Pero el caso de Mauricio es
alarmante, se pasa todo el día encerrado en su habitación escribiendo desde que
cumplió 17 años y, no es que no tenga tiempo para hacer el amor, muchos
preferirían hacer el amor a estar sentados frente a un ordenador y escribir sin
detenerse, pero dá el caso que ha conocido y tenido centenas de mujeres y creo,
ése es su punto de quiebre para saber qué es lo que más quiere en la vida, es
decir, escribir. Mira que sus ausencias son notorias y las esperas
gratificantes para sus lectores, diría que es un Escritor en constante
evolución y que renunció hace tiempo al mercado mercenario de los libros en
físico, que se dio cuenta que la Literatura no es un negocio sino un estilo de
vida desde donde es feliz en soledad, sin ninguna mujer que le moleste ni
tampoco hijos que le quiten el sueño. ¿No es una vida envidiable?, diría que lo
conoce todo y que de allí parte justamente para relatar historias o escribir
poemas donde es difícil saber por dónde empezar y, no es que haya agotado todos
sus temas para escribir, cada vez es más agudo y claro en lo que propone desde
sus escritos y, es que el solo escuchar su nombre y saber que ha escrito algo
nuevo, evoca experiencias vitales, extremas, sexo salvaje, abortos o el derecho
inalienable a la libertad de expresión, creo que si tuviera la oportunidad de
recorrer el mundo, tendría más ojos para su laptop que para los lugares que
recorra en Europa, Asia o África. Su pasión va más allá de lo que el compromiso
le demande, si es que hablamos de rituales y si es que ha sido honrado con el
derecho a ser libre. Ha escrito tanto con sabiduría y conocimiento sobre el
amor y no se ha enamorado, ha escrito tanto sobre el derecho a abortar y desde
sus escritos ha alertado tanto a los jóvenes lectores sobre los embarazos no
deseados o cómo evitarlos en entornos pacatos donde pocos se atreven sino, a
escribir sobre sus intimidades con las mujeres, a evitar o tener hijos no
planificados, pero lo veo con claridad, si le dieran la oportunidad de elegir
entre las mujeres y la literatura, te aseguro que no dudaría en decir que
prefiere escribir a estar horas de horas cambiando de mujer porque además
conoce los peligros de la lujuria, de estar erecto a tal punto de desesperación
de querer penetrar una pared. Es que es difícil no visualizarlo despertar desde
la austeridad de su apartamento para de inmediato, sin tomar desayuno o ya
tomado, previa ducha fresca o cepillada de dientes, se siente frente a su
escritorio y nos invite a ese universo donde él nos transporta a la utopía de
saber que hay alguien en este mundo que sí es feliz, que sí hace realidad su
sueño, sin que haya vendido su voz, manteniendo firme su discurso sin censura,
sin que nadie le diga sobre qué debe o no debe escribir, diría que es una vida
envidiable de la manera más sana, porque al fin y al cabo, por cierto, nadie en
este mundo es tan dueño de su vida como él y, mira que está llegando a los 50
años y no da señales de necesitar de nadie ni de buscar amor de muchacha
alguna, si es que las que ha tenido y en buena cantidad no han podido atraparlo
con los placeres que le han brindado y que él ha tomado para sí mientras
pensaba en lo siguiente a escribir, creo que es un claro ejemplo de cómo se
ejerce la libertad, es como si su iluminación radicara justamente en una
autosuficiencia desde la que el escribir lo fuera todo, más allá de la negación
a perder el tiempo que es para él valioso, entre tertulias de amigos que ya
nada tienen que enseñarle, ¿será alguien que crece solo y se alimenta de sí
mismo y en sus reflexiones ha hallado la respuesta a las búsquedas que todos
nos planteamos?, porque hace muchas décadas atrás se dio cuenta que los premios
son otra forma de censurar a las personas y que, las drogas como otros
sucedáneos no le sirven para escribir lo que él realmente quiere escribir, si
es necesario apuntar que en sus últimos miles de escritos solo aparece un
nombre, su nombre, Mauricio, sin tener la necesidad de poner los nombres de las
cientos de muchachas que han sido suyas, porque quizá ya sabe que esos nombres
no son reales, que nunca lo fueron, como cuando tenía 17 años y enamoraba a
muchachas que nunca más volvía a ver luego de besarlas y tocar sus senos en
lugares apartados de la ciudad, sabiendo que era inútil buscarlas, porque de
los cientos de nombres que le dieron, él ya sabía que ninguno era real, que
quizá el único nombre real que encontró en su vida fue el suyo en sus propios
libros, porque seguro a esta hora debe estar calando sus tabacos mentolados
mientras bebe según me comentan, de su Kola Real de sabor naranja y, de hecho, debe
estar escribiendo, como si fuera lo último que tuviera que decirle a un mundo
donde nadie dice nada, o al menos, son pocas las personas que realmente están vivas,
tan vivas como él, si es que escribir con tanto frenesí y sin afán de fama, en
todo el mundo le lean.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

No hay comentarios:
Publicar un comentario