
He creído en el amor, ese sueño que sólo provoca maldiciones, pensé, debe ser hermoso perderse en el infierno amando, aún así maldiciendo, como quien se entrega al placer incesante, con una sola mujer y, eso no es bueno. Por eso, he creído en el amor y, en el despertar hacia el mundo odiado por todos, he vencido, no la he amado, mi libertad ha triunfado con una soledad amable, encantadora, sin olor a orgasmos, tampoco a venganzas perpetuas, vaya usted a saber de qué, no es buena idea amar, nunca lo fue tener sexo con una sola mujer, eso sí está claro para todos, fue una tarde con lluvia, debilidad de carácter, la duda dominando a la experiencia, el no volver a los maltratos de venganzas perpetuas, ¡vaya usted a saber de qué!
Encendí un cigarrillo mentolado, miré como sólo un hombre en paz ve al cielo sin miedo alguno, dije que llovía, ¿qué pasó?, me pregunté. Debió ser una dulce pesadilla, un conjuro del mal asechando mi destino, ¿dónde usted ha visto a un escritor, tener otros oficios, en nombre del amor? Entre ceder a lo sublime que dura muy poco, lo sabe usted muy bien mi lector, o escribir sin premuras ante quincenas donde no hay dinero, medité si uno puede escribir tanto si se tiene mucho sexo, para que finalmente la vivencia dé otra novela sobre amores desafiantes a los establecidos, he fumado, no vale la pena, me he dicho. Y no he amado.
Para los que nada entienden aún sobre lo que escribo, los invito a vivir, a sentir y, después, entrar en el sistema. Dirán que el amor sólo sirve para traer penas, que cuesta mucho conseguir trabajo hoy y siempre, que perdemos la razón cuando se ama, no es fácil, lo sabrán bien, amar, con el estómago vacío o, con un jefe que se aproveche de la necesidad de tu trabajo, porque eso lo dicta la sociedad: si quieres tener mujer, debes trabajar, si aguantes días donde te arrepientas de tantas cosas si concluyas como todos: algo está mal aquí, cómo algo que me hizo tan feliz, me conduce a experiencias tan decepcionantes, si al volver a casa, el verla me recuerde la vida que lleve ahora y, no tenga deseos de intimidad alguna.
De pronto está histérica, grita, reclama, rompe los platos, la culpa la tengo yo, quiero saber desde hace cuántas generaciones, vaya carácter para siempre, ¿me marcho y olvido todo? Los recibos de los pagos están sobre la mesa, las tarjetas de crédito reventadas hace meses, los intereses, el trabajo no da buena paga, tampoco soy feliz en ese puesto. ¿Qué le sucede?, me pregunto. Ya no se asea, toda la casa es un desorden, no me agradan los platos de comida servidos de mala gana: “es para lo que alcanza tu miserable sueldo, debes buscar un trabajo que nos dé una mejor vida”, dice, mientras recuerdo que a esa hora de la noche solía escribir, había paz, era soltero, un ignorante de vivencias que fueron palabras advertidas no entendidas en su momento. Finalmente dice: no baja la regla.
He creído en el amor, ese sueño que sólo provoca maldiciones, pensé, debe ser hermoso perderse en ese infierno amando. Sólo quedó el infierno, el quedarme en silencio, aguantármelas. ¿Y dónde consigo un trabajo que pague más? Salí a fumar un cigarrillo en la calle, porque no puedo fumar ni donde vivo, ¿soy el que es el cabeza de familia o, eso fue en otros tiempos?, quizá nunca lo fue. Fumo con ansiedad, ¿qué hago? Llamo a un amigo ginecólogo: ella es la que decide, me responde. Regreso a casa: esto se acabó, debes abortar, me marcho, lo nuestro no va más, dejé de amarte. Ella toma sus cosas, dice que es ella quien se marcha, tendrá al hijo o hija contra todo. He pensado en la pensión de alimentos a dar, los juicios de por medio. Esto será para toda la vida si me quedé sin vida.
He creído en el amor, ese sueño que sólo provoca maldiciones, pensé, debe ser hermoso perderse en ese infierno amando. Desperté, ¿fue una advertencia? ¿Una premonición? Lo peor es que sólo fue un sueño, una pesadilla. Alguien me dijo: sólo aprendemos cuando nos pasan las cosas, nunca de los demás, siempre de errores propios.
Volví a dormir. Las maldiciones me asechan y peligro, “venganzas perpetuas”, ahora sé por qué.
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