridos donde todo siempre es lo mismo.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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