Habíamos hecho el amor como de
costumbre, con dos horas de sexo continuo. Ambos estábamos laxados sobre la
cama, desnudos, sin decir nada en particular. Ella estaba agotada y con ganas
de descansar así por un buen rato. Al momento me levanté de la cama y me senté
frente a mi ordenador, tenía ganas de escribir. ¿Y te pagan por eso? Claro que
no pequeña-suelo decirle pequeña desde hace unos meses, no sé por qué, porque
en la cama es una leona, una mujer que
es capaz de satisfacerme en todo sin ningún tipo de reparo o temor-, éste es un
oficio incomprendido, no recibo remuneración alguna. Entonces, ¿por qué lo
haces?, llevas años escribiendo y, todo lo que tienes no es precisamente
gracias a tus escritos. Tenía mucho de razón, pero no le hice caso, mi necesidad
de escribir era tan igual como la de querer hacer el amor por horas de horas. Quizá
te pueda responder a esa pregunta y, lo puedo hacer con 20 maravillosos y
convincentes discursos, pero no, no lo haré, hay oficios que son tan imposibles
de realizar que el solo ejercerlos, no merecen explicación alguna, ¿acaso el
hacer el amor necesita una respuesta si fuera una interrogante? Bueno, veo que
eres terco, porfías en un oficio que no te permite hacerme el amor todos los
días. En ese momento pensé en sus deudas, sus pagos y en mis días de soledad,
creo que es mejor así, si nos viéramos todos los días habría terminado por
aburrirme de ti y, otra muchacha estaría en mi cama ahora, donde descansas. Eso
no es cierto Mauricio, me has sacado la vuelta con todas las mujeres que se te
ha dado la gana. Es que es eso precisamente lo que me gusta de ti. Qué, qué sea
muy puta en la cama. No, que no te incomode que haga el amor con otras muchachas.
Ah, bueno, a ti tampoco te incomoda que yo haga el amor con otros hombres. Ese es
nuestro trato, ¿no? ¿Y qué del amor? ¿El amor?, tal vez fue una experiencia que
tuvimos que superar para ahora ser felices. Mauricio, la felicidad para ti es
solo penetrar y tener el cuerpo de una muchacha entre tus brazos mientras
sientes placer. Bueno, así me has conocido, ¿no? Es inútil, nunca te casarás,
estás casado con un oficio que me perjudica porque si trabajaras en algo
rentable, podrías al menos complacerme en todos mis gustos y me tendrías todos
los días aquí. Tomé un tabaco de la cajetilla que estaba en el escritorio y
acomodé el cenicero mientras encendía el mentolado. Ya me había pasado ello
antes, el que no pudiese controlar la testosterona. No, cariño, sabes bien que
es insoportable estar erecto todo el día y solo poder hacer el amor unas
cuantas horas, no quiero volver a pasar por ello. Pues mira que podrías tener
todas las muchachas que desearas. Lo sé, pero no tendría tiempo para escribir,
terminaría agotado al llegar la noche sin ánimos para nada, solo cansado y con
las preocupaciones propias de los que solo piensan en despertar a la hora para
ir a trabajar. De todas maneras, escribir no te da dinero, es bien raro ese
placer, ¿por qué lo haces? Voltee a verla haciendo una pausa entre ella y lo
que estaba escribiendo, calé mi tabaco y probé de la Kola Real negra para por
fin verla, allí, con el cuerpo suelto, laxado y complacido, era una buena
hembra, un mujer a la cual trataba toscamente al momento de amarla y, es que no
sabía de otra manera de tener sexo con ella, era imposible, nadie que haga el
amor me podrá decir que cuando la pasión es intensa, se ha reparado en ser demasiado
dulce o cuidadoso para con sus mujeres. Te conocí hace casi un año, pero la
literatura es como una mujer a la cual le vengo haciendo el amor desde que era
púber, es como si conviviera con ella y todas ustedes, si eso responde a mis necesidades
para estar vivo y, he hallado el equilibrio perfecto para saber hacia dónde
seguir, pues en ello estoy agradecido, por eso, dudo mucho que tenga alguna vez
que decidir entre ustedes y mis escritos. ¿Lo dices porque ambas siempre
estaremos allí cuando más nos necesites? Sí, si alguna de ustedes fallara, la
literatura siempre estará a mi lado y, no es una relación tóxica ni complicada,
creo más bien que es saludable. Calé de mi tabaco mientras ella me seguía
observando. ¿Estás otra vez escribiendo sobre nosotros? Sí, ¿te incomoda que
escriba sobre lo nuestro? No Mauricio, no me incomoda, a estas alturas debe
medio mundo saber de qué color son mis pezones o mi sexo. Vamos, ambos sabemos
que no tienen color, pero eso no viene al caso, ahora deja que termine este
relato, que nos queda tiempo para volver a hacer el amor. No Mauricio, no nos
queda tiempo, debo marcharme, me llamas otra vez cuando me necesites. Ella se
levantó de la cama y empezó a vestirse. ¿Te has molestado? No, para nada, solo
que veo que eres imposible, eres el tipo de hombre que no se puede atrapar,
siempre tendrás a la literatura como compañera. Se acercó vestida a mí y me
abrazó mientras daba una rápida lectura a lo que escribía. Me llamas, ¿sí? Ella
tomó su bolso y al voltear antes de cerrar la puerta pude ver en sus ojos el
amor a mi pasión, era una mirada llena de celos, una mirada que reclamaba para
sí todo mi frenesí y, sí, tenía razón, la literatura para mí es como una mujer
a la cual vengo haciéndole el amor, desde hace mucho tiempo y, así sería hasta
que muriera.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

No hay comentarios:
Publicar un comentario