De qué me alejo todo este tiempo,
pues no lo sé, es algo que va más allá de mi voluntad, varias carreras dejadas
en contra de mis sueños, muchos años inducido al suicidio, ¿tengo que dar las
gracias de algo? Ya lo vi todo, hace un par de horas me sentí como si estuviera
en mi terruño, es decir, encerrado en una habitación donde el sol gana con la
desesperación y no se tiene a dónde ir ni con quien conversar, porque un hombre
solitario es presa fácil de los que no respetan, hay tanta gente perdida, tanta
gente que con sumo gusto te desgraciarían la vida, tanta mujer que arrostra su oído
contra los que las hemos vencido, pero no, solo la noche que llega y el no
poder a salir a caminar tranquilo por las calles, porque hay ebrios buscando
camorra, digo, ¿éste es el equilibrio que permanece para que América del Sur no
haya guerras? No, esta paranoia no la siento solo yo, los hombres beben para
perder el temor, otros esnifan cocaína para sentirse seguros de sí mismos. ¿Los
amigos?, creo que cada quien anda con sus propios infiernos, unos padeciendo la
soledad en el extranjero donde no salen de casa, salvo sea para trabajar como
indocumentados o, para soñar en París un sueño perdido, (tanto aprender francés
para terminar conviviendo con la colonia latina y tomar fotos de sus escritos
al pie de la calle, no en auditorio donde están los intelectuales reconocidos),
porque el miedo es algo permanente, el miedo a saber que hay un Estado de
Derecho que no puede estar en todas partes, porque te van a mentar la madre y
qué vas a hacer entonces, ¿agarrarte a golpes cuando se te van a venir encima
otros más? Sí, sé que esto es enfermo y que los inimputables tienen buenos
abogados que les van a meter La Ley por el orto a los policías y nada habrá
pasado.
Por allí puedes ver o por todas
partes que, beber unas cervezas ya no es mi respuesta. Mi vida se resume a
hacer el amor con trabajadoras sexuales y a estar muy alejado de todos, en
silencio, sin conversar y, sin deseos que nada cambie, no, eso me lo sé de
memoria, a fuerza de entender que los que ambicionan ser líderes tienen
problemas afectivos que serán curados con el desquicio del poder y el dinero
mal habido.
Y no tenemos más, eso que
llamamos Democracia es todo, no hay más. Lejos estamos del poder absoluto de un
Monarca o una Dictadura. ¿La Anarquía o el socialismo?, ¿el comunismo? Ideales bobos
desde donde los proletarios anhelan ser los nuevos burgueses para que todo siga
siendo lo mismo.
Y mira que hay enfrentamientos
por una mina en la región donde vivo, es decir, burgueses que les importa nada
que una ciudad esté paralizada por más de 40 días como es en Mollendo. ¿Quién
tiene la razón?, ¿los capitalistas o los agricultores? Desde el inicio le di
una lectura clara a todo esto: está formándose un partido político que quiere
llegar al poder para hacer lo que todos nuestros ex gobernantes han hecho:
robar a La Patria. Es que esos discursos de defender los derechos de los
desprotegidos están tan gastados y tienen tan poca credibilidad.
A lo mucho observo una sociedad
enferma donde se está desatando la violencia mientras los ignorantes gritan
revolución sin darse cuenta de las consecuencias de todo esto, porque no me vas
a decir que los que protestan son personas virtuosas, de buen proceder y con
una propuesta ética para la vida. Tampoco considero que los dueños de la mina
sean inocentes: les importa un carajo lo que esté ocurriendo en este lado del
país. Se está imponiendo la fuerza del capital contra los derechos de personas
que actúan con violencia y gritan desaforadamente para que les dejen seguir
cultivando sus tierras.
Que el Perú es un país minero,
puede ser, pero si las minas van a ocasionar todo este problema, pues que el
pueblo coma zanahorias con hormonas y pesticidas cancerígenos, total, todos
sabemos que los que vivan de la mina tendrán autos lujosos y bonitas casas,
viajes por buena parte del mundo y una cómoda vida.
Entiendo que volver a la paz
sería dejarlos cultivar sus tierras y que los que ambicionan una mejor calidad
de vida se contenten con mejor arar la tierra. No se puede imponer lo que la
voluntad popular rechaza, así éstos, estén destinados a arar la tierra, por el
resto de sus vidas.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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