No necesitas una mujer que esté a tu lado
Necesitas estar solo, caminar sin voltear atrás
-prenderé un tabaco, es cierto, siempre al retornar habrá
algo más qué decir-
Supongo que donde acaba el horizonte aún hay más
Ese sonido de las olas hablan tanto
-empezar a escribir, sentarse en la orilla del arena gris y
conectarse con uno mismo-
Esperar por el ocaso perdido
El mismo que me habló de lo aún no definido en palabras
-la eternidad no solo está en el preludio al orgasmo-
Y poder señalar con mis manos al sol
Eso, poder, sin que nadie perturbe la tranquilidad
conquistada
-justo en el momento donde la puesta es roja algo diferente
ocurre-
-sé que esto no se repite continuamente-
No es necesario decírselo a nadie-para eso está la
Literatura-
Porque mis manos han vuelto sobre el mamotreto
Y entiendo que existe un solo diálogo verdadero: el que se
da con uno mismo
Porque el mar está presente siempre, se mueve a voluntad y
está
¿Es una mujer el mar para amar?
-veo mujeres aisladas desde todas partes hasta donde
deberían acabar las playas-
-hay un aura que advierte lo mismo: no ser interrumpidas-
Mis ojos giran y ven lo mismo en todas partes
¿Si aceptas que te hable, aceptarás todo lo que diga sin que
te hiera?
Un buen tema suena justo cuando la noche vence
-no hay tiempo para pensar en los suicidas y los que aún no
aman-
De vuelta sé que me espera una cama para mí
Y el silencio desde donde se puede filosofar
-otros, tantos han escrito sobre la libertad-
Supongo que detrás de todos los miedos hay algo más
Porque sin reparar en estos solo he pensado en cerrar bien
la puerta de mi casa
Y dejar que cada pensamiento desaparezca
Hasta que ninguno de éstos esté
Y es entonces cuando la mente es solo silencio
Entre mis ojos que contemplan la oscuridad mientras el sueño
tranquilo vence.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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