domingo, 9 de junio de 2019

CAPÍTULO I NOVELA: EL ÚLTIMO RITUAL






La pregunta ya no me inquietaba, sabía que así sería el resto de mi vida. No había más nada por conocer ni, mujeres para disfrutar. El sexo era algo que me provocaba hastío y, por momentos, el estar recostado en mi cama, incomunicado, sin tener con quien conversar, no me desesperaba. Afuera en la calle nada tenía de interés para mí, salvo el ver muchachas bellas que ya no estarían a mi alcance. Creo que eso fue desde hace más de 10 años atrás, cuando empecé a tener sexo con trabajadoras sexuales, pero esas sesiones habían perdido su encanto y me daba igual que fuera con una y otra, sin repetirlas, entre penetrar con furia, para luego sentir que todo se desvanecía en una alegría que no tenía con quien ser compartida.
Quizá lo que necesite sea un buen amor. Pero eso le pasa a la mayoría de personas, tanto entre varones como mujeres. Sé de personas que recorren el mundo buscando el amor, personas enfermas y con deseos de ser rescatadas o, personas que siendo muy sensatas, se han convertido sus exigencias la principal razón para no hallar alguien que les dé una nueva ilusión para vivir.
Tener casi 50 años me coloca dentro de un universo donde las posibilidades para el amor son más escasas, a no ser que tuviera una economía más holgada, pero ello implicaría la perdición ya que significaría discotecas, alcohol, drogas y muchachas que solo tienen un fin: pasarla bien sin importar con quien sea, lo único válido era tener mucho dinero y reír, disculpen mi expresión, de bobadas y, creo yo, mi estilo de vida monacal o, como lo puedan interpretar, un retiro espiritual constante desde donde estoy en paz, con mis comodidades, haría que se aburrieran prontamente.
Porque sé que el sexo sería bueno los primeros días, pero entre historias donde me lo han dicho ellas muchas veces: no soy alguien importante o, biografías de ex parejas, donde no tengo ningún ánimo de enterarme, contrasta mi egoísmo con el de ellas.
He estado así varios días meditando por qué no escribí nada, cosa que es muy habitual en mí desde que empecé a hacerlo. Nunca fui bueno escribiendo cuando he tenido pareja. Todo mi tiempo lo he abocado a ellas y, he tenido ya varias relaciones abiertas donde nunca he celado ni tenido el afán de pertenencia alguna. A lo mucho he cuidado de no contraer venéreas u otras enfermedades y tener cuidado de tener sexo con muchachas que no bebieran o se drogaran.
La experiencia de la calle es algo que superé hace décadas y sé, que en ella, nada bueno encontraré, salvo discursos aburridos de muchachas que hablarán de sus propios temas, entre adicciones al alcohol, las drogas, el cine, algunos autores raros a quienes por razones de tiempo, no leería, esos escritores densos con libros de cientos de páginas que decepcionan por solo saber llenar las páginas en blanco, mas no para relatar algo que valga la pena para permitirle ceder mi tiempo entre mis meditaciones y esta quietud que me sosiega.
Los videos porno me resultan aburridos, dentro del repertorio de películas para heterosexuales, no hay fantasía alguna que no la haya realizado. Quizá necesite escuchar otro tipo de música. Lo de viajar lo tengo descartado hace tiempo por otras razones que escapan a mi voluntad o, porque donde estoy me siento muy bien.
¿Conocer a una mujer sin pasado e historia? Eso es algo que lo he dado como imposible. Las mujeres de mi generación sino tienen hijos a quienes cuidar, tienen nietos y, puedo darme el lujo de descartarlas como compañeras. No toleraría estar enterado o tratar a los ex’s de ellas. Mejor dicho, sin tener por fin  apuros ni ningún apremio, prefiero quedarme hasta altas horas de la noche leyendo conversaciones en los chats donde encuentro personas muy extrañas y entendiendo que dentro de todos mis privilegios, el abocarme a escribir, considerando que en un par de meses aproximadamente, estaré presentando mi reciente novela: Un Hombre Soltero y, lo que esto implique: dar un discurso sobre el sexo, todo lo que sé de éste y creo, no todos los varones o mujeres se enteraron de lo que he escrito, me deja una sensación de apatía, porque sé que en la ciudad donde radico, las cosas han cambiado bastante, los colectivos feministas jamás aceptarían mi discurso, mucho menos en las universidades o, los que se interesen por mi novela, no lograrían entender en su totalidad el libro.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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