sábado, 10 de agosto de 2019

EL LEGADO DEL CAMIONERO






A mis 21 años cuando en vez de estar terminando Ingeniería Industrial en la universidad, ignorando cómo era la realidad universitaria y su corrupción, me hallaba trabajando como agente de seguridad, brindando mi servicio en un grifo que quedaba en las afueras de la ciudad, zona muy concurrida por camioneros u hombres de largas rutas. Precisamente debía proteger a ese grifo de posibles asaltos o camioneros que quisieran estacionarse en este sin la autorización del dueño.
Esa mañana un hombre de unos 50 años bajó de un camión de carga pesada y al verme a los ojos me dijo: “me recuerdas a mí cuando tuve tu edad, vamos, estás muy flaco, te caerá muy bien un sanguche de chancho”. Era un hombre alto, fornido, de cabello cano, bigotes eperos y brazos gruesos, de mi talla. Apenas pesaba en ese entonces 65 kilos para mi metro ochenta, él era un hombre y me habló: ¿qué haces aquí?, tú no pareces pertenecer a este entorno. Le comenté que había abandonado la universidad y que leía bastante. El cerdo debe ser acompañado con una taza con té bien caliente. Y entramos en un local donde había muchos hombres corpulentos de rostro que se volvió tenso y severo. Todos guardaron de inmediato silencio.
No te has dado cuenta aún, ¿no? Mordí el sanguche de cerdo mientras daba probadas al té caliente. ¿Cuenta de qué? De que aquí todos se odian entre sí. Tienes un arma en tu correa y no te has dado cuenta de nada, así era como tú a tu edad, la vida me cambió de golpe, no sé cómo será contigo, solo debes recordar que si llegases a conocer a un millón de personas y todas fueran malas contigo, quiero que me recuerdes como el hombre bueno en quien una vez pudiste confiar. ¿Por qué dice eso? Por nada, un día lo entenderás, ¿cómo te llevas con tus padres? Guardé silencio un momento y no quise contestar. No tienes por qué contestar a esa pregunta, ¿te gusta leer bastante?, ¿y qué te dicen esos libros? Lo mismo que veo en esta realidad. ¿Y te ayuda leer lo que mismo que ves en la vida?, yo tenía otros planes para mi vida, no elegí ser camionero, dime muchacho, ¿tienes enamorada? No, no tengo enamorada. Eres virgen entonces. Me incomodé con esa afirmación para contestar rápido: ningún hombre es virgen. Calma, calma, muchacho, tener 21 años y ser virgen no es malo, conozco muchos camioneros que llegan a los 40 años y siguen siendo vírgenes, el amor, el amor es eso que solo se puede conseguir con dinero, sea de muchachas decentes o muchachas de la vida alegre. ¿Y usted tiene hijos? Miró hacia la carretera e hizo una pausa para luego decir: creí que tener muchos hijos con muchas mujeres era parte de mi vida de camionero, ¿sabes que me quieren porque les llevo el dinero que gano con mi trabajo?, ¿sabes que no soy el único hombre en sus vidas?, en realidad no sé si son mis hijos, pero no le presto importancia, si tú los vieras, son como creaturas tontas que corren detrás del dinero que les llevo para luego gastarlo en bebidas y mujeres muy sabidas, pero ya es muy tarde para desandar tanto camino, ¿no? Y entonces me dijo lo que debía decirme: un día te enamorarás y perderás la cabeza como yo la perdí e hizo que me convirtiera en camionero, hay experiencias que te cambian la vida para siempre, ahora mi vida es solo soledad, mujeres cuyos hijos no son míos que me reciben para hacer el amor solo porque tengo dinero y, un trato rudo con hombres decepcionados de todo y que deben ganarse la vida como lo hago yo, me ha tomado mucho tiempo entender esto, no cometas los errores que te he mencionado, cada hombre es dueño de sus propias experiencias, te comparto las mías, pero la más valiosa que un día necesitarás, que a pesar de todo, entre un millón de personas, existe alguien que es fuerte y bueno y te ha hablado en este momento.
Dos horas después un camionero muy corpulento no quería moverse de una zona prohibida para el estacionamiento dentro del grifo. El camionero no me hizo caso cuando le pedí que se retirara. Llamé a la policía e hicieron que se marchara. Al instante vino otro camionero e hizo lo mismo. Volví a pedir ayuda a la policía a lo que me dijeron: no podremos ayudarte todo el día muchacho y, se marcharon mientras el camionero seguía con su camión en la zona restringida para estacionarse. En ese momento pensé en el hombre de cabello cano, bigotes espesos y brazos fuertes. Eran mis 21 años, cuando debía estar estudiando Ingeniería Industrial y no estar trabajando de agente de seguridad.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco



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