Imposible no rendirse ante esos
ojos verde plateados, brillando con alegría, lo que se llama sentirse feliz,
cómoda, relajada, querida, amada, perdonada por lo que alguna vez hubiera hecho
o hiciera en el futuro, creo que así son las conexiones, creo que detrás de
todas sus mentiras y búsquedas, de sus fantasías tiernas o bizarras, de sus
noches intensas en Arequipa, hiciera lo que hiciera, en fracciones de segundo
pensé que el que se enamora no juzga nada, hace a un lado los defectos, lo
consiente todo mientras se da cuenta uno que el mundo desaparece alrededor de
ambos, que de pronto solo existen dos personas en el universo y que el universo
fuimos los dos para decirlo todo en minutos donde la sabiduría buscada por los
genios y los talentosos, el diálogo que lo diga todo, fluía de manera
espontánea para dos personas que se sentían muy cerca, más cerca que el estar
abrazados en plena plaza, el tocarse sin miedo alguno, como si fuera una
necesidad espontánea de la que ni un solo segundo se quería desaprovechar.
Volveré en dos o tres años. El tiempo
pasa volando. Ella sonrió y correspondió a mi sentencia diciendo: eso ya lo
sabemos; tal vez vuelva a trabajar a esta ciudad más antes de lo que piensas. No
era un juego del dominador, a pesar de haber hablado solo de sexo, de haberle
dicho que cuando recibí su llamada la noche anterior, pensé que se trataba de
la muchacha con quien hace unos días había hecho el amor en mi apartamento,
porque al contestar a su llamada, tenía la misma voz a pesar de tener ella otro
acento por ser europea; no tenía sentido, me hablaba con miedo y timidez, con
temor a ser rechazada, me decía que volvía a Alemania y que me llamaba para
despedirse. Yo la había dejado para los recuerdos de otros tiempos donde ella
formó parte de mis escritos, no pensé que estaría pendiente de mí antes de
volver, como me lo dijera el primer día que llegó a Perú. Había eliminado su número
de celular de mi agenda, ¿la razón?, había perdido el control y sabía, a ella
no la podría superar, es demasiado bella, voy a caer en la tentación de
llamarla cada minuto y eso es algo que odio en mí, el ceder todas mis
voluntades ante una mujer. Sin embargo la llamé como quien sabe que se va a
morir y no tiene reparo alguno en hacer lo que siempre quiso hacer en su vida
y, la llamé dos veces para que me contestara después de habernos despedido por
el celular y quedar a la mañana siguiente encontrarnos.
Naturalmente en estos casos soy
yo el que se anticipa a los encuentros una hora antes para pensar detenidamente
lo que brevemente debo decir, toda esa brevedad en la que se dice todo y se
sabe, una vez liberadas las palabras así, quedarán para siempre en ella sea
este el caso, porque cuando subía al café para hacer hora una hora antes, ella
me llamaba para decirme que estaba en camino tomando un taxi para alcanzarme y,
no debe ser curioso que sea una hora antes también.
La necesidad era mutua. La complicidad
irrepetible.
Sí, hice el amor con dos
muchachas veinteañeras en tu ausencia. Alcancé a divisarla cuando entraba a la
plaza y la llamé a viva voz, sin timidez ni vergüenza, alcé la mano y ella hizo
lo mismo y, por un momento pensé que era una película de cine donde ambos
acercábamos con emoción nuestros pasos para encontrarnos.
Y es que en nuestras pláticas
siempre hemos compartido nuestras experiencias, de cómo nos gusta hacer el amor
y qué no nos parece. ¡Demonios!, no voy a volver a encontrar a otra mujer que
me entienda tanto, que esté tan interesada en mi necesidad de dominar a las
muchachas en la cama con mis apetitos perversos.
Estuve en los night clubs de la
ciudad, que la he pasado con todas mis amigas y he conocido mucha más gente a
quien quiero volver a tratar. De pronto hablaba del toque de las manos, del
roce y la intensidad al momento de ser tocada, de la ternura que es rara
encontrar.
Habíamos aclarado el por qué me
sentí molesto cuando estuvo en mi apartamento, que ella sabía que consumo
bastante tabaco y no tenía porqué reprochármelo porque me conoce como consumidor
de tabacos. Estaba cansada Mauricio, ya no podía seguir a tu aburrido ritmo
filosófico. Ya, veo que solo te interesa que te hable de mis aventuras con las
veinteañeras a las cuales les hago el amor. Ella se sonrojó y sus ojos
brillaban más. Caminamos un trecho más mientras le decía que era extraña, que
era más ardiente que las mismas latinas o, las que yo he conocido. Qué, las
alemanas son así, le pregunté a lo que me dijo, no Mauricio, no somos así, no
creas todo lo que ves en esos videos que salen en la web, el amor es algo raro
de encontrar. En ese momento recordé cuando le preguntara en el café cuando
recién llegó a Perú: ¿Qué estás buscando aquí entonces?, porque tú estás
huyendo y has cruzado el Atlántico en busca de algo.
No sé si el tiempo tenga una
dimensión o si alguna vez mi amigo lector encontró alguien con quien poder
hablar sin ningún tipo de reparo o vergüenza, porque parados allí, antes de
despedirnos, nos dimos cuenta que queríamos hacer el amor en plena vía pública,
que la gente no existía para nosotros, que pegados cuerpo a cuerpo, ella sentía
mi erección en su sexo mientras con mis manos nunca antes había sentido la piel
tan desnuda entre mis dedos al tocarla y saber que algo se detenía y eternizaba
para los dos, que nuestras miradas eran ver nuestras almas y sabernos cercanos
hasta donde nadie antes jamás pudo llegar mientras apenas podía sentir miradas
de muchachas que volteaban y sonreían, como si algo mágico estuviera
ocurriendo, como cuando me dijo que el amor es eso, no nuestras experiencias
sino algo que ocurre despacio, poco a poco, como en las novelas románticas, donde
se deja lo mejor para cuando ambas partes se den cuenta que ya no pueden seguir
batallando para decir: me rindo. Es que eso es el amor, le decía mientras la
tomaba de la cintura, el mostrarse sin máscaras y temor alguno a ser rechazado,
o mejor dicho, el darse cuenta que la vida es en ese momento cuando se está al
lado de quien podría ser la perdición total o, dejarse de huevadas y saberse
por fin alguien que ya no está solo en el universo, que hay alguien similar a
uno y que solo maduramos para cuando sea el momento de decirnos: ya aprendimos
por nuestra cuenta todo lo que debimos aprender.
Pegados en plena calle, cuerpo a
cuerpo me dijo mientras no dejaba de mostrar su rostro de felicidad: “cuando
vuelva no será como ahora, esta vez te quise sorprender pero te me adelantaste,
la próxima vez será una sorpresa”. La abracé como ella de igual manera lo hizo,
con todas nuestras fuerzas hasta hacerla girar sobre el piso considerando que
es de mi talla, es decir, alta y, ojos a ojos le dije: “sabes que siempre voy a
estar aquí, cuídate por favor, conmigo siempre podrás contar”. Porque su mano
me retuvo sin querer soltarme, en ese momento recordé la primera vez que la vi
o ella me vio, eran los ojos de un ángel.
Y eso ocurre una sola vez en la
vida.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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