martes, 18 de septiembre de 2018

LA LITERATURA ES UNA MUJER A LA CUAL LE HAGO EL AMOR DESDE SIEMPRE







Habíamos hecho el amor como de costumbre, con dos horas de sexo continuo. Ambos estábamos laxados sobre la cama, desnudos, sin decir nada en particular. Ella estaba agotada y con ganas de descansar así por un buen rato. Al momento me levanté de la cama y me senté frente a mi ordenador, tenía ganas de escribir. ¿Y te pagan por eso? Claro que no pequeña-suelo decirle pequeña desde hace unos meses, no sé por qué, porque en la cama es una  leona, una mujer que es capaz de satisfacerme en todo sin ningún tipo de reparo o temor-, éste es un oficio incomprendido, no recibo remuneración alguna. Entonces, ¿por qué lo haces?, llevas años escribiendo y, todo lo que tienes no es precisamente gracias a tus escritos. Tenía mucho de razón, pero no le hice caso, mi necesidad de escribir era tan igual como la de querer hacer el amor por horas de horas. Quizá te pueda responder a esa pregunta y, lo puedo hacer con 20 maravillosos y convincentes discursos, pero no, no lo haré, hay oficios que son tan imposibles de realizar que el solo ejercerlos, no merecen explicación alguna, ¿acaso el hacer el amor necesita una respuesta si fuera una interrogante? Bueno, veo que eres terco, porfías en un oficio que no te permite hacerme el amor todos los días. En ese momento pensé en sus deudas, sus pagos y en mis días de soledad, creo que es mejor así, si nos viéramos todos los días habría terminado por aburrirme de ti y, otra muchacha estaría en mi cama ahora, donde descansas. Eso no es cierto Mauricio, me has sacado la vuelta con todas las mujeres que se te ha dado la gana. Es que es eso precisamente lo que me gusta de ti. Qué, qué sea muy puta en la cama. No, que no te incomode que haga el amor con otras muchachas. Ah, bueno, a ti tampoco te incomoda que yo haga el amor con otros hombres. Ese es nuestro trato, ¿no? ¿Y qué del amor? ¿El amor?, tal vez fue una experiencia que tuvimos que superar para ahora ser felices. Mauricio, la felicidad para ti es solo penetrar y tener el cuerpo de una muchacha entre tus brazos mientras sientes placer. Bueno, así me has conocido, ¿no? Es inútil, nunca te casarás, estás casado con un oficio que me perjudica porque si trabajaras en algo rentable, podrías al menos complacerme en todos mis gustos y me tendrías todos los días aquí. Tomé un tabaco de la cajetilla que estaba en el escritorio y acomodé el cenicero mientras encendía el mentolado. Ya me había pasado ello antes, el que no pudiese controlar la testosterona. No, cariño, sabes bien que es insoportable estar erecto todo el día y solo poder hacer el amor unas cuantas horas, no quiero volver a pasar por ello. Pues mira que podrías tener todas las muchachas que desearas. Lo sé, pero no tendría tiempo para escribir, terminaría agotado al llegar la noche sin ánimos para nada, solo cansado y con las preocupaciones propias de los que solo piensan en despertar a la hora para ir a trabajar. De todas maneras, escribir no te da dinero, es bien raro ese placer, ¿por qué lo haces? Voltee a verla haciendo una pausa entre ella y lo que estaba escribiendo, calé mi tabaco y probé de la Kola Real negra para por fin verla, allí, con el cuerpo suelto, laxado y complacido, era una buena hembra, un mujer a la cual trataba toscamente al momento de amarla y, es que no sabía de otra manera de tener sexo con ella, era imposible, nadie que haga el amor me podrá decir que cuando la pasión es intensa, se ha reparado en ser demasiado dulce o cuidadoso para con sus mujeres. Te conocí hace casi un año, pero la literatura es como una mujer a la cual le vengo haciendo el amor desde que era púber, es como si conviviera con ella y todas ustedes, si eso responde a mis necesidades para estar vivo y, he hallado el equilibrio perfecto para saber hacia dónde seguir, pues en ello estoy agradecido, por eso, dudo mucho que tenga alguna vez que decidir entre ustedes y mis escritos. ¿Lo dices porque ambas siempre estaremos allí cuando más nos necesites? Sí, si alguna de ustedes fallara, la literatura siempre estará a mi lado y, no es una relación tóxica ni complicada, creo más bien que es saludable. Calé de mi tabaco mientras ella me seguía observando. ¿Estás otra vez escribiendo sobre nosotros? Sí, ¿te incomoda que escriba sobre lo nuestro? No Mauricio, no me incomoda, a estas alturas debe medio mundo saber de qué color son mis pezones o mi sexo. Vamos, ambos sabemos que no tienen color, pero eso no viene al caso, ahora deja que termine este relato, que nos queda tiempo para volver a hacer el amor. No Mauricio, no nos queda tiempo, debo marcharme, me llamas otra vez cuando me necesites. Ella se levantó de la cama y empezó a vestirse. ¿Te has molestado? No, para nada, solo que veo que eres imposible, eres el tipo de hombre que no se puede atrapar, siempre tendrás a la literatura como compañera. Se acercó vestida a mí y me abrazó mientras daba una rápida lectura a lo que escribía. Me llamas, ¿sí? Ella tomó su bolso y al voltear antes de cerrar la puerta pude ver en sus ojos el amor a mi pasión, era una mirada llena de celos, una mirada que reclamaba para sí todo mi frenesí y, sí, tenía razón, la literatura para mí es como una mujer a la cual vengo haciéndole el amor, desde hace mucho tiempo y, así sería hasta que muriera.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor

Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco


No hay comentarios:

MANIFIESTO EN CONTRA DE LOS CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD DEL PARTIDO COMUNISTA CHINO Y XI JINPING, PERPETRADOS CONTRA PERÚ Y EL MUNDO

Cuando hubo el huayco aquí en Arequipa, un fenómeno inusual, empecé a gritar, porque lo vi frente a mis ojos, acusé a China y al HAARP. Er...