lunes, 6 de mayo de 2019

EL ESCRITOR QUE COMPARTÍA SUS MUJERES Y NO SIENTE CELOS







No viejo, olvídalo, esa mujer nos odia a todos nosotros, es retadora y provoca impotencia, a mí particularmente solo me agradó la primera vez que hice el amor con ella, las demás veces pensé que pude haber hecho el amor con otras muchachas, es más, pensé que podía ser rescatada, pero anda metida en drogas y alcohol y no es precisamente el tipo de mujer que uno desea para compartir momentos agradables. Ya, Júpiter, es que tú no tienes esos excesos, pero en ello te doy la razón, no es una buena compañía, pero, ¿ella?, qué me puedes decir de ella. ¡Ah, pues te la recomiendo!, es muy sumisa y sabe todas las poses para hacer el amor además de ser aguantadora, a mí me aguanta hasta 2 horas y mira que hay mujeres que con solo 15 minutos se conforman, pero ella se deja someter a todos mis caprichos. ¿Pero ella bebe? Bueno, sí, le gusta beber con sus amigos, pero conmigo ella sabe que no es necesario beber para hacer el amor, me cuesta entender cómo me soporta tanto, siempre me dice que no tengo paciencia, pero es que cada vez que entra a mi apartamento se me erecta al segundo y, cuando la ayudo a subir las gradas, la empujo de la parte de su sexo y éste bota fuego, se excita de solo pisar mi territorio, sabe que no me gustan los preliminares y que apenas estemos desnudos la penetraré.  ¿Entonces me la recomiendas para esta noche?,  mira que tengo dos cervezas guardadas en la nevera y me siento muy solo y no quiero volver a llamar a la otra. ¡Claro que te la recomiendo!, es una buena amante, cuando le hago el amor a veces tengo ganas de matarla en pleno acto sexual, me despierta una pasión que ella deja llevarla, no en vano estuve con ella para casi un año y medio y, nunca me reclamó que en todo ese lapso le hiciera el amor a todas las muchachas que yo deseara, ella solo accedió a ser mi esclava, mi sumisa, la que de manera incondicional estuvo siempre cuando la llamé a cualquier hora del día o la noche, siempre esperando mi llamada. ¿Entonces puedo hacerle el amor? Claro, Semental, tú sabes que yo no amo a nadie, que lo mío es solo placer, pero ten cuidado, el sexo que ella da es adictivo, mira que fue la que duró más tiempo en mi vida, en otros términos, no jode, te deja vivir y te da buen sexo, mira que no es cualquier mujer, es muy bella y ha hecho perder la cabeza a militares, médicos, empresarios, ¿de dónde crees que ha sacado dinero para comprarse todos los autos que tiene? Entonces la llamaré. ¡Hazlo!,  es buenísima compañera para la cama, nunca me dice No, quizá sea por eso que la llame siempre de vez en cuando, aunque con esto de haber muchas muchachas en la ciudad hace que me cueste mucho por decidirme en volver a hacer el amor con ella. Sí, pero me comentan que a todas les has prometido matrimonio, mira que te has acostado hasta con las hermanas colombianas por las que muchos han perdido la razón y ahora están en bancarrota. Ha, te refieres a ellas, bueno, son un par de angelitos que han sabido complacerme y, sí, no solo a ellas o a ella les he prometido matrimonio, pero ya me conocen, saben que cuando hago el amor, lo siento de verdad y, llego a pensar que con ellas me quedaré para toda la vida, pero luego aparece otra y otra y es cuando me pregunto, ¿por qué no fui millonario para hacerles el amor a todas? ¿Entonces ni una pizca de celos? Nada, Semental, en lo absoluto, sería egoísta de mi parte, yo no me aferro a ninguna mujer y eso espero de ellas, es toda tuya, sé feliz como lo he sido yo con ella y las demás. Okey, la llamaré.
Prendí un tabaco, éramos otra vez hermanos de leche y, ellas, las muchachas que sabían que el amor tiene otras etapas en la vida de nosotros, donde somos incapaces de sentir celos y, mucho menos, desear estar con una sola.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco




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