
Para vivir en paz, sea con quien sea, debes aprender a valorar el silencio. Las palabras hieren demasiado y éstas siempre terminan por conducir al silencio. Así es la experiencia de quienes amamos la tranquilidad.
A nadie le tocó la vida fácil. Algunos tuvieron que luchar desde muy pequeños para tener su patrimonio, otros perdieron la vida en el pináculo de la gloria como Steve Jobs. O me vas a decir que por más críticas que reciba Mark Zuckerberg, no desearías que fuera tu amigo. Mira que escribo desde que apareció Facebook siendo fiel al “rostro-libro”, mientras el resto hace memes sin saber qué más hacer con una red social donde es difícil hallar un norte para informarse.
Los niños de esta generación son los primeros en darse cuenta qué es IA y qué es real.
En pocos meses, eso ya no podrá ser diferenciado.
Comparto mi Blogger sólo desde mi cuenta de Facebook, ya no lo hago desde grupos, una mañana me di cuenta que puedo llegar a casi 4,000 visitas diarias sin necesidad de estar en otros grupos de esta red social.
Tengo un nicho ganado donde mezclo historia, economía, política, psicología, literatura, ciencia, artes, tecnología y otras disciplinas, desde donde plasmo para mis lectores asiduos sólo coincidencias sobre lo que nos ocurre.
No soy el único que mantiene esta postura, quizá por eso sea leído por un universo de personas que respetan el silencio, si los nuevos libros sean ahora digitales y, Amazon de Jeff Bezos me haya dado presencia en los buscadores de IA con mi vasta obra.
Para mí, esos libros publicados son activos que un día lejano tal vez me den de vivir. No es que la autopublicación sea el nuevo canon literario, estamos en otra era y, hasta éste se deja comprar para no estar fuera del mercado.
Me preguntarás quiénes son los que regulan el mercado de los libros o que uno sea un éxito de ventas. La inteligencia como nunca antes ha demostrado flaqueza, falta de norte. Salirse de un esquema donde la intelectualidad siempre fue subversiva es algo que no está contemplado por quienes entienden muy bien el mercado de los libros: en cualquier generación, lo dice el patrón de la historia, los jóvenes siempre serán rebeldes, eso está marcado como un sello de agua en el ADN del homo sapiens y, eso revela, por qué los jóvenes adoran a los escritores que se enfrentan contra el sistema, son maneras de sentirse representados ante una opresión generacional que si bien, puede ser real o imaginaria, ven en sus poetas o autores preferidos, la voz de disidentes que se rebelan contra todo, con una admiración predilecta y genuina, porque hasta así está escrito en la historia de los dioses olímpicos. Si puedes entender esto, habrás entendido la naturaleza del homo sapiens y por ende, el desenlace de su historia.
Entre estar a punto de desaparecer por misiles apuntando desde todas partes y, tener elecciones cada 5 años, sabiendo que nunca hemos tenido candidatos populares, es algo que siempre se ha vivido no sólo en Perú, sino, en todo el mundo. ¿No fue en los años setenta del siglo pasado cuando se temía por la bomba nuclear en todo el mundo? Anda mira cómo se rebelaron contra el amo del mundo de ese entonces, Onassis, y su gran mercado de las ballenas, ¿sabes ahora para qué sirven los activistas?, porque fueron ellos los que lucharon por las ballenas en los años setenta.
Toma las cosas con calma, que en esta generación se dijo bien claro: ni besos ni sexo para los que no sean rojos.
Vaya uno a saber dónde queda la patria libertad. Porque vayas donde vayas, las cosas nunca estarán bien, tú eliges, Los Ángeles California, donde Hollywood hace tiempo dejó bien en claro qué es ser demócrata en USA, o Beijing, donde no existen los derechos humanos ni el pensamiento disidente. Porque si eres judío, debes aceptar que estarás en la mira de todo el mundo, porque es real, el antisemitismo existe, como el racismo aquí en Perú.
Prendo un cigarrillo mentolado mientras llueve este verano en Arequipa y escucho temas de los ochentas. Es música en inglés, un idioma que no entiendo y me inspira para poder escribir sin tener que escuchar himnos en mi propia lengua. Transcurre otra tarde luego de haber descansado después del almuerzo. Dirás que llevo una vida sin preocupaciones, te responderé que vivo con lo necesario, sólo pensando en el futuro, en esos años para cuando ya no pueda valerme por mí mismo, si es que tenga esperanzas en los avances de la ciencia, una esperanza que es compartida por millones de adultos mayores que han percatado, el promedio de vida aumentó inclusive después de la pandemia y, hay una verdad muy sentida que va más allá de esta nueva guerra fría: no queremos morir, queremos vivir por siempre, si esta vez, estemos muy cercanos a ello y, los CEO de Wall Street se estén preguntando: si no hay mucho joven hoy en día en el mundo, quiénes van a trabajar para sostener el sistema, si ahora se estudia para ser influencers en las mismas universidades, si esta es otra generación, diferente a la de mis padres y la mía, donde se era obrero o banquero, dentro de narrativas poco claras que intentaron siempre explicarnos, qué era lo mejor para Latinoamérica, luego de las guerras de Corea, Vietnam y tantas más que nos hicieron reflexionar: ¿es que nunca aprenderemos a convivir en paz?
El problema es el desarrollo de la personalidad, ésta crece hasta la proclamación de ser un dios viviente, sino, estudien sobre los totalitarismos de la Unión Soviética y la China de Mao Tse Tung.
¿Para qué sirven entonces los libros de lectura imparcial?, la respuesta está en este escrito: para saber cómo siempre fue la condición humana.
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