
5 veces internado en un psiquiátrico marcan para siempre la escritura de quien desafió al statu quo y te dice ahora a ti, muchacho lector: no, ni lo intentes, ni lo hagas.
Está bien que los jóvenes seamos sensibles ante una realidad que no nos gusta y descubrimos, está mal, pero esto escapa a las voces más fuertes de los poetas, voluntades superiores están siempre sobre nosotros y, esto no es un llamado a la sumisión, es un llamado a la adaptación.
Me rebelé contra el Dictador, contra el Arzobispado, contra la guerra entre USA e Irak. Y no es precisamente que asumiera ese compromiso con el destino del escritor, si pudiera retroceder en el tiempo, me hablaría muy claro y me diría: sé que eres capaz de todo, sé que no te han dejado más opción que la de escribir y leer, ¿has pensado en una vida simple, como la de ser bibliotecario por ejemplo?
Y claro que tuve serias razones para rebelarme contra todo, había peleado duramente por mi derecho a ser universitario. Otras noches de duros reclamos a mi padre, hablaron siempre de mi descreimiento de la universidad.
Mira que me hicieron terapias de electrochoques a los 19 años porque le tenía mucho miedo a la vida. ¿Cómo se le quita el miedo a alguien que estaba acostumbrado a resolverlo todo a golpes y siempre ganaba? Vaya manera de empezar a escribir poesía sin poder ser entendido por una ciudad que me reconoció como un rebelde con causa.
Naturalmente que eso no tendría por qué ocurrirte a ti. No tienes por qué morir joven y maldito, si ese fue el discurso en los años noventa del siglo pasado.
Sé que tuve muchas razones para rebelarme contra todo y, sé, no fue una deliberación todo lo que hice en mi juventud. En los años posteriores, estudiaría al máximo con más vehemencia para poder entenderme. Los padres de la psicología aún no lo habían resuelto todo.
Recuerdo esa charla de hace pocos días con un psicólogo, amigo generacional. Había llegado al límite y le decía después de haber tomado un par de pastillas de Clonazepam: no te pido respuestas ni soluciones, sólo deseo ser escuchado. Y me escuchó sin juzgarme, hasta que le dije: hicieron efecto los calmantes, gracias por haberme escuchado.
Es que en realidad, pocas personas saben escuchar. Mis padres lo hicieron cuando fueron jóvenes, pero en ese entonces, no sólo necesitaba ser escuchado, la ciencia debía rescatarme, era un suicida en potencia, alguien que debería vencer rigores muy duros y sólo tenía como amigos a los libros.
Si tuviera las palabras para el muchacho que fui en su momento…, el que alzó la voz tan fuerte que demostró, si haces daño a alguien, lo terminarás por convertir en una bomba de tiempo.
Alguien en su momento me dijo: un día el mundo querrá saber qué hay dentro de tu corazón. Creo que sólo escuchamos aquello que nos mueve el alma. Porque en el momento cuando percaté, tomé el poder, recordé esas palabras y opté por defender los derechos humanos y la libertad de expresión, dando una fuerte proclama contra la dictadura y su corrupción. Lo que ignoraba era que el Perú no es la voz de un poeta con legítimas razones para alzarse contra todo, es un país donde hay Grupos de Poder que, pueden admirar lo que hagas si es que eres un genuino rebelde, pero los mercados no los mueven proclamas de poetas que toman una ciudad, la economía siempre estuvo por encima de los dolores y penas ajenas. No te digo que estamos llamados a la tragedia, te digo que hay causas imposibles hasta para los mejores abogados, en un mundo lleno de perfidia y malas intenciones.
Si el carácter es el destino del hombre, pido sólo que no tengas mi carácter. Allí tienes la razón del porqué me negué a tener hijos. No elegimos ese carácter que da la pauta de lo que seremos cuando lleguemos a la adultez. Creo que esa es la peor de las traiciones que nos hace la naturaleza, no la que puedan hacerte tus seres más queridos que te internen 5 veces en un psiquiátrico por haberte enfrentado contra el statu quo, o que tus amigos no te entiendan pero te admiren. La tragedia del ser humano es su carácter, con el que nace, con el que un día desarrollará su genio.
Entonces, qué le diría a ese hombre de 31 años que no recuperaba la memoria luego de haber salido de un estado vegetal: estás terriblemente jodido, Julio Mauricio, llevas el sino del escritor hasta en lo más profundo del ADN, sólo espero verte llegar a viejo, para compartir contigo algo qué beber y saber que publicaste muchos libros.
Y así lo es, si no, pasa por Amazon. Hallarás novelas extensas de más de 1,000 páginas. Y cada párrafo te tocará fibras muy profundas, dentro de todo lo que tiene que enfrentar no un escritor, sino, un ser humano, en medio de todas esas eternas luchas desiguales que no necesariamente deben ser para todos.
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