domingo, 17 de febrero de 2019

UN HOMBRE SOLTERO PARTE I






Si tú fueras una mujer lo entenderías todo, Mauricio. Sentado desde el sofá solo pensaba en lo que serían los días en adelante. Ella solo tenía razones para sí misma, para justificarse. En ese momento desee con todas mis fuerzas escuchar rock hasta que el cansancio me venciera dormido en ese sofá o donde me llevaran mis pies, si acaso nada estaba claro, en otros términos, era un hombre que había tenido 4 años de vida sexual muy intensa. Mi testosterona me decía que otra vez sería un cliente habitual de burdeles en los que solo querría penetrar a las muchachas que necesitan de placer, dinero, vida alegre, libertad en el exceso y por supuesto eso: nada de amor. “Si tú fueras una mujer…”, ni siquiera en eso era original, Bonie Tyler ya lo  había dicho en una de sus canciones. ¿Entonces qué, he sido un hombre usado?, porque para ella sería muy fácil tener sexo en la ciudad: una mujer que abre sus piernas siempre estará asediada por varones solitarios que buscan solo sexo. En mi caso no sería así. Volver a empezar, pero esta vez sin tener ganas de amar, sin querer tener una relación estable. Lo vivido me había devastado. Mi cuerpo sin embargo pedía placer. Me preguntaba ahora si las muchachas con las que hiciera el amor estarían de acuerdo para hacer el amor a como estaba acostumbrado. No quería volver a pasar por las debilidades de someter a muchachas desconocidas en lugares públicos. Ya no era necesario el diálogo, lo inmediato a pedir era la penetración. Era un hombre que necesitaba penetrar continuamente a como había estado acostumbrado: 50 veces de sexo a la semana, mucho vigor, mayor rapidez ante los estímulos sexuales, manías propias de los hábitos donde el placer en mí era muy exigente. No era cómo sacarla de mi mente, era cómo desaprender a hacer el amor para volver a hacer el amor. El sofá olía al sexo de ambos. Ese pequeño apartamento sería desocupado en dos días, vencido el contrato de alquiler todo parecía  un desprendimiento frío: desprenderse de quien conversaba conmigo todos los días sobre cosas que a ambos nos importaban. ¿Eso les interesará a las muchachas de los burdeles? A lo mucho me mirarían con extrañeza e interés, alguien a quien tendrían que calmar sus apetitos de la carne y de quien por cierto, podrían aprender otras formas para el amor. Me puse las zapatillas, esas medias llevaban en mis pies más de una semana y ella no se incomodaba por el desagradable olor. No había más nada qué decir. Y sabía desde el principio que la relación era un error, pero fue un error que se prolongó 4 años en donde sin darnos cuenta, todo lo dimos. Acabado el deseo, ya no había nada entre los dos. No pensé que la atracción durara tanto. La vi bien a los ojos, recién percaté que estaba más vieja, vaya manera para que se pasara el tiempo sin poder reparar en esos goces que parecían no tener final. ¿Entonces qué, leer y escribir y volver a frecuentar los burdeles? Estaba claro, retornaba a mi rutina de Escritor. Sin duda tendría mucho para escribir. Calé el tabaco mentolado mientras la contemplaba haciendo sus maletas. Ella era quien se iba de la ciudad, solo me dejaba a mí con una erección perenne y un miembro viril muy crecido, un cerebro muy masculino que solo pensaba en hacer el amor, mas yo no con ella. Mis infidelidades terminaron por acabar el círculo de amistades donde debía decirle adiós a todas las amigas y amigos con quienes se compartió muchas noches de tertulias, viajes, amaneceres y experiencias bizarras que no deseaba repetir. Ése era el problema, porque ya hacía dos meses que no hacía el amor con ella pese a dormir toda la noche erecto, ya no la deseaba, ni ella a mí y, solo habían silencios tensos entre ambos. 

Continuará...

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco
 

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