¿Un final sin dramas? Algo
diferente. Calma, ya he pasado por esto antes, me puedes llamar cuando te
sientas sola o me necesites. ¿Me hablas de sentir tu ausencia? No sé, olvídalo,
solo tengo mucho sueño, solo quise decir algo elegante antes de que ambos
seamos solo olvido. Pues no es necesario, al menos déjate odiar para no
sentirme tan mal como me siento ahora. No hay más nada para decirnos. ¿Me puedo
llevar este blíster de Clonazepam? Claro, dejé de tomarlo desde que empezamos
nuestra relación, pero no creo que te srivan, ya deben estar caducados. Ella se acercó con un gesto amable y tierno colocando sus
codos y brazos acomodados sobre mis piernas para decirme: creo que no nos
arrepentiremos de nada, ¿la pasamos bien, no? Recordé esos ojos de cuando la
viera por primera vez, era un Mall donde la gente iba y venía y por esas
razones que tienen mucha relación con la atracción y los errores de prolongar
lo que solo debió durar un par de días, 4 años después, volví a encontrar esa
misma mirada, pero sin deseos de poseerla, era una mirada de dos conocidos que
se volvían a ver por vez primera mas sin deseos sexuales. Había mucho amor en
su mirada, sus ojos estaban más claros que de costumbre, le sonreí mientras con
una mano le tocaba el mentón: tranquila, estaré bien, entonces ella tuvo un
impulso repentino, quiso acercar sus labios a los míos, yo permanecía
impasible, sin emoción alguna, ella percató eso, detuvo inmediatamente el
impulso, desordenó mi cabello con ternura, se levantó y tomó sus cosas, una
maleta donde solo llevaba lo necesario para el futuro. Por eso te he amado,
porque sé que a ti es imposible hacerte daño. Salió por la puerta mientras me
quedaba en ese pequeño apartamento que en ese momento me pareció inmenso,
asfixiante además, muy conocido, muy propio, recorriéndolo para siempre, es
decir, para cerciorarme que los que lo iban a alquilar le darían otros
acabados, otro color a las paredes, otros diseños para las habitaciones, el
baño, la cocina, la terraza, la lavandería, otros muebles y otras almas que
impregnarían con su energía el lugar donde se fue feliz, fui feliz y del cual
nada habría motivo para volver. Hecho el último reconocimiento percaté que 4
años no fueron nada, que el tiempo se había pasado muy rápido al detenerme
frete al espejo de siempre donde solíamos cepillarnos los dientes o vernos
cuando teníamos sexo. Esas arrugas en el rostro, ese otro rostro donde ya no
era el mismo de antes. Me acerqué solo para cerciorar la blancura de mis
dientes. Abrí el grifo, me lavé las manos, usé la toalla de manos y sin recoger
nada hice lo mismo, me acerqué a la puerta dejando las llaves adentro. Cerré la
puerta mientras observaba mi celular, sabía que le daría otro uso a partir de
ese momento: llamar a nuevas muchachas o, tal vez también viajar, sin llevar
nada también, para el futuro.
Continuará...
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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