lunes, 23 de septiembre de 2019

EL ESCRITOR QUE AMA LA POSESIÓN DE LAS MUJERES






Eres un ingrato Mauricio, solo me llamas muy de vez en cuando. En ese momento pensé en todas las veinteañeras que me dicen siempre lo mismo. ¿Pero qué pensaste cariño?, recuerda que los tiempos han cambiado y que vivimos en la era de las 1,000 veinteañeras por cada varón y, yo soy precisamente ese varón, el de las 1,000 muchachas. Lo eres porque no preñaste a ninguna ni ninguna logró que te enamoraras perdidamente. ¿Amar?, ¿no es un verbo pasado de moda?, tú nunca me serías fiel, ¿habría razón para ello?, sabes bien que la atracción dentro de una pareja dura poco y se termina por entrar en una relación monótona y aburrida donde el sexo ya nada puede hacer para salvar lo poco que quede entre un varón y una  mujer. Pero pasa Mauricio que fui una de tus parejas en una de tus tantas relaciones abiertas que has tenido y pensé que signifiqué algo para ti. Unos buenos polvos, eso significaste para mí, nada que no me pueda dar otra muchacha tan igual que tú en la cama. Así como vas, pasarás de las 1,000 muchachas y nadie te detendrá, pero lo que no entiendo aún es tu salud, puedes durar horas de horas en la cama y nunca te agitas, siempre estás con el mismo vigor de siempre, como el de un muchacho de 15 años y, en tu deseo de controlar la eyaculación, disfrutas el alargar tu orgasmo hasta cuando te quedes saciado, dime, Escritor, ¿nunca te has quejado de dolores de próstata? Prendí un tabaco mientras desnudo, ella contemplaba mi pene grueso, cabezón y bien erecto como crecido al tamaño normal de 19 cm. No sé qué es eso, mira que tengo casi 48 años y hasta el momento no he padecido de ninguna enfermedad, ni siquiera de las tan comunes venéreas. Eso es lo que más me inquieta de ti, resistes todo y, no lo digo por contagios de los cuales nunca has padecido sino de todo lo que has tenido que pasar para por fin disfrutar de todas nosotras. ¿Alguien debía vencer en nombre del sexo, no crees? ¿Te refieres a los gays? Eso es desagradable, no me quites la inspiración. ¿Y entonces, con cuántas más has hecho el amor en mi ausencia? Con unas cientas más o menos, qué, ¿hace cuánto tiempo que no me visitas? Creo que hace como un año. Mira que no había reparado en ello, pero bueno, me fue bien, conocí talentosas muchachas en la cama, ágiles como las contorsionistas y multiorgásmicas. ¡Y dale con ese término de: multiorgásmicas, ¿no te das cuentas que te pueden estar leyendo mujeres que nunca han conocido eso en sus vidas? ¿Te refieres a la variedad de orgasmos que tienen las mujeres cuando les hago el amor? Me refiero a que hay mujeres que se volvieron lesbianas porque nunca sintieron nada con un macho en la cama. Bueno, qué puedo decirte, igual, muchas se embarazaron sin haber pasado de su primer enamorado, ¡eso sí es terrible o condenable! Y qué, ¿me volverás a amar? Naturalmente cariño, te volveré a amar como lo hago con todas y como solo tú sabes que te amaré y, en ello no estaré mintiendo. Porque cuando empezamos a hacer el amor, rápidos en nuestros movimientos para con las diferentes poses, unas 70 para dos horas de sexo continuo, le dije la verdad: “te amo como cuando quieres que alguien se quede para siempre en tu vida, y sabes que estoy siendo sincero, pero sabes también que mañana elegiré a otra muchacha y le diré lo mismo que ahora te digo y siento, y no estaré mintiendo en nada, ni siquiera en el hecho de desear que ella también se quede para siempre en mi vida”. No tienes remedio, Mauricio, tú amas la posesión y penetración, tú amas el acto con la mujer, no a la muchacha a quien le haces el amor sino a la mujer en sí, a la que posees y se te entrega sin límite alguno. Lo has definido bien: amo la posesión de la mujer, no a una en particular. Mauricio, y por qué no quieres tener hijos, eres un buen padrillo, tus hijos varones serían igual de invencibles que tú para el amor. Le sujeté del cabello con fuera mientras le metí el miembro viril hasta introducirme en su útero y decirle: porque no quiero que me jodan la vida y me prohíban hacer el amor con todas las veinteañeras que quiera ni mucho menos, criar a alguien que me quitará tiempo. ¿Y no harás nada por retenerme? ¿Por qué habría de hacerlo?, no eres la única, está bien repetir de vez en cuando, pero no está bien quedarse con una sola mujer, eso mataría la pasión para cualquiera.
Terminado el acto sexual, ella me preguntó cuándo la volvería a llamar. Te llamaré en un par de semanas. Lo cierto es que no lo haría y ella lo sabía bien. Lo más cierto es que probablemente tampoco recuerde su nombre, porque llevo ya casi un año haciéndoles el amor a decenas de muchachas sin preguntarles sus nombres, solo teniendo sexo y más sexo, entre orgasmos múltiples y deseos de no repetir de muchacha jamás.

Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
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Julio Mauricio Pacheco Polanco

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