Oiga usted, pero escribe muy
bien, diría, demasiado bien, ¿por qué no tiene éxito? El hombre bajó la cabeza,
pensó en esos años de juventud, tantos errores, excesos de los cuales se
arrepentía, mejor dicho, de todo lo que no debió hacer o decir. Es que soy mala
persona. ¿Pero eso qué tiene que ver?, en sus escritos hay mucho aporte. Sí, lo
sé, pero nada tienen que ver con mi conducta, ¿no soy un hombre de 45 años que
para ser publicado debe dar un discurso como escritor? Me quedé pensando por
unos breves segundos, el discurso, sus 45 años, ¡vaya manera apocalíptica de
asumir las cosas! ¿Pero tan mal le fue? Como a todos, ¿no? Pero eso no debería
desanimarlo, a los escritores justamente eso les pasa, es decir, de todo, sino,
de dónde sacarían testimonios para escribir, porque, ¿se refiere usted a sus
testimonios, no? ¿Y si así lo fuera, respóndame, si así lo fuera, no me
descalificaría mi propia vida? Saqué un tabaco del bolsillo de mi camisa, es
que por un momento pensé que estaba refiriéndose a la historia de todos los
hombres. ¡Sí, pensó usted bien, a eso me refiero, a la historia de todos los
hombres! ¿Entonces qué, falta de valor? ¡Valor, valor es lo que me sobra!, bajó
la mirada y se quedó quieto, perturbado por lo que visualizaba, imágenes
aterradoras, momentos imborrables, condenas que nos son comunes a todos y, sin
embargo seguía de pie, arrostrándome no su coraje para hacerse llamar escritor,
vi algo más macabro, para seguir vivo. Mi palabra, ¿sabe lo que era mi palabra?
La palabra, la palabra de un hombre, o lo que quede de él. No hombre, no, a mi
edad ya no se puede andar con discursos demagogos ni para estar jugando al mártir,
¿sabe, prefiero la paz, esta tranquilidad anónima desde donde me remito a lo
que fui, para qué más, podré cambiar al mundo con un libro, o me arrepentiré lo
que me quede de vida por haber publicado un libro más?, ¡nada!, nada en todos
los sentidos, como expresión de nulidad y como expresión de que a este mundo
nadie lo salva, que no quiero ser un Cristo que sea abrumado por centenas de
personas necesitadas de respuestas que ni yo las tengo para mi vida. ¿Pero es
tan jodido ser escritor? Ja, lo jodido es ser un ser humano, eso es lo jodido,
porque estoy demasiado lejos de lo que fui y me importa un carajo si la gente se
mata por un pedazo de tierra o en un peregrinaje por la paz mundial, porque,
¿sabe usted qué fue lo que destruyó a todos los escritores de mi generación?,
no, no fue la carencia de un discurso o no tener una voz propia, fue lo que
llamamos: “el compromiso”, sí, el compromiso con la literatura, con el ser
humano, con la sociedad, ¿pero es que no lo ve diario?, la gente nunca está
contenta con nada, a ver, diga usted algo y siempre habrá alguien que se le
vaya encima y lo despedace sin piedad y, ¿por qué razón?, por la misma razón
por la cual yo escribo: por querer proclamar mi existencia, ¿en eso se resume
la literatura no señor don sabio?, es decir, ¿no es acaso un libro una manera
de enseñarle a las personas cómo debería ser el mundo?, ¿ve?, sigue hasta en lo
que digo el compromiso del cual le hablé y que ha callado a todos los
escritores de mi generación, ¿y luego qué, supongamos que soy machista, sí, que
soy machista y me gustan las putas, porque decir trabajadoras sexuales es una
elegante forma de nombrarlas, pero ya, insisto en afirmar que me gusta irme de
putas, ¿no se me vendrán encima las feministas?, déjeme ir más lejos, ya, lo
acepto, soy bruto en el sexo, en la intimidad, tengo impulsos sádicos más
bizarros de los que vemos en los videos porno que hay en internet, es decir,
¿no seré acusado por las feministas por considerar a las mujeres no como
cuerpos a someter y dominar a mi placer sino, como objetos?, es que el punto no
es el sexo, eso es solo parte de mi personalidad, ¿no ha pensado usted que todo
discurso siempre termina en la política?, le estoy hablando de un discurso honesto, que se respete así mismo,
no del que utilizan los demagogos que siempre termina en filosofía o el arte
por el arte, ya, me dirá que una persona que no ha transado con la corrupción
merece entrar al llano de la política, ¿el llamado, no?, ¡claro, el llamado de
la sociedad!, ¡nada otra vez!, los hombres entran en política por presiones o
intereses oscuros, nada es dejado al azar en la política, sí, sí pues, tengo
rabo de paja y soy un buen elemento para los políticos, es decir, un títere que
se ajusta a sus intereses, ¿pero no es eso perder la libertad para repetir lo
que no pienso mientras leo el whastapp siguiendo órdenes a las cuales debo ser
yo el sometido?, ¡ah, me dirá que tengo valores, principios!, yo le pregunto,
¿de qué me sirven?, ¿no son los medios de comunicación los que ponen y sacan
políticos de escena?, ¿qué, los Grupos de Poder?, ja, ¿y para quién cree usted
que trabajan ellos, los que informan a la población?, sí, sé que no le digo
nada nuevo, que eso lo sabe hasta el hombre más humilde y con poca instrucción,
pero sucede que no se trata de escribir bonito o tener talento, se trata de
saber que todos tenemos derecho a la libertad de expresión y que usarla implica
comprarse pleitos gratuitos que a nadie contentarán, porque ya no se trata del
sueño personal de ser escritor, o es que olvida que el escritor, el verdadero
escritor es el que escribe a título personal, sin el amparo de nadie, sin
ninguna protección para llegado el día, de pronto, terminé defendiendo causas
que no son suyas, porque necesariamente uno tiene que convivir con las demás
personas, ¿no?, pero de eso no se vive, porque un escritor de 45 años sabe que
al momento de hablar, terminará enfrentándose contra el mundo entero y, no es
que eso solo nos pase a los que escribimos, nos pasa a todos, solo que
callamos, hemos hecho el voto del silencio y nos hemos conformado con lo poco
que tenemos para seguir viviendo con la poca paz que nos queda, ahora,
¿respondo a lo que usted piensa cuando ahora abre bien los ojos y me ve como un
escritor apocalíptico?, le voy a pedir un favor, no me vea así, véame como lo
que soy, un hombre, un ser humano como todos los que hay en esta ciudad o país,
que al fin y al cabo, para escribir, solo se requiere de tiempo y mucha vida,
¿45 años, no?, que cualquiera puede escribir una historia bonita, interesante,
escalofriante, lo que todos queremos leer, pero, ¿y después qué?, ¿resolver la
vida de todos?, porque apenas uno hable, todos empezarán a hacerlo y, todos
estamos en deuda con todos y, eso no tiene solución, ¿entiende entonces lo del
valor, el coraje que me sobre como a todos?, ¡entienda mejor que soy una mala
persona que escribe bien y que no quiere ser célebre! Calé con intensidad mi
tabaco mentolado mientras lo vi abatido, cansado, sin ánimos para hacer
realidad un sueño que quizá fue real en su juventud. Entonces, ¿cuál es su
pecado que lo convierte en mala persona? El hombre me miró fijamente a los
ojos, sacó de su saco una chata de ron, probó un trago amargo de ella y
finalmente me dijo: “mi pecado fue vivir y, allí se resume toda mi sabiduría
como mis errores", ¡No señor, déjeme en paz, no quiero ser su Mesías!
El Escritor no lo sabía, pero yo mismo me había encargado de enviar sus manuscritos a un sello editorial importante que había decidido publicarlo. No sentí arrepentimiento alguno mientras lo veía caminar por la calle, imbuido en su soledad, disfrutando de su libertad, sin saber, que su sueño se convertiría, en su peor pesadilla.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

No hay comentarios:
Publicar un comentario