domingo, 29 de julio de 2018

EL HOMBRE QUE NO BESABA A LAS MUJERES






Ella no lo sabía, me estaba despidiendo, sería la última vez que hiciéramos el amor. No podía quejarme del sexo que me brindó, pero algo en mí me hacía buscar el amor en otras mujeres. Nunca me enamoro, sin embargo es cierto todo lo que te digo, es lo que siento al momento de hacerte el amor, pero eso lo siento con todas las mujeres que son mías. Ella estaba sentada en la misma silla donde suelo sentarme a escribir, se le notaba feliz, era Fiestas Patrias a pesar de todo lo que ocurría en el país; llamaba a todas sus amigas, era obvio que se iba a tomar unos vasos de ron con Coca Cola. La visualicé como yo, en una noche de viernes sin nadie con quién entenderse. Somos tan parecidas y diferentes las personas, el discurso parte de nuestras relaciones sociales. Al principio estaba planificado salir con ella, en su auto, con su chofer e ir a la fiesta con las demás muchachas. Habían preparado al parecer unos suculentos platos para celebrar las fiestas. Eran las muchachas que nunca se enamoran y que disfrutan del sexo.
Salimos a comprar una bebida cerca de las 12 de la noche de mi apartamento, las calles estaban llenas de jóvenes que preferían embriagarse a hacer el amor. Ella parecía estar en su espacio, calmada, atenta al peligro, a que algo ocurriese. Noté rápidamente que estaba cohibida, distante, caminando apartada de mí. Los muchachos gritaban por las calles, el comercio estaba cerrado, fue la última hora de sexo que tuvimos, tampoco había por qué hacer dramas ni decirlo, estaba sobreentendido. Que cuántas veces habíamos hecho el amor, pues desde el mes de noviembre del año pasado, eso creo recordar, siempre atenta, dispuesta, excitada, como cuando subía las gradas para entrar a mi habitación mientras la empujaba con una mano tocando su sexo caliente debajo de esos pantalones ceñidos, del hecho de saber ella que en fracciones de segundos al tenerme desnudo tendría que colocarme el preservativo. Nunca he entendido a aquellas personas que tienen que esperar horas de horas entre caricias y besos para luego desearse y amarse. Lo nuestro fue siempre una marcha contra el reloj, es decir, contra los segundos donde ella me pertenecería hasta que empezara con sus insistencias cuando llegábamos a la hora de sexo y después de todos sus orgasmos pedía poco, que yo tuviera el mío. Solo eyaculo cuando ha terminado para mí todo lo que pido en una mujer cuando la tengo en mi cama, cuando lo hago, ya no la deseo más, dejo entrar en mi vida a otra muchacha con quien sin duda alguna pasará lo mismo. Ella sabía que nunca me casaría y que también tendría que escribir esto ahora para no olvidar lo que compartimos en estos meses de visitas constantes. Porque no fue la única mujer con quien compartí el amor en los últimos meses, pero eso no tenía importancia alguna. Creo que entendíamos la felicidad de una manera diferente.
El sexo asmático donde ella sobre mí jadeaba gimiendo hasta enloquecer hacia que mis manos al recorrer todo su cuerpo me hicieran dichoso. Estimo que debimos haber hecho el amor en más de 200 posturas espontáneas. Nunca leí el Kamasutra, siempre he pensado que el amor es algo que nace del deseo, no de las teorías propias de tontos que planifican qué hacer antes de estar en la intimidad. Mis mujeres eran deseo violento y lo que en la velocidad de mis pensamientos al tenerlas en mi poder, mi voluntad propusiese.
Nunca me dijo No a nada, como ninguna de las otras muchachas. El camino que tengo recorrido hace que no pierda el tiempo con algunas mujeres a quienes descarto en minutos. Estoy acostumbrado a ser obedecido en el lecho al momento de tener sexo y, estoy acostumbrado a complacer a muchachas ninfómanas que son felices haciendo el amor.
Cambié de parecer, decidí no ir a la fiesta con las demás muchachas a sabiendas que me encontraría con varias muchachas con las cuales había hecho el amor. Tenían derecho a beber, pero a mí no me gusta beber así que, mientras ella escuchaba una balada que con los audífonos, desde la computadora, le sugerí la oyera, le relataba parte de mis hazañas y aprendizaje, del cómo me hice Escritor, quiénes fueron mis primeras musas y del cómo en el futuro haría música con el saxo.
Nos despedimos como siempre mientras su chofer se la llevaba a la casa de las muchachas para festejar sus alegrías más que penas, era lógico, el sexo cuando es bien hecho, produce bienestar, paz y alegría.
Cerré la puerta de mi apartamento mientras me dirigía al baño para darme un duchazo: sentía el vivo olor a su sexo en mis manos, total, una ducha con agua caliente me mantendría fresco hasta que conciliara el sueño. Dentro ya de mi habitación, encendí un tabaco mientras me servía un vaso con Kola Real negra. ¿Me estoy perdiendo mucho de la bohemia por no beber licor? No lo creo, conozco mucho ese mundo, hay mucho que perder y nada que ganar.
El piso de mi habitación estaba regado de preservativos usados, en la limpieza de la mañana los botaré, pensé. Puse entonces el tema que le hice escuchar mientras recordaba los años de universidad donde besaba a todas las muchachas que elegía, ello era distinto, a ellas las besaba pero no les hacía el amor. Habían pasado tantas décadas desde entonces. Era el hombre que le hacía el amor a todas las muchachas que ningún amante podía complacer. Debe ser duro para los demás, pensaba, tenerlas desnudas frente a uno, con toda su humanidad, su sexo dispuesto, con todas las ganas del mundo de ser felices, húmedas desde el momento en que iban acercándose a mi apartamento, ansiosas por querer ser sometidas.
Yo soy simplemente el hombre que no besa a las mujeres. ¿Habría que hacerlo? No me era extraño, en ese momento me di cuenta de algo: me había olvidado a qué sabían los besos en la boca a las muchachas, lo nuestro era algo más que besos de niños, no había por qué alarmarse. El sexo duro hace años en mí, no necesitó de besos.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco


viernes, 27 de julio de 2018

CANCIÓN PARA UN MUNDO PERDIDO






El Hacedor compuso una canción que tenía la respuesta
Era imposible que el silencio de los más fuertes se sintiera indiferente
Un corazón, dos corazones, un millón de corazones la escucharon
Y el mundo se detuvo
Y recordamos quiénes fuimos, quiénes somos
Qué quisimos ser
Y todos escuchamos lo que siempre quisimos cantar
La palabra perdida, las oraciones sentidas que no fueron esclarecidas
El verbo que resolvía todo
Las miradas hacia el Cielo
Los sentimientos removidos desde lo más hondo
Las lágrimas de los guerreros
El honor del último hombre
La muchachita virgen que no entendía al Verbo pero que la musitó
Y el Sol venciendo para el día más hermoso
El día que nunca debía llegar según las Leyendas Negras
Las profecías que los Profetas no pudieron señalar.
El Hacedor interpretó su canción como solo se interpreta una sola vez
Lo que callamos con ira y dolor.
¿Puede alguien decirlo todo en una sola canción?
¿Es cierto entonces que todo es posible?
Porque la sabiduría fueron pocas palabras y mucho empeño
Proverbios donde estábamos por fin explicados.
Apenas 3 minutos donde fuimos felices
Donde el mundo fue un solo brazo por fin.
Era el genio del Hacedor que no sabía lo que cantaba
Era el latir de los pechos renaciendo en la esperanza
Era la respuesta esperada en milenios
Mas como todo en esta vida es brevedad
La armonía anhelada duró cuanto duró esta canción
Sin embargo nadie reclamó nada
Nadie exclamo queja alguna por la eternidad prometida
Fue la canción más bella de nuestra historia
La más completa y exacta
Y así, paso tras paso, cada quien  siguió su rumbo
Y las ciudades volvieron a sus rutinas
Y los hombres que gobiernan al mundo luego de sus meditaciones
Y los hombres sencillos y los que en lucha están
Comulgaron lo cantado sin ninguna discrepancia.
¿Qué canción era ésta que el genio compuso?
Pocas palabras para decirlo todo de una forma diferente pero necesaria
Sentida la canción, todos recuperamos la Fe
Se había cantado lo que estuvo callado en nuestros corazones,
Alguien digno aún existía.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

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Julio Mauricio Pacheco Polanco




jueves, 26 de julio de 2018

EVOLUCIÓN PARA UN ESCRITOR






Llega una edad en la que el amor es fácil
Cuando conoces a las muchachas que solo necesitan placer
Y son ellas y, soy yo y los que también son felices.
Llega una edad donde el sexo es saludable
Donde nadie pertenece a nadie
Ni se hacen planes a futuro
Y el lecho es propicio para muchas amantes
Donde solo reina la felicidad.
Llega una edad donde ellas saben que las delicias de la carne
Dejaron de ser una necesidad a ocultar con rubor,
Donde la entrega es total
Como lo es con una y otra
Y como es con ellas y los demás.
¿Alguien dijo de esta forma al amor?
Una va y otra viene y nadie tiene porqué entristecerse
Apenas un par de horas robadas a la noche en espera de saber de otras
O en las que siempre retornan,
Mientras calo un tabaco y bebo de mi vaso con zumo de frutas o mi KR negra,
Al usar el celular y llamar a alguna de ellas
Mientras mi apartamento huele a Boum
Y los ambientes son espacios donde el amor vence,
¿Pensar en los años perdidos donde no venció el amor?
¡Oh, creaturas solitarias que creen que la entrega es otra cosa!
Los diferentes no nacimos para el matrimonio
Apenas una nueva muchacha por conocer
Ansiosas en la piel por sentirse deseadas
Derrotadas entre mis ojos cuando siento el deseo inmediato y fulminante.
Solo los que podemos guardar silencio en las horas de la calma
Cuando el sol triunfa en el mediodía
O cuando la noche es una invitación a los goces
Dime estimado lector, ¿conoces el amor del cual te hablo?
Porque así como hay mujeres que no nacieron para un solo hombre
Hay hombres que no nacimos para una sola mujer
Y entre nosotros nos reconocemos
Y nadie tiene porqué complicarse la vida,
Apenas 46 años para saber que la vida es llegar a la vejez lleno de dicha
Sin ánimos de tener prole ni horarios donde tenga que dar mi tiempo a otras personas.
El amor es algo dejado para los libres
Y ser libre implica sentir de diferente manera
Con todas las muchachas posibles
Las que nunca te llaman a medianoche
Las que esperan con ansiedad a que uno las llame
Siempre listas y apuradas, queridas y bien  amadas
Que es el momento todo
Y el despertar otro día de aventuras
Donde tal vez sea mi llamada la que suene en el celular
O tal vez la de otro hombre
Lo cual no quiera decir que alguien cele a alguien,
Que hay demasiado tiempo en las 24 horas del día
Lo suficiente como para hacer el amor 50 veces en una semana
Con todas las muchachas posibles
Como es igual con ellas
Y así Dios dispuso el paraíso para los libres
Para los que damos todo hasta terminar en un escrito como éste
Donde se testimonia que uno está vivo
Que esto es la vida.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

EL HOMO SAPIENS

  ©Julio Mauricio Pacheco Polanco Todos los Derechos Reservados 2602034443907 SafeCreative Escritor y Pensador Libre Arequipa, Perú 02 de fe...