Apenas entramos a la habitación me dio su tarifa anal
-no me gusta el sexo anal, pero déjame verlo-
Era blanca y de un orto no muy prolapsado
Se podían contar sus pliegues
La muchacha quería que le diera por allí
-¿pero qué, entonces escribes todo el tiempo sobre vaginas?-
-es un homenaje a la felicidad, la acomodé de tal forma que
mis brazos la sujetaran bien-
Su vagina estaba limpia y no olía a nada
Era la vagina de una mujer de cabello claro con vellos
vaginales claros
Medité en cuántas muchachas tuve así, perdía el tiempo, ya
no sé precisarlo
Para dominarla bien hice que su cabeza colgara de la cama
Penetré su boca mientras contemplaba su vagina
Su cabeza colgaba mientras entraba y salía de ella a mis
anchas
Me quité el preservativo he hice que la succionara
Ella quería que me viniera en su rostro
Yo quería una vez más tener sexo sin preservativo
Era inútil, eso está fuera de mis reglas
Sus ojos contemplaban con inquietud y zozobra mi pene duro
Ella lo agarraba con las dos manos
Hacía gestos de desesperación
Yo era feliz, pero no totalmente, no eyaculaba
Me enroscó luego con sus piernas mientras estaba otra vez
sobre ella
Sus finos y veloces movimientos eran precisos
Parecía que nos conociéramos en la cama de años
-debo aceptar que esto no es cierto, nadie aguanta a nadie
en la cama tanto tiempo-
La puse boca abajo sobre la cama
Y le ordené que succionara mi dedo mientras la penetraba
Su rostro era el de un ángel, pensé que alguien alguna vez
así la amó
Sin embargo estábamos felices ambos
-¿y entonces, qué opinas de mi vagina?-
La volteé con cuidado como si fuera una porcelana china de
hace siglos
Abrí sus piernas y contemplé algo tan bello-no, olvídalo,
Me será imposible escribir tan bien sobre tu vagina, las
palabras no me bastarán-
Y nos recostamos sobre la cama
Mientras encendía un cigarro mentolado.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

No hay comentarios:
Publicar un comentario