jueves, 24 de enero de 2019

EL GENIO Y SUS ABDICACIONES






Oiga usted, pero escribe muy bien, diría, demasiado bien, ¿por qué no tiene éxito? El hombre bajó la cabeza, pensó en esos años de juventud, tantos errores, excesos de los cuales se arrepentía, mejor dicho, de todo lo que no debió hacer o decir. Es que soy mala persona. ¿Pero eso qué tiene que ver?, en sus escritos hay mucho aporte. Sí, lo sé, pero nada tienen que ver con mi conducta, ¿no soy un hombre de 45 años que para ser publicado debe dar un discurso como escritor? Me quedé pensando por unos breves segundos, el discurso, sus 45 años, ¡vaya manera apocalíptica de asumir las cosas! ¿Pero tan mal le fue? Como a todos, ¿no? Pero eso no debería desanimarlo, a los escritores justamente eso les pasa, es decir, de todo, sino, de dónde sacarían testimonios para escribir, porque, ¿se refiere usted a sus testimonios, no? ¿Y si así lo fuera, respóndame, si así lo fuera, no me descalificaría mi propia vida? Saqué un tabaco del bolsillo de mi camisa, es que por un momento pensé que estaba refiriéndose a la historia de todos los hombres. ¡Sí, pensó usted bien, a eso me refiero, a la historia de todos los hombres! ¿Entonces qué, falta de valor? ¡Valor, valor es lo que me sobra!, bajó la mirada y se quedó quieto, perturbado por lo que visualizaba, imágenes aterradoras, momentos imborrables, condenas que nos son comunes a todos y, sin embargo seguía de pie, arrostrándome no su coraje para hacerse llamar escritor, vi algo más macabro, para seguir vivo. Mi palabra, ¿sabe lo que era mi palabra? La palabra, la palabra de un hombre, o lo que quede de él. No hombre, no, a mi edad ya no se puede andar con discursos demagogos ni para estar jugando al mártir, ¿sabe, prefiero la paz, esta tranquilidad anónima desde donde me remito a lo que fui, para qué más, podré cambiar al mundo con un libro, o me arrepentiré lo que me quede de vida por haber publicado un libro más?, ¡nada!, nada en todos los sentidos, como expresión de nulidad y como expresión de que a este mundo nadie lo salva, que no quiero ser un Cristo que sea abrumado por centenas de personas necesitadas de respuestas que ni yo las tengo para mi vida. ¿Pero es tan jodido ser escritor? Ja, lo jodido es ser un ser humano, eso es lo jodido, porque estoy demasiado lejos de lo que fui y me importa un carajo si la gente se mata por un pedazo de tierra o en un peregrinaje por la paz mundial, porque, ¿sabe usted qué fue lo que destruyó a todos los escritores de mi generación?, no, no fue la carencia de un discurso o no tener una voz propia, fue lo que llamamos: “el compromiso”, sí, el compromiso con la literatura, con el ser humano, con la sociedad, ¿pero es que no lo ve diario?, la gente nunca está contenta con nada, a ver, diga usted algo y siempre habrá alguien que se le vaya encima y lo despedace sin piedad y, ¿por qué razón?, por la misma razón por la cual yo escribo: por querer proclamar mi existencia, ¿en eso se resume la literatura no señor don sabio?, es decir, ¿no es acaso un libro una manera de enseñarle a las personas cómo debería ser el mundo?, ¿ve?, sigue hasta en lo que digo el compromiso del cual le hablé y que ha callado a todos los escritores de mi generación, ¿y luego qué, supongamos que soy machista, sí, que soy machista y me gustan las putas, porque decir trabajadoras sexuales es una elegante forma de nombrarlas, pero ya, insisto en afirmar que me gusta irme de putas, ¿no se me vendrán encima las feministas?, déjeme ir más lejos, ya, lo acepto, soy bruto en el sexo, en la intimidad, tengo impulsos sádicos más bizarros de los que vemos en los videos porno que hay en internet, es decir, ¿no seré acusado por las feministas por considerar a las mujeres no como cuerpos a someter y dominar a mi placer sino, como objetos?, es que el punto no es el sexo, eso es solo parte de mi personalidad, ¿no ha pensado usted que todo discurso siempre termina en la política?, le estoy hablando de un  discurso honesto, que se respete así mismo, no del que utilizan los demagogos que siempre termina en filosofía o el arte por el arte, ya, me dirá que una persona que no ha transado con la corrupción merece entrar al llano de la política, ¿el llamado, no?, ¡claro, el llamado de la sociedad!, ¡nada otra vez!, los hombres entran en política por presiones o intereses oscuros, nada es dejado al azar en la política, sí, sí pues, tengo rabo de paja y soy un buen elemento para los políticos, es decir, un títere que se ajusta a sus intereses, ¿pero no es eso perder la libertad para repetir lo que no pienso mientras leo el whastapp siguiendo órdenes a las cuales debo ser yo el sometido?, ¡ah, me dirá que tengo valores, principios!, yo le pregunto, ¿de qué me sirven?, ¿no son los medios de comunicación los que ponen y sacan políticos de escena?, ¿qué, los Grupos de Poder?, ja, ¿y para quién cree usted que trabajan ellos, los que informan a la población?, sí, sé que no le digo nada nuevo, que eso lo sabe hasta el hombre más humilde y con poca instrucción, pero sucede que no se trata de escribir bonito o tener talento, se trata de saber que todos tenemos derecho a la libertad de expresión y que usarla implica comprarse pleitos gratuitos que a nadie contentarán, porque ya no se trata del sueño personal de ser escritor, o es que olvida que el escritor, el verdadero escritor es el que escribe a título personal, sin el amparo de nadie, sin ninguna protección para llegado el día, de pronto, terminé defendiendo causas que no son suyas, porque necesariamente uno tiene que convivir con las demás personas, ¿no?, pero de eso no se vive, porque un escritor de 45 años sabe que al momento de hablar, terminará enfrentándose contra el mundo entero y, no es que eso solo nos pase a los que escribimos, nos pasa a todos, solo que callamos, hemos hecho el voto del silencio y nos hemos conformado con lo poco que tenemos para seguir viviendo con la poca paz que nos queda, ahora, ¿respondo a lo que usted piensa cuando ahora abre bien los ojos y me ve como un escritor apocalíptico?, le voy a pedir un favor, no me vea así, véame como lo que soy, un hombre, un ser humano como todos los que hay en esta ciudad o país, que al fin y al cabo, para escribir, solo se requiere de tiempo y mucha vida, ¿45 años, no?, que cualquiera puede escribir una historia bonita, interesante, escalofriante, lo que todos queremos leer, pero, ¿y después qué?, ¿resolver la vida de todos?, porque apenas uno hable, todos empezarán a hacerlo y, todos estamos en deuda con todos y, eso no tiene solución, ¿entiende entonces lo del valor, el coraje que me sobre como a todos?, ¡entienda mejor que soy una mala persona que escribe bien y que no quiere ser célebre! Calé con intensidad mi tabaco mentolado mientras lo vi abatido, cansado, sin ánimos para hacer realidad un sueño que quizá fue real en su juventud. Entonces, ¿cuál es su pecado que lo convierte en mala persona? El hombre me miró fijamente a los ojos, sacó de su saco una chata de ron, probó un trago amargo de ella y finalmente me dijo: “mi pecado fue vivir y, allí se resume toda mi sabiduría como mis errores", ¡No señor, déjeme en paz, no quiero ser su Mesías!
El Escritor no lo sabía, pero yo mismo me había encargado de enviar sus manuscritos a un sello editorial importante que había decidido publicarlo. No sentí arrepentimiento alguno mientras lo veía caminar por la calle, imbuido en su soledad, disfrutando de su libertad, sin saber, que su sueño se convertiría, en su peor pesadilla.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco





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