¿Estás ahí?, hace décadas te pregunto, ¿me equivoco de idioma, o de
vida?, ¿qué tan lejos estás?, ¿cómo a 2 metros o al otro lado del mundo? Olvídalo,
no respondes.
Pasé de largo, era el anuncio más grande que leí en una ciudad donde
nadie lee textos como ese. No sé, la gente prefiere leer anuncios de bancos,
marcas de cerveza o no ver nada. A veces es mejor no ver nada, a veces es mejor
escapar del amor. El anuncio estaba firmado con el nombre: Amanda, sigo
esperando. ¿Cuánto tiempo lleva ese anuncio allí, en medio de una avenida tan
larga por donde va mucha gente a pie o en autos, buses, no sé, contra el
tiempo? ¿Alguien tiene tiempo para amar? La pregunta correcta es: ¿alguien
volvería a amar?
Miro el cielo, parece que esta tarde volverá a llover. Un tipo que no
conozco me detiene en la marcha, me pregunta sobre una ciudad que no conozco,
afirma con alegría que si soy de allí, está ebrio, me dice: te invito un
ceviche, vamos, conversemos. Lo abrazo para salir del trance, sé que es alguien
que sólo quiere seguir bebiendo. No tengo ganas de querer beber. Te estimo, le
digo. Me marcho, avanzo entre gente que quiere tener alguien que le escuche sus
historias. Es la soledad de la ciudad. Observo muchachas muy bellas. Prendo un
cigarrillo mentolado. No me importa si llueve, siempre me agradó fumar bajo la
lluvia. Busco una coincidencia, mejor dicho: los ojos de una muchacha muy bella
que no conozca, alguien que me sonría y me arranque un: hola, algo más, un
café, una sí interesante charla, terminar en un hotel, decirnos adiós, haber
besado otra vez al amor, regresar y decir que la tarde estuvo buena.
No sé qué hago tanto tiempo en esta ciudad. Muchas cosas me retienen. En
otras partes el amor sería de inmediato, como lo fue aquí cuando tuve 20 o 25 o
31 años, cuando empezaron a publicar mis libros. ¿Me acompañas?, quiero
escribir sobre ti. ¿Crees que sea una buena historia? Sí, si la compartimos,
sería una buena historia. Pero eso ya no pasa. ¿Llamar a trabajadoras sexuales
para tener intimidad? Higiene sexual. No contestan, todas son comunistas y revolucionarias.
Ella contesta, le comento ello, me dice: entonces llámame a mí. Hemos hecho el
amor más de 1,000 veces, ¿crees que nos quede algo nuevo por hacer en mi cama?,
te llamo para San Valentín. Espero tu llamada, me responde, cuelgo. No son buenos
tiempos, antes no repetía de muchacha, ahora me quedan unas cuatro o cinco
mujeres a las cuales les he hecho el amor hasta decir basta, estoy saciado. Las
mujeres se terminan por gastar por más bellas que sean. No hallo la
coincidencia deseada, un cruce de miradas, interés genuino, una aventura
casual, un pretexto para olvidarme de los libros por unas horas, creo que
superé hace tiempo lo anormal con mi estilo de vida, casi 55 años y aún yendo
contra la corriente, estoy perdonado, soy escritor, eso me da la libertad para
seguir siendo libre.
Pude haberme casado muchas veces o, el compromiso conmigo fue de la mano
siempre, otra cosa es que lo haya rechazado.
“Estoy cansado de ver estas mismas calles y contigo encontré con quien
compartir mi soledad”. ¿Por qué no publiqué ese poema?, era muy bueno, titulaba:
Ámame sólo esta noche. Cuando lo declamé a un grupo de muchachas, a mis 22
años, ellas me pidieron pausa, sacaron sus cuadernos y me pidieron que no lo
recitara, me pidieron que lo dictara, lo copiaron. Fue hace más de 3 décadas.
Quizá fue el único poema de amor que escribí, ¿qué fue de la muchacha que lo
inspiró? Debe ser abuela ahora. Aclaro, debería ser abuelo también yo, así no
lo parezca. En realidad nadie parece lo que aparenta ser. ¿Encontrar personas
auténticas?, eso sólo lo dice el tiempo: ser lo que uno dice.
Bueno, no perdí mi autonomía de pensamiento, no me vendí, tengo fama de
ser un escritor impoluto. Calo de mi cigarrillo mentolado, camino a toda
marcha, es agradable caminar a toda velocidad en medio de personas que parecen
no querer caminar, llego a la plaza de la ciudad, medito en si deba subir a un
café de esta, ordenar una bebida gaseosa, no lo hago, nunca ocurre nada en esos
cafés, cuando digo que nunca ocurre nada, me refiero que en esos cafés no se
logra conocer mujeres que quieran tener sexo eventual o casual, sólo revisar el
celular, ver los anuncios de las que ofrecen sexo por dinero, se llama: ayuda
económica, ¡bah!, desisto de llamar, nunca son las de las fotos, estafas y
pérdida de tiempo, me detengo en plena plaza, ¿a qué vine aquí? En los 2,000 me
era muy fácil ligar con extranjeras, el amor era más fácil y rápido, en los
noventas era en las bibliotecas con muchachas lectoras o en la universidad, en
los 2010 era en las casas de citas, en este 2020 sólo me quedaron las mismas
mujeres de siempre. Decido retornar a toda velocidad, empieza a llover,
contemplo el rostro de las muchachas, parecen tener los ojos dormidos, perdidos
dentro de sus propios pensamientos, sé que me espera en mi apartamento una paz
que pocos tienen: escuchar música, beber mi Cool Fresh, fumar compulsivamente y
escribir. No, hoy no quiero saber de las noticias del mundo, sé que algo va
mal, siempre en el mundo, las cosas van mal, creo que cerraré la puerta de mi
dormitorio para aprovechar su oscuridad, guardaré silencio, escucharé la
lluvia, no pensaré en nada.
Y me quedaré contemplando todas las ausencias de las mujeres que fueron
mías.
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