domingo, 19 de mayo de 2019

LAS RELACIONES ESTABLES DEL ESCRITOR






Vaya manera de tener relaciones estables, sobre todo cuando son éstas abiertas, cuando tienes la libertad de hacer el amor con otras muchachas y ellas hacerlo igual con otros varones. Así son estos últimos años donde la felicidad es una constante en mi vida. Porque al verla pensé que haber tenido 3 veces intimidad con ella era demasiado, quizás era diferente, pero eso es algo en lo que no creo. Sin embargo se empeñó en leer mis escritos y rogarme que le obsequiara una de mis novelas para leerla, no era la primera muchacha que me pedía mis libros para tenerlos de recuerdo, ya en varias ocasiones el único gasto que tenía para hacerles el amor era entregarles un libro mío con dedicatoria. Ya vamos 3 veces, ¿como que es mucho tiempo, no?, deberás hacer el amor mejor que una negra si quieres que esto continúe. Habían pasado 15 días desde las dos últimas veces que tuvimos intimidad y si aceptaba estar con ella otra vez en la cama, era solo porque había logrado que yo alcanzara dos solemnes orgasmos que me dejaron con las ganas de volver a saber de ella.
Debo precisar que no soy bueno para recordar los nombres de las muchachas que son mías, del detalle de haber ella querido hacer el amor conmigo el día de su cumpleaños y que luego, para la siguiente cita, se esmerara con todas sus mañas, la muchacha que había cumplido 22 años, para que me quedara con ella un tiempo más, pero como me expresara al inicio, me parecía raro tener 3 veces intimidad con ella de manera seguida y, no es que ambos estuviéramos confundiendo las cosas, pero al parecer ella tenía una predilección por mí al momento de establecer y aceptar mis órdenes y juegos en el amor. Recuerda que el que se enamora pierde. La tomé con furia del cabello y le dije: no te he ordenado que pienses mientras te hago el amor, lo único que debes hacer es sentirme entrar una y otra vez dentro de tí y dejarte someter a mis regalas anchas, porque el que manda en la cama soy yo ahora y, nadie habló de amor, salvo sea en los juegos de palabras donde ambos inventamos otras formas de placer y fantasías.
Sin embargo fue inútil, pensé que pude haber hecho el amor con otra muchacha en vez de ella, porque las órdenes eran cada vez más crueles. Hay algo que se ha quedado en mis pensamientos y que tienen más poder que el recordar sus nombres o apellidos, su frustración al ver que yo no podía alcanzar mi orgasmo, sus ojos de niña suplicante para que le diera mi esperma sobre su pecho o rostro, esa mirada llena de piedad,  con miedo, terror a que se hiciera real lo que ya estaba pensando desde que habíamos entrado a la habitación del hotel y temía, fuera nuestra última vez, ese encuentro donde no es necesario decirnos adiós, porque la magia se ha acabado.
Entonces le ordené que con sus dos manos me masturbara, pero era inútil, estábamos pasando de la hora de sexo continuo y yo me sentía frustrado, ella había alcanzado sus orgasmos pero yo no el mío y ya no sabía qué hacer que tener mi leche.
Hay miradas que nunca se olvidan, miradas de muchachas de 22 años recién cumplidos donde parecen decir: te amo, nunca te olvidaré, no me dejes, ¡no me abandones!, aún tengo más amor para darte.
Es inútil, le dije mientras me levantaba de su cuerpo, de la posición donde sentado sobre el sexo de ella, apuntaba  mi miembro viril a su rostro, a su boca donde yo metía mis dedos con violencia para que ellas los succionara, para perder el pudor, la vergüenza, el miedo a no volver a sentirme suyo una vez más.
Su último intento fue el decirme: ¿me traerás el libro tuyo que te pedí? Ah, claro, deja que busque entre los libros que me quedan. Y sin abrazarnos ni decir más nada, salimos del hotel, cada quien tomando su propio camino sin que nadie repitiera esa frase tan cursi: el primero que se enamora pierde.
3 veces es suficiente, pensé.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco


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