domingo, 19 de mayo de 2019

TODAS LAS EX’S DEL ESCRITOR






El celular sonó a las 2 de la madrugada, era ella, su tono de voz era nostálgico, la visualicé en ese momento en su auto, con su chofer, tratando de ser feliz y hacer feliz a alguien, así la recordé en ese instante. ¿Hace cuántos meses que no hacemos el amor?, le preguntaba a ella. Su voz era suave, muy femenina, era la voz de una mujer que yo había hecho mía muchas veces, cuánto tiempo, algo más de uno año. No lo sé, Mauricio,  ¿4, 6 meses?, no sé precisarlo.
Dicen que las relaciones abiertas no funcionan, que fracasan siempre en medio de los celos y los arrepentimientos. Eso no nos pasa a nosotros, al menos a los que hacemos el amor con diferentes muchachas que de igual forma, hacen el amor indistintamente con otros hombres. Te has acostado este fin de semana con dos nuevas muchachas. ¿Eh?, reaccioné, veo que todo se sabe. Sí, Mauricio, todo se sabe, pero bueno, qué le vas a hacer, superaste la prueba de la primera ex y, desde allí, te diste cuenta que no vas a parar nunca, que los hombres que vencen a su primer amor, se entregan a todas las muchachas que les ha pasado lo mismo. Me acomodé sobre la cama para prender un tabaco mientras prendía la luz para tomar un Leaf Tea que estaba helado y delicioso. Hubiera sido un infierno, mira que algunas mujeres me dicen que no es normal que haya tenido 4 ex parejas y más de 500 muchachas entre choques y fugas. Para qué les haces caso, Mauricio, muchas mujeres no superan su única relación que en vida tuvieron y que según ellas, las marcó para siempre, además, desde que te conocimos, supimos que estás destinado a hacer el amor con muchachas distintas hasta que te mueras, no eres capaz de sentir lo mismo con una sola muchacha, dos veces, ¡dos veces, Mauricio!, si para ti una muchacha es suficiente con una sola vez y luego nada, quieres saber de los favores de esas muchachas que al igual que tú, piensan y sienten igual. Calé de mi tabaco mientras recordaba a esa mujer madura a quien solía visitar cuando me cansaba de leer mis libros y de tanto ver muchachas universitarias y conversar con ellas, metía mis libros en la mochila y dirigía con furia mis pasos donde ella me esperaba para hacer el amor. Pero igual, Mauricio, cuando se separaron, ella nunca te reclamó nada, ni tú tampoco, ¿no? Para qué, para decirle que ella era mía y de nadie más, yo no creo en esas cosas, ella siempre fue tan libre como yo. Extraño tu forma de hacer el amor, el entrar a tu apartamento para de inmediato hacernos el amor. En ese momento pensé en la otra muchacha, la de cabello negro y largo, era una muchacha también muy bella. Mauricio, sé que la has recordado, ¿con ella cuánto tiempo estuviste? Creo que algo más que contigo, ¿2 años?, no sé precisarlo, ahora sé que está casada y que nunca más la veré. ¿Y la extrañas? Como  a ti, ¿no?, es decir, con el ánimo que sea feliz y con el agradecimiento propio de quien tuvo buen sexo con ella. Pero igual, hacías el amor a la vez con otras muchachas igual de bellas. Bueno, ella me las presentaba, ¿sabes que tiene tu misma fantasía? ¿Así? Sí, le encantaba compartirme con otras muchachas y, bueno, a mí nunca me importó saber con cuántos hombres se acostaba en mi ausencia. Relaciones abiertas al fin y al cabo, lo que pocos Escritores pueden escribir. No solo Escritores, cariño, sino, hombres y mujeres, mira que hasta ahora no entiendo cómo un hombre o una mujer pueden aferrarse a alguien. Quizá sea por ello que estás con nosotras, Mauricio, porque nos dejas ser como te dejamos ser a ti, sin dramas ni complicaciones, simplemente te dedicaste a hacer el amor con una y con otra como lo hace todo hombre divorciado que lleva esa costumbre, es decir, de hacer el amor sin parar ni repetir de mujer. ¿Mucho mejor que quedarse con una sola, no? Totalmente de acuerdo, nada como la fama que te has ganado, esa fama que impide que una sola  se quede contigo o intente retenerte, contigo las batallas están perdidas, Mauricio, porque te podremos darlo todo en la cama pero eso no garantizará nunca que abriguemos esperanzas que te enamores de nosotras y, no es tu culpa, de solo verte estamos ya derrotadas y destinadas a ser el amor de una sola noche, ¡eres alguien que nadie podrá retener! Bueno, ¿y me llamaste solo para decirme  eso a las 2 de la mañana? Llamé para decirte en nombre de todas que nos devolviste la esperanza, que podemos hacer con nuestras vidas lo que queramos sin que seamos rechazadas. No está mal ese concepto. Entonces ella hizo una pausa y con un esfuerzo lleno de valentía me preguntó: Mauricio, ¿tienes sentimientos? Sí, sí los tengo, contesté a secas, sino los tuviera no sentiría nada con cada una de ustedes, ¿no crees? Ella se rio y apostilló: ¡vaya, por fin un hombre que sabe qué son los sentimientos! Y colgó mientras bebía de mi  Leaf Tea y calaba  mi tabaco, tenía razón, eso es el amor: sentir, otra cosa es que el amor se sintiera con cada una de ellas, al momento de sentirlas.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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