domingo, 1 de febrero de 2026

LO QUE PREFIERO

 

 


¿Estás ahí?, hace décadas te pregunto, ¿me equivoco de idioma, o de vida?, ¿qué tan lejos estás?, ¿cómo a 2 metros o al otro lado del mundo? Olvídalo, no respondes.

Pasé de largo, era el anuncio más grande que leí en una ciudad donde nadie lee textos como ese. No sé, la gente prefiere leer anuncios de bancos, marcas de cerveza o no ver nada. A veces es mejor no ver nada, a veces es mejor escapar del amor. El anuncio estaba firmado con el nombre: Amanda, sigo esperando. ¿Cuánto tiempo lleva ese anuncio allí, en medio de una avenida tan larga por donde va mucha gente a pie o en autos, buses, no sé, contra el tiempo? ¿Alguien tiene tiempo para amar? La pregunta correcta es: ¿alguien volvería a amar?

Miro el cielo, parece que esta tarde volverá a llover. Un tipo que no conozco me detiene en la marcha, me pregunta sobre una ciudad que no conozco, afirma con alegría que si soy de allí, está ebrio, me dice: te invito un ceviche, vamos, conversemos. Lo abrazo para salir del trance, sé que es alguien que sólo quiere seguir bebiendo. No tengo ganas de querer beber. Te estimo, le digo. Me marcho, avanzo entre gente que quiere tener alguien que le escuche sus historias. Es la soledad de la ciudad. Observo muchachas muy bellas. Prendo un cigarrillo mentolado. No me importa si llueve, siempre me agradó fumar bajo la lluvia. Busco una coincidencia, mejor dicho: los ojos de una muchacha muy bella que no conozca, alguien que me sonría y me arranque un: hola, algo más, un café, una sí interesante charla, terminar en un hotel, decirnos adiós, haber besado otra vez al amor, regresar y decir que la tarde estuvo buena.

No sé qué hago tanto tiempo en esta ciudad. Muchas cosas me retienen. En otras partes el amor sería de inmediato, como lo fue aquí cuando tuve 20 o 25 o 31 años, cuando empezaron a publicar mis libros. ¿Me acompañas?, quiero escribir sobre ti. ¿Crees que sea una buena historia? Sí, si la compartimos, sería una buena historia. Pero eso ya no pasa. ¿Llamar a trabajadoras sexuales para tener intimidad? Higiene sexual. No contestan, todas son comunistas y revolucionarias. Ella contesta, le comento ello, me dice: entonces llámame a mí. Hemos hecho el amor más de 1,000 veces, ¿crees que nos quede algo nuevo por hacer en mi cama?, te llamo para San Valentín. Espero tu llamada, me responde, cuelgo. No son buenos tiempos, antes no repetía de muchacha, ahora me quedan unas cuatro o cinco mujeres a las cuales les he hecho el amor hasta decir basta, estoy saciado. Las mujeres se terminan por gastar por más bellas que sean. No hallo la coincidencia deseada, un cruce de miradas, interés genuino, una aventura casual, un pretexto para olvidarme de los libros por unas horas, creo que superé hace tiempo lo anormal con mi estilo de vida, casi 55 años y aún yendo contra la corriente, estoy perdonado, soy escritor, eso me da la libertad para seguir siendo libre.

Pude haberme casado muchas veces o, el compromiso conmigo fue de la mano siempre, otra cosa es que lo haya rechazado.

“Estoy cansado de ver estas mismas calles y contigo encontré con quien compartir mi soledad”. ¿Por qué no publiqué ese poema?, era muy bueno, titulaba: Ámame sólo esta noche. Cuando lo declamé a un grupo de muchachas, a mis 22 años, ellas me pidieron pausa, sacaron sus cuadernos y me pidieron que no lo recitara, me pidieron que lo dictara, lo copiaron. Fue hace más de 3 décadas. Quizá fue el único poema de amor que escribí, ¿qué fue de la muchacha que lo inspiró? Debe ser abuela ahora. Aclaro, debería ser abuelo también yo, así no lo parezca. En realidad nadie parece lo que aparenta ser. ¿Encontrar personas auténticas?, eso sólo lo dice el tiempo: ser lo que uno dice.

Bueno, no perdí mi autonomía de pensamiento, no me vendí, tengo fama de ser un escritor impoluto. Calo de mi cigarrillo mentolado, camino a toda marcha, es agradable caminar a toda velocidad en medio de personas que parecen no querer caminar, llego a la plaza de la ciudad, medito en si deba subir a un café de esta, ordenar una bebida gaseosa, no lo hago, nunca ocurre nada en esos cafés, cuando digo que nunca ocurre nada, me refiero que en esos cafés no se logra conocer mujeres que quieran tener sexo eventual o casual, sólo revisar el celular, ver los anuncios de las que ofrecen sexo por dinero, se llama: ayuda económica, ¡bah!, desisto de llamar, nunca son las de las fotos, estafas y pérdida de tiempo, me detengo en plena plaza, ¿a qué vine aquí? En los 2,000 me era muy fácil ligar con extranjeras, el amor era más fácil y rápido, en los noventas era en las bibliotecas con muchachas lectoras o en la universidad, en los 2010 era en las casas de citas, en este 2020 sólo me quedaron las mismas mujeres de siempre. Decido retornar a toda velocidad, empieza a llover, contemplo el rostro de las muchachas, parecen tener los ojos dormidos, perdidos dentro de sus propios pensamientos, sé que me espera en mi apartamento una paz que pocos tienen: escuchar música, beber mi Cool Fresh, fumar compulsivamente y escribir. No, hoy no quiero saber de las noticias del mundo, sé que algo va mal, siempre en el mundo, las cosas van mal, creo que cerraré la puerta de mi dormitorio para aprovechar su oscuridad, guardaré silencio, escucharé la lluvia, no pensaré en nada.

Y me quedaré contemplando todas las ausencias de las mujeres que fueron mías.


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EL HOMO SAPIENS

  ©Julio Mauricio Pacheco Polanco Todos los Derechos Reservados 2602034443907 SafeCreative Escritor y Pensador Libre Arequipa, Perú 02 de fe...