
Para que se entienda mejor escribiré un quedo contemplativo ante la nada. No podemos todo el tiempo imaginar la vida, fenómeno de sinapsis en una medianoche cualquiera para dentro de unos años en contra del discurso de lo absurdo.
Cínicos en los lechos donde debería haber amor, nos hemos quedado sólo con el placer y la incertidumbre de nuestros instintos para no olvidar que estamos vivos.
Sin tregua ante imposiciones, dicen de lo que es lógico, sé, si hace tiempo algo no fue normal, para los tiempos que vengan, mucho más que diferente podría ser todo.
En el escribir todo es testimoniar cómo son las narrativas sin poder leer el futuro. Te apretujo hacia mí como si fuésemos un solo cuerpo: penetro, penetro y penetro, no es el desvarío o la lujuria: el espasmo dice verdades más reales sin tener mucho espacio en el estudio de la historia.
Un análisis de nuestras preferencias al momento de tener sexo o la psicología de las muchachas en este 2026.
Las deseo a todas y, puedo con todas. Mas hace tiempo he dejado de perder el control. Los magnetismos no son tan fuertes ante el miedo de una vida no deseada: un embarazo fuera de cualquier plan por ejemplo, dejar de escribir, insertarme en el sistema, habitar hacia una transformación que haría más híbrida los días largos del arrepentimiento.
He visto tantos hombres no quejarse y asumir la vida con paciencia mientras pasan las generaciones y nuevas generaciones reformulan las preguntas que hice mías frente al mar. No todos los existencialismos son iguales. Estamos enfrentados ante el miedo. Enfrentados ante el azar.
Si viviera de la literatura, no dudaría un instante en quedarme con una de ellas: nuestra economía destruye ilusiones o mejora las relaciones, no, los trabajos ideales no se dan para todos y los que pueden, tienen una mujer para cada día de la semana. Estuve de ese lado un tiempo, ahora el dinero alcanza para lo básico. Extraño esos viejos tiempos, cuando no repetía de muchacha, era la aventura de salir de mi apartamento con la dicha de no saber qué muchacha se me entregaría sin saber quién es. Los nombres y pasados nunca fueron importantes. Era sexo por el sexo. No había guerra fría. No hubieron tantos muertos desde entonces. Dicen que debemos ser resilientes, en mi caso los calmantes son una constante de severas decisiones cada hora.
Las muchachas están creciendo y se hacen mujeres. Me voy para los 55 años y no tengo miedo. Mi Blogger por fin no está infectado de granjas de bots. Mis lectores querrían ser escritores como yo. Qué es ser un escritor en estos tiempos cuando todos quieren ser jefes de sí mismos. ¿Soy jefe de mi tiempo? Un mal ejemplo para los tercos soñadores que le dan valor a la condición de los que creen. Es mejor sentarse a escribir después de un sueño interrumpido, para despertar y sentarse frente al ordenador de la habitación-estudio, tomar de mi Cool Fresh, fumar un cigarrillo mentolado, no recibir quejas de alguna mujer que esté controlándome. ¿Sabes que me gustas pero no lo suficiente como para renunciar a este estilo de vida?
Las veo y visualizo sus vulvas inclusive con ropa puesta. Mi presupuesto me pone entre dilemas donde gastar enamorando a una muchacha para hacerle el amor, suele hacerme sentir culpable cuando no llego a la quincena y más temo a los gastos que al amor necesitado. No elegimos decirle no al sexo. Un varón millonario no teme dejar hijos en cada una de sus mujeres, con pasar pensiones de alimentos ni cuenta se da entre tanta vida y poder, el mío sólo es mi propio espacio para escribir: derramar lo expulsado dentro de las entrañas de las muchachas, ellas lo piden siempre, reviso si el preservativo está bien puesto, llegado el momento del clímax siempre mandamos a la mierda nuestro futuro. Retiramos nuestro miembro de ellas, el esperma está dentro del preservativo, ellas muy mojadas, llenas de orgasmos. Cada vez es menor el presupuesto. Lo ideal sería estar con una muchacha intelectual que sólo desee también escribir, compartir un apartamento que tengo y debatir cuestiones que nunca tendrán soluciones.
El amor no pide permiso, eso lo sé bien, más aún cuando no creo en la muerte ni en las enfermedades. Eso me enseña mi padre que se va para los 85 años y sigue esperanzado en comprarse una nueva trompeta. Claro que le entiendo, tampoco pienso renunciar a la literatura. Pero el tiempo pasa, a veces me pregunto si alcanzará para todo lo propuesto, no, nunca alcanza, los años han transcurrido tanto y el cansancio dejó rastros de sabiduría, eso nos hace más selectivos, puedo encamarme con todas, quedarme con una, es algo pendiente que está dentro de todos mis profundos aplazamientos si en el aplazar, una soledad agradecida sea la mía, como en este momento donde puedo dedicarme a escribir, mientras el patrón de la historia no me miente: después del 12 de abril en Perú, cuando haya nuevo presidente, transitaré hacia otro estado de vida, lo único que pido es que le aumenten la pensión a mi padre, no sólo tendrá su trompeta nueva, habrá muchas posibilidades para hacer el amor hasta medianoche y seguir escribiendo, sin bregar contra esta economía que la sentimos todos y, nos priva del hermoso y necesario sexo, razón justa para hacer llevadero mi encierro, entre el escribir, traer los alimentos de la pensión y, hacer mis acostumbradas 8 horas de sexo continuo, con las muchachas insaciables a las que estoy acostumbrado.
Y dicen que me voy para los 55 años, no los siento, pienso: el sexo no tiene edad.
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