JULIO MAURICIO PACHECO POLANCO. Pensador Libre. Nací en octubre de 1971 en El Puerto Bravo de Mollendo, en el sur de Perú.
domingo, 17 de febrero de 2019
UN HOMBRE SOLTERO PARTE I
Si tú fueras una mujer lo entenderías todo,
Mauricio. Sentado desde el sofá solo pensaba en lo que serían los días en
adelante. Ella solo tenía razones para sí misma, para justificarse. En ese
momento desee con todas mis fuerzas escuchar rock hasta que el cansancio me
venciera dormido en ese sofá o donde me llevaran mis pies, si acaso nada estaba
claro, en otros términos, era un hombre que había tenido 4 años de vida sexual
muy intensa. Mi testosterona me decía que otra vez sería un cliente habitual de
burdeles en los que solo querría penetrar a las muchachas que necesitan de
placer, dinero, vida alegre, libertad en el exceso y por supuesto eso: nada de
amor. “Si tú fueras una mujer…”, ni siquiera en eso era original, Bonie Tyler
ya lohabía dicho en una de sus
canciones. ¿Entonces qué, he sido un hombre usado?, porque para ella sería muy
fácil tener sexo en la ciudad: una mujer que abre sus piernas siempre estará
asediada por varones solitarios que buscan solo sexo. En mi caso no sería así.
Volver a empezar, pero esta vez sin tener ganas de amar, sin querer tener una
relación estable. Lo vivido me había devastado. Mi cuerpo sin embargo pedía
placer. Me preguntaba ahora si las muchachas con las que hiciera el amor
estarían de acuerdo para hacer el amor a como estaba acostumbrado. No quería
volver a pasar por las debilidades de someter a muchachas desconocidas en
lugares públicos. Ya no era necesario el diálogo, lo inmediato a pedir era la
penetración. Era un hombre que necesitaba penetrar continuamente a como había
estado acostumbrado: 50 veces de sexo a la semana, mucho vigor, mayor rapidez
ante los estímulos sexuales, manías propias de los hábitos donde el placer en
mí era muy exigente. No era cómo sacarla de mi mente, era cómo desaprender a
hacer el amor para volver a hacer el amor. El sofá olía al sexo de ambos. Ese
pequeño apartamento sería desocupado en dos días, vencido el contrato de
alquiler todo parecíaun desprendimiento
frío: desprenderse de quien conversaba conmigo todos los días sobre cosas que a
ambos nos importaban. ¿Eso les interesará a las muchachas de los burdeles? A lo
mucho me mirarían con extrañeza e interés, alguien a quien tendrían que calmar
sus apetitos de la carne y de quien por cierto, podrían aprender otras formas
para el amor. Me puse las zapatillas, esas medias llevaban en mis pies más de
una semana y ella no se incomodaba por el desagradable olor. No había más nada
qué decir. Y sabía desde el principio que la relación era un error, pero fue un
error que se prolongó 4 años en donde sin darnos cuenta, todo lo dimos. Acabado
el deseo, ya no había nada entre los dos. No pensé que la atracción durara
tanto. La vi bien a los ojos, recién percaté que estaba más vieja, vaya manera
para que se pasara el tiempo sin poder reparar en esos goces que parecían no
tener final. ¿Entonces qué, leer y escribir y volver a frecuentar los burdeles?
Estaba claro, retornaba a mi rutina de Escritor. Sin duda tendría mucho para
escribir. Calé el tabaco mentolado mientras la contemplaba haciendo sus
maletas. Ella era quien se iba de la ciudad, solo me dejaba a mí con una
erección perenne y un miembro viril muy crecido, un cerebro muy masculino que
solo pensaba en hacer el amor, mas yo no con ella. Mis infidelidades terminaron
por acabar el círculo de amistades donde debía decirle adiós a todas las amigas
y amigos con quienes se compartió muchas noches de tertulias, viajes,
amaneceres y experiencias bizarras que no deseaba repetir. Ése era el problema,
porque ya hacía dos meses que no hacía el amor con ella pese a dormir toda la
noche erecto, ya no la deseaba, ni ella a mí y, solo habían silencios tensos
entre ambos.
Continuará...
Julio Mauricio Pacheco Polanco Escritor Todos los Derechos Reservados para Julio Mauricio Pacheco Polanco
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