Eres un ingrato Mauricio, solo me
llamas muy de vez en cuando. En ese momento pensé en todas las veinteañeras que
me dicen siempre lo mismo. ¿Pero qué pensaste cariño?, recuerda que los tiempos
han cambiado y que vivimos en la era de las 1,000 veinteañeras por cada varón
y, yo soy precisamente ese varón, el de las 1,000 muchachas. Lo eres porque no
preñaste a ninguna ni ninguna logró que te enamoraras perdidamente. ¿Amar?, ¿no
es un verbo pasado de moda?, tú nunca me serías fiel, ¿habría razón para ello?,
sabes bien que la atracción dentro de una pareja dura poco y se termina por
entrar en una relación monótona y aburrida donde el sexo ya nada puede hacer
para salvar lo poco que quede entre un varón y una mujer. Pero pasa Mauricio que fui una de tus
parejas en una de tus tantas relaciones abiertas que has tenido y pensé que
signifiqué algo para ti. Unos buenos polvos, eso significaste para mí, nada que
no me pueda dar otra muchacha tan igual que tú en la cama. Así como vas,
pasarás de las 1,000 muchachas y nadie te detendrá, pero lo que no entiendo aún
es tu salud, puedes durar horas de horas en la cama y nunca te agitas, siempre
estás con el mismo vigor de siempre, como el de un muchacho de 15 años y, en tu
deseo de controlar la eyaculación, disfrutas el alargar tu orgasmo hasta cuando
te quedes saciado, dime, Escritor, ¿nunca te has quejado de dolores de
próstata? Prendí un tabaco mientras desnudo, ella contemplaba mi pene grueso,
cabezón y bien erecto como crecido al tamaño normal de 19 cm. No sé qué es eso,
mira que tengo casi 48 años y hasta el momento no he padecido de ninguna enfermedad,
ni siquiera de las tan comunes venéreas. Eso es lo que más me inquieta de ti,
resistes todo y, no lo digo por contagios de los cuales nunca has padecido sino
de todo lo que has tenido que pasar para por fin disfrutar de todas nosotras.
¿Alguien debía vencer en nombre del sexo, no crees? ¿Te refieres a los gays? Eso
es desagradable, no me quites la inspiración. ¿Y entonces, con cuántas más has
hecho el amor en mi ausencia? Con unas cientas más o menos, qué, ¿hace cuánto
tiempo que no me visitas? Creo que hace como un año. Mira que no había reparado
en ello, pero bueno, me fue bien, conocí talentosas muchachas en la cama,
ágiles como las contorsionistas y multiorgásmicas. ¡Y dale con ese término de:
multiorgásmicas, ¿no te das cuentas que te pueden estar leyendo mujeres que
nunca han conocido eso en sus vidas? ¿Te refieres a la variedad de orgasmos que
tienen las mujeres cuando les hago el amor? Me refiero a que hay mujeres que se
volvieron lesbianas porque nunca sintieron nada con un macho en la cama. Bueno,
qué puedo decirte, igual, muchas se embarazaron sin haber pasado de su primer
enamorado, ¡eso sí es terrible o condenable! Y qué, ¿me volverás a amar? Naturalmente
cariño, te volveré a amar como lo hago con todas y como solo tú sabes que te
amaré y, en ello no estaré mintiendo. Porque cuando empezamos a hacer el amor,
rápidos en nuestros movimientos para con las diferentes poses, unas 70 para dos
horas de sexo continuo, le dije la verdad: “te amo como cuando quieres que
alguien se quede para siempre en tu vida, y sabes que estoy siendo sincero,
pero sabes también que mañana elegiré a otra muchacha y le diré lo mismo que
ahora te digo y siento, y no estaré mintiendo en nada, ni siquiera en el hecho
de desear que ella también se quede para siempre en mi vida”. No tienes
remedio, Mauricio, tú amas la posesión y penetración, tú amas el acto con la
mujer, no a la muchacha a quien le haces el amor sino a la mujer en sí, a la
que posees y se te entrega sin límite alguno. Lo has definido bien: amo la
posesión de la mujer, no a una en particular. Mauricio, y por qué no quieres
tener hijos, eres un buen padrillo, tus hijos varones serían igual de
invencibles que tú para el amor. Le sujeté del cabello con fuera mientras le
metí el miembro viril hasta introducirme en su útero y decirle: porque no
quiero que me jodan la vida y me prohíban hacer el amor con todas las
veinteañeras que quiera ni mucho menos, criar a alguien que me quitará tiempo.
¿Y no harás nada por retenerme? ¿Por qué habría de hacerlo?, no eres la única,
está bien repetir de vez en cuando, pero no está bien quedarse con una sola
mujer, eso mataría la pasión para cualquiera.
Terminado el acto sexual, ella me
preguntó cuándo la volvería a llamar. Te llamaré en un par de semanas. Lo cierto
es que no lo haría y ella lo sabía bien. Lo más cierto es que probablemente
tampoco recuerde su nombre, porque llevo ya casi un año haciéndoles el amor a
decenas de muchachas sin preguntarles sus nombres, solo teniendo sexo y más
sexo, entre orgasmos múltiples y deseos de no repetir de muchacha jamás.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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