El celular sonó a las 2 de la
madrugada, era ella, su tono de voz era nostálgico, la visualicé en ese momento
en su auto, con su chofer, tratando de ser feliz y hacer feliz a alguien, así
la recordé en ese instante. ¿Hace cuántos meses que no hacemos el amor?, le preguntaba a ella. Su voz
era suave, muy femenina, era la voz de una mujer que yo había hecho mía muchas
veces, cuánto tiempo, algo más de uno año. No lo sé, Mauricio, ¿4, 6 meses?,
no sé precisarlo.
Dicen que las relaciones abiertas
no funcionan, que fracasan siempre en medio de los celos y los
arrepentimientos. Eso no nos pasa a nosotros, al menos a los que hacemos el
amor con diferentes muchachas que de igual forma, hacen el amor indistintamente
con otros hombres. Te has acostado este fin de semana con dos nuevas muchachas.
¿Eh?, reaccioné, veo que todo se sabe. Sí, Mauricio, todo se sabe, pero bueno,
qué le vas a hacer, superaste la prueba de la primera ex y, desde allí, te
diste cuenta que no vas a parar nunca, que los hombres que vencen a su primer
amor, se entregan a todas las muchachas que les ha pasado lo mismo. Me acomodé
sobre la cama para prender un tabaco mientras prendía la luz para tomar un Leaf
Tea que estaba helado y delicioso. Hubiera sido un infierno, mira que algunas
mujeres me dicen que no es normal que haya tenido 4 ex parejas y más de 500
muchachas entre choques y fugas. Para qué les haces caso, Mauricio, muchas
mujeres no superan su única relación que en vida tuvieron y que según ellas,
las marcó para siempre, además, desde que te conocimos, supimos que estás
destinado a hacer el amor con muchachas distintas hasta que te mueras, no eres
capaz de sentir lo mismo con una sola muchacha, dos veces, ¡dos veces, Mauricio!,
si para ti una muchacha es suficiente con una sola vez y luego nada, quieres
saber de los favores de esas muchachas que al igual que tú, piensan y sienten
igual. Calé de mi tabaco mientras recordaba a esa mujer madura a quien solía
visitar cuando me cansaba de leer mis libros y de tanto ver muchachas
universitarias y conversar con ellas, metía mis libros en la mochila y dirigía
con furia mis pasos donde ella me esperaba para hacer el amor. Pero igual, Mauricio,
cuando se separaron, ella nunca te reclamó nada, ni tú tampoco, ¿no? Para qué,
para decirle que ella era mía y de nadie más, yo no creo en esas cosas, ella
siempre fue tan libre como yo. Extraño tu forma de hacer el amor, el entrar a
tu apartamento para de inmediato hacernos el amor. En ese momento pensé en la
otra muchacha, la de cabello negro y largo, era una muchacha también muy bella.
Mauricio, sé que la has recordado, ¿con ella cuánto tiempo estuviste? Creo que
algo más que contigo, ¿2 años?, no sé precisarlo, ahora sé que está casada y
que nunca más la veré. ¿Y la extrañas? Como a ti, ¿no?, es decir, con el ánimo que sea
feliz y con el agradecimiento propio de quien tuvo buen sexo con ella. Pero igual,
hacías el amor a la vez con otras muchachas igual de bellas. Bueno, ella me las
presentaba, ¿sabes que tiene tu misma fantasía? ¿Así? Sí, le encantaba
compartirme con otras muchachas y, bueno, a mí nunca me importó saber con
cuántos hombres se acostaba en mi ausencia. Relaciones abiertas al fin y al
cabo, lo que pocos Escritores pueden escribir. No solo Escritores, cariño,
sino, hombres y mujeres, mira que hasta ahora no entiendo cómo un hombre o una
mujer pueden aferrarse a alguien. Quizá sea por ello que estás con nosotras, Mauricio,
porque nos dejas ser como te dejamos ser a ti, sin dramas ni complicaciones, simplemente
te dedicaste a hacer el amor con una y con otra como lo hace todo hombre
divorciado que lleva esa costumbre, es decir, de hacer el amor sin parar ni
repetir de mujer. ¿Mucho mejor que quedarse con una sola, no? Totalmente de
acuerdo, nada como la fama que te has ganado, esa fama que impide que una
sola se quede contigo o intente
retenerte, contigo las batallas están perdidas, Mauricio, porque te podremos
darlo todo en la cama pero eso no garantizará nunca que abriguemos esperanzas
que te enamores de nosotras y, no es tu culpa, de solo verte estamos ya
derrotadas y destinadas a ser el amor de una sola noche, ¡eres alguien que
nadie podrá retener! Bueno, ¿y me llamaste solo para decirme eso a las 2 de la mañana? Llamé para decirte
en nombre de todas que nos devolviste la esperanza, que podemos hacer con nuestras
vidas lo que queramos sin que seamos rechazadas. No está mal ese concepto. Entonces
ella hizo una pausa y con un esfuerzo lleno de valentía me preguntó: Mauricio,
¿tienes sentimientos? Sí, sí los tengo, contesté a secas, sino los tuviera no
sentiría nada con cada una de ustedes, ¿no crees? Ella se rio y apostilló:
¡vaya, por fin un hombre que sabe qué son los sentimientos! Y colgó mientras
bebía de mi Leaf Tea y calaba mi tabaco, tenía razón, eso es el amor:
sentir, otra cosa es que el amor se sintiera con cada una de ellas, al momento
de sentirlas.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco
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