martes, 21 de agosto de 2018

LO QUE OCURRE SOLO UNA VEZ EN LA VIDA






Imposible no rendirse ante esos ojos verde plateados, brillando con alegría, lo que se llama sentirse feliz, cómoda, relajada, querida, amada, perdonada por lo que alguna vez hubiera hecho o hiciera en el futuro, creo que así son las conexiones, creo que detrás de todas sus mentiras y búsquedas, de sus fantasías tiernas o bizarras, de sus noches intensas en Arequipa, hiciera lo que hiciera, en fracciones de segundo pensé que el que se enamora no juzga nada, hace a un lado los defectos, lo consiente todo mientras se da cuenta uno que el mundo desaparece alrededor de ambos, que de pronto solo existen dos personas en el universo y que el universo fuimos los dos para decirlo todo en minutos donde la sabiduría buscada por los genios y los talentosos, el diálogo que lo diga todo, fluía de manera espontánea para dos personas que se sentían muy cerca, más cerca que el estar abrazados en plena plaza, el tocarse sin miedo alguno, como si fuera una necesidad espontánea de la que ni un solo segundo se quería desaprovechar.
Volveré en dos o tres años. El tiempo pasa volando. Ella sonrió y correspondió a mi sentencia diciendo: eso ya lo sabemos; tal vez vuelva a trabajar a esta ciudad más antes de lo que piensas. No era un juego del dominador, a pesar de haber hablado solo de sexo, de haberle dicho que cuando recibí su llamada la noche anterior, pensé que se trataba de la muchacha con quien hace unos días había hecho el amor en mi apartamento, porque al contestar a su llamada, tenía la misma voz a pesar de tener ella otro acento por ser europea; no tenía sentido, me hablaba con miedo y timidez, con temor a ser rechazada, me decía que volvía a Alemania y que me llamaba para despedirse. Yo la había dejado para los recuerdos de otros tiempos donde ella formó parte de mis escritos, no pensé que estaría pendiente de mí antes de volver, como me lo dijera el primer día que llegó a Perú. Había eliminado su número de celular de mi agenda, ¿la razón?, había perdido el control y sabía, a ella no la podría superar, es demasiado bella, voy a caer en la tentación de llamarla cada minuto y eso es algo que odio en mí, el ceder todas mis voluntades ante una mujer. Sin embargo la llamé como quien sabe que se va a morir y no tiene reparo alguno en hacer lo que siempre quiso hacer en su vida y, la llamé dos veces para que me contestara después de habernos despedido por el celular y quedar a la mañana siguiente encontrarnos.
Naturalmente en estos casos soy yo el que se anticipa a los encuentros una hora antes para pensar detenidamente lo que brevemente debo decir, toda esa brevedad en la que se dice todo y se sabe, una vez liberadas las palabras así, quedarán para siempre en ella sea este el caso, porque cuando subía al café para hacer hora una hora antes, ella me llamaba para decirme que estaba en camino tomando un taxi para alcanzarme y, no debe ser curioso que sea una hora antes también.
La necesidad era mutua. La complicidad irrepetible.
Sí, hice el amor con dos muchachas veinteañeras en tu ausencia. Alcancé a divisarla cuando entraba a la plaza y la llamé a viva voz, sin timidez ni vergüenza, alcé la mano y ella hizo lo mismo y, por un momento pensé que era una película de cine donde ambos  acercábamos con emoción nuestros pasos para encontrarnos.
Y es que en nuestras pláticas siempre hemos compartido nuestras experiencias, de cómo nos gusta hacer el amor y qué no nos parece. ¡Demonios!, no voy a volver a encontrar a otra mujer que me entienda tanto, que esté tan interesada en mi necesidad de dominar a las muchachas en la cama con mis apetitos perversos.
Estuve en los night clubs de la ciudad, que la he pasado con todas mis amigas y he conocido mucha más gente a quien quiero volver a tratar. De pronto hablaba del toque de las manos, del roce y la intensidad al momento de ser tocada, de la ternura que es rara encontrar.
Habíamos aclarado el por qué me sentí molesto cuando estuvo en mi apartamento, que ella sabía que consumo bastante tabaco y no tenía porqué reprochármelo porque me conoce como consumidor de tabacos. Estaba cansada Mauricio, ya no podía seguir a tu aburrido ritmo filosófico. Ya, veo que solo te interesa que te hable de mis aventuras con las veinteañeras a las cuales les hago el amor. Ella se sonrojó y sus ojos brillaban más. Caminamos un trecho más mientras le decía que era extraña, que era más ardiente que las mismas latinas o, las que yo he conocido. Qué, las alemanas son así, le pregunté a lo que me dijo, no Mauricio, no somos así, no creas todo lo que ves en esos videos que salen en la web, el amor es algo raro de encontrar. En ese momento recordé cuando le preguntara en el café cuando recién llegó a Perú: ¿Qué estás buscando aquí entonces?, porque tú estás huyendo y has cruzado el Atlántico en busca de algo.
No sé si el tiempo tenga una dimensión o si alguna vez mi amigo lector encontró alguien con quien poder hablar sin ningún tipo de reparo o vergüenza, porque parados allí, antes de despedirnos, nos dimos cuenta que queríamos hacer el amor en plena vía pública, que la gente no existía para nosotros, que pegados cuerpo a cuerpo, ella sentía mi erección en su sexo mientras con mis manos nunca antes había sentido la piel tan desnuda entre mis dedos al tocarla y saber que algo se detenía y eternizaba para los dos, que nuestras miradas eran ver nuestras almas y sabernos cercanos hasta donde nadie antes jamás pudo llegar mientras apenas podía sentir miradas de muchachas que volteaban y sonreían, como si algo mágico estuviera ocurriendo, como cuando me dijo que el amor es eso, no nuestras experiencias sino algo que ocurre despacio, poco a poco, como en las novelas románticas, donde se deja lo mejor para cuando ambas partes se den cuenta que ya no pueden seguir batallando para decir: me rindo. Es que eso es el amor, le decía mientras la tomaba de la cintura, el mostrarse sin máscaras y temor alguno a ser rechazado, o mejor dicho, el darse cuenta que la vida es en ese momento cuando se está al lado de quien podría ser la perdición total o, dejarse de huevadas y saberse por fin alguien que ya no está solo en el universo, que hay alguien similar a uno y que solo maduramos para cuando sea el momento de decirnos: ya aprendimos por nuestra cuenta todo lo que debimos aprender.
Pegados en plena calle, cuerpo a cuerpo me dijo mientras no dejaba de mostrar su rostro de felicidad: “cuando vuelva no será como ahora, esta vez te quise sorprender pero te me adelantaste, la próxima vez será una sorpresa”. La abracé como ella de igual manera lo hizo, con todas nuestras fuerzas hasta hacerla girar sobre el piso considerando que es de mi talla, es decir, alta y, ojos a ojos le dije: “sabes que siempre voy a estar aquí, cuídate por favor, conmigo siempre podrás contar”. Porque su mano me retuvo sin querer soltarme, en ese momento recordé la primera vez que la vi o ella me vio, eran los ojos de un ángel.
Y eso ocurre una sola vez en la vida.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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