Me dirás que no entiendes, que cómo puede ser posible que
En menos de un minuto, estés haciendo el amor con una bella
muchacha
Y estén dialogando como si se conocieran de toda la vida
Sobre todo si acaban de conocerse un minuto antes
Y no se ha consumido ni alcohol ni drogas
Apenas la has elegido entre las demás muchachas que están en
bragas
Y al cruzar la puerta de su habitación todo empieza con un:
¿se puede?
Sin que medien nombres de por medio,
Sin que los corazones estén peligrando al borde de un abismo
Y mientras te desvistes, ella te hace un oral como si fuera
tu mujer de siempre
Y no has llegado a los 10 segundos y la estás penetrando
Y la haces tuya y ambos son felices, entre risas y caricias
Como si fuera un momento irrepetible
Sin tener tiempo para pensar más en nada, solo en el placer
Tu placer, el placer de ella, entre orgasmos y camas cómodas
Hasta quedarse satisfechos y volver a la realidad
El saber que no se volverán a encontrar nunca más
Porque ella no es la única ni tú, el último hombre
Y sales a la calle y ves a cientos de muchachas
Cuerpos igual de perfectos como si la felicidad estuviera en
todas partes
Y las dejas ir, sin querer conocerlas ni entrar en sus vidas
Ni un saludo o una mirada que conecte, ni deseos de marcar a
una amiga
Por el celular, mucho menos buscar un compromiso.
De hace años a estos días como serán los siguientes
Mientras escucho el tema La casa del sol naciente
Pienso en los tontos que se fueron en bancarrota
Por haber perdido la cabeza por las pelirrojas
Porque estos son otros tiempos, con sexo al paso
Y soledades agradables donde nadie quiere saber de nadie.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Escritor
Todos los Derechos Reservados para
Julio Mauricio Pacheco Polanco

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