A mis 46 años debo relatar lo que
ignoraba parcialmente y no estaba claro dentro de mis reflexiones. El corazón
siempre fue eso: algo con lo cual jugar. Nunca estarás a tiempo para rescatar a
quienes están al asecho de los cazadores que solo quieren destruir tu alma. Si bien,
los judíos circuncidan a sus familias, tanto entre varones como mujeres, es con
un solo fin: combatir la sodomía. El placer siempre fue eso, la perdición del
ser humano, por ello, un miembro viril que no disfruta de los orgasmos porque
está circuncidado, es alguien que mucho menos tendrá atracción hacia alguien de
su género como de igual manera sucede con las mujeres: el placer siempre fue
base de la condición humana, el martirio de los santos, los pecados de los
sacerdotes y monjas, las abyecciones donde la suciedad se manifiesta y destruye
la mente de las personas. Pero sobre ello no es lo que he de relatarles ahora
que, tras mis hazañas, he sabido mantenerme al margen de lo gregario por conocer
de los excesos donde predominan pulsaciones que desvían tanto al hombre como a
la mujer, me supe de pronto en caminos que no elegí, donde era el último que
quedaba entre disputas por las mujeres, si es que debo ser claro, no soy yo el
que lidia en estos territorios contra otros de mi género sino, otras mujeres
que intentan destruir al hombre por vanidades donde arrogarse el amor así
mismas sea por varones o mujeres, desde tiempos inmemorables, hizo de esta
sociedad un mundo donde la autoestima en las mujeres les insta a quedar
embarazadas antes de tiempo, antes de conocer el amor, antes de aceptar
públicamente que son lesbianas, si es que las vencedoras son aquellas que
declararon que nunca pertenecerían a hombre alguno, por saber de nuestro poder
sobre ellas al momento de tenerlas, al momento de revelarles esa naturaleza
donde al sentirse mujeres en la cama, somos nosotros los que dominamos, los que
mostramos el camino de la felicidad, esa felicidad a la cual tanto temen,
cuando pierden el alma, cuando se entregan y descubren esa naturaleza tan
temida, en la intimidad.
Qué es un hombre sin sexo sino un
filósofo que cuestiona todo, qué es un hombre lujurioso sino aquel que desde su
dicha pierde interés en todo, desde Dios hasta crímenes injustificables solo
para seguir satisfaciendo la gula. Porque sin saberlo, una vez más estaba en el
ritual, en la encrucijada, donde enterado que mis rivales no solo eran hombres
sino mujeres, me hallé ante una mente perversa que anhelaba ser amada por las
mujeres que a los hombres nos pertenecen. ¿La razón?, pues no la sé, quizá sea
como reitero, la vanidad de saberse superior y negar la naturaleza donde se
descubren sumisas, esclavas, complacientes para el amor. Porque las vírgenes
sienten asco por las cosas que hacen las mujeres y, las mujeres se sienten
vulnerables ante sus deseos y apetitos donde son presa fácil del hombre, del
placer donde no existe el amor.
¿Qué fue el amor sino una lucha
entre el hombre y la mujer?, o el dominio de una persona por parte de otra. Y así,
he visto caer derrotados tanto a hombres como a mujeres, para desviarse y ceder
a otras formas de satisfacción donde la consciencia es perturbada y todo se
trasgrede, para la degeneración de la familia humana.
Que en mi conocimiento, no era yo
el que disputaba el amor de las mujeres solo, sino, otra mujer quien segura de
arrebatarme a las mujeres que debían amarme, me condenaba esta lid a la soledad
y la infamia, al placer solitario y la soledad de mis escritos.
Poseedor de un priapismo raro,
dado solo entre uno y 100,000 varones, debía entender de los celos y disputas
donde la lucha es la de siempre, entre un hombre y todas las mujeres, entre lo
viril y lo desviado.
Por ello reparo en la circuncisión
judía, en el hecho que sea una lucha contra los sodomitas, contra los
seguidores de religiones complacientes en estas bajezas, donde la naturaleza
del varón y la mujer se desvirtuaba, para ceder a los brazos de los que rinden
culto al Diablo o, lo que yo entiendo, el lado perverso de los deseos y la
desviación.
He quedado solo en medio del
camino y no temo. Me he quedado sin descendencia y en constante brega ante una
lucha desigual donde no creo en el amor y, contemplo, tanto a muchachos y
muchachas, ser atrapadas por mujeres muy bellas que han de destruirles el alma,
para saciarse en la gula de los perdidos, los que originan todas las enfermedades
mentales y se regodean en el vacío de sus existencias, disfrutando de la carne
evasivamente, para no pensar en quiénes somos, para qué hemos venido a este
mundo y, qué es un hombre, qué es una mujer, qué propósito tiene la vida,
cuando descubrimos que el amor no existe, que es solo el deseo lo que nos une
entre varón y mujer y, algo más atroz, la lucha de la mujer para arrebatar al
hombre de sus mujeres, para invertirlo desde la más extrema soledad y proclamar
su triunfo en el mundo, como género dominante, sin tener respuestas más allá
del placer, respuestas que nos acerquen a lo que somos, si es que no se lidia
desde todos los ámbitos con homosexuales y lesbianas, para la ignorancia de los
sagrados e intocables, los que llevan la señal de los justos, los que sostienen
a la historia y señalan el camino del Eterno Masculino, en una era donde la ira
de Dios no es temida, cuando los sodomitas esperan al asecho, para destruir
moralmente tanto al varón como a la mujer y, dominar este mundo.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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