En ese momento recordé de mis aventuras
en burdeles muy peligrosos
-en realidad nunca lo fueron, esa
es la excusa de los impotentes-
La muchacha era muy bella pero la
habitación que tenía de por sí intimidaba a cualquiera
En esa habitación solo cabía la
cama
Pensé en lo limitado que sería
hacerle el amor
Porque al cerrarse la puerta y
prender la luz
El único espacio sería el que
estuviera sobre ambos
Y las paredes entre nosotros.
¿Por qué una muchacha tan linda
como ti está en este espacio tan reducido?
Porque solo los más lujuriosos
pueden entrar aquí
Recordé en ese momento otras
habitaciones
Con focos rojos y espejos en
todos los muros
Mientras me reía al momento de
hacerles el amor
A sabiendas que me filmaban y
disfrutaban viéndome detrás de esos espejos.
Entonces decidí hacerla mía
Me excitó de sobremanera el hecho
que en su habitación
Los muros empezaban donde
terminaba la cama, sin un milímetro de espacio
Y tuvimos buen sexo
Y ella quiso más
Y por supuesto que la complací
Y seguí haciéndole el amor
Porque era una muy buena muchacha
Golosa, para ser exacto
Y anhelante de ser poseída
-ese término de posesión en mí
suena a algo diabólico-
-como muchas muchachas me lo han
dicho cuando les he pedido el alma-
-esa oración del Mauricio Nuestro
que termina con un Amén-
-la oración o conjuro donde me
entregan el alma por toda eternidad-
-cuando repiten mis palabras a
orden mía-
Entonces cuando quise prender un
tabaco
Comprendí que no cabíamos los dos
echados en la cama
Que prácticamente era como hacer
el amor en un sarcófago
Y le pedí que se echará entonces
sobre mí descansando
Para acariciar su piel ardiente,
Y decirle: me agradó la
experiencia contigo en este hueco
A lo que ella me respondiera:
“Ya te dije, esta habitación es
solo para los más lujuriosos”.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados
para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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